Hace varios años, nos encontrábamos comentando los problemas políticos en casa de un amigo. A su madre, una viuda que sacó a sus hijos adelante cocinando y vendiendo comida, la identificábamos, junto con sus amigas, como las “Damas Vicentinas”. Vivían en la unidad Vicente Guerrero, un barrio popular de la ciudad de México. Y al escucharnos hablar nos dijo: “¿saben cuál es el problema de los políticos? Les pasa lo mismo que a mí cuando preparo la comida”. Todos centramos en ella la atención; su sabiduría y sobretodo su sazón le daban ante nosotros una enorme autoridad. Nos explicó: “cuando voy al mercado de prisa y regreso con hambre, me preocupo por preparar lo más rápido posible la comida, en cambio, cuando voy al mercado tranquila y los comerciantes nos invitan a degustar sus productos, normalmente llego a la casa sin hambre. Entonces, me dedico a preparar con calma los alimentos, tratando de hacerlo de la mejor manera posible, y no me doy cuenta del tiempo transcurrido hasta que veo a todos los muchachos dando vueltas alrededor mío y preguntando insistentemente ¿Cuándo vamos a comer? El problema de los políticos es que ¡su hambre no es nuestra hambre!”
Resulta paradójico constatar la enorme desvinculación, entre los gobernantes y los gobernados en la prácticamente totalidad de los países identificados como democráticos. Sobre todo, porque es precisamente el vínculo, el núcleo de la vida en comunidad y el origen de la política. Quizá, la forma para ayudar a entender ésta paradoja se encuentra en la afirmación: “el hambre de los gobernantes es diferente a aquella de los gobernados”.
Generación del Vínculo Comunitario
Todo conocimiento inicia en un “yo” que conoce. Es lo más normal que pensemos primero en nosotros mismos. De hecho, el egoísmo es un resultado del engrandecimiento de ese hecho inicial. Ante esa circunstancia, el destino de los seres humanos sería el de una implosión ante el atractivo y la fuerza de la realidad. Afortunadamente, al descubrirnos unos a otros, aparece un “tu” cuya simple presencia nos interpela y, lo más importante, inicia la generación de un vínculo. Por eso somos, los seres humanos, seres gregarios. Necesitamos vivir con otros y estar acompañados.
Cuando encontramos, en algunos textos históricos, la afirmación de que los antiguos pueblos helenos vivían en “polis”, identificamos al concepto con el de una ciudad. Esa afirmación no es exacta. El concepto ciudad es de origen latino y hace referencia a la realidad urbana “urbi” mientras que “polis” es de origen heleno y se refiere a la presencia de vínculos. El prefijo “poli” implica una multitud, muchos, y al decir “polis” se evidenciaba la multitud de vínculos. Quizá la palabra en castellano más cercana a la idea de las polis es la de comunidad: El vínculo de muchos o la unión de los vínculos.
Como resultado de la presencia de vínculos interpersonales surgen dos elementos: el estupor o asombro; y, el conflicto. Asombro como resultado de la sorpresa al constatar que el tú -el otro- es semejante y, al mismo tiempo, diferente al yo; y, el conflicto al percatarse de la diferencia como una amenaza a las percepciones del yo. Semejanza y diferencia son los dos elementos paradójicos capaces de solidificar los vínculos humanos. Son el núcleo y al mismo tiempo el corazón de la comunidad.
Gracias a la semejanza es posible el surgimiento de la identidad social con la cual, pasamos a formar parte de un grupo. De acuerdo con los principios lógicos: una cosa es semejante a sí misma y diferente a las demás en tres diferentes aspectos: el número, la especie y el género (Bocheñski, 1985:65). Para el caso de la identidad comunitaria los aspectos donde se encuentra serían el número y la especie.
Existen tres conceptos básicos en el griego clásico que facilitan la comprensión y la posterior profundización de la política: el primero es el ethos, el cual representa la autoridad de las características de lo que existe: el ser. El segundo es el logos el cual, representa la razón universal: el significado. Y, el tercero; la polis la cual, como se señaló anteriormente representa la comunidad. En ese sentido, la presencia de tres disciplinas ayuda a la profundización de cada uno: la ética es la disciplina que contribuye a ser congruentes con el ethos; la lógica, disciplina también que fortalece la congruencia con el logos y la política, la cual entendemos no sólo como disciplina sino, como: el arte de vivir en comunidad.
El Reto de la Diversidad
La identidad social en cuanto a número y especie, fortalece, amplia el yo. En las naciones contemporáneas, el concepto de igualdad se encuentra al origen mismo y en el desenvolvimiento posterior, tanto de régimen como, de los sistemas democráticos. En un primer momento y de manera simplificada diremos que un régimen, especifica la estructura de las normas que rigen a una nación mientras que, los sistemas muestras las variedades de aplicación de las normas que permiten su funcionamiento. Para ambos casos la identificación del concepto es siempre la misma: “Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación” (ONU 1948: Artículo 7).
Sin embargo, ¿Por qué se habla de discriminación si todos somos iguales y tenemos los mismos derechos? Quizá porque, en la medida en que se profundiza en la realidad lo que se observa entre los seres humanos, más que la igualdad es la diversidad. En la década de los años 90 del siglo XX, la Maestría en Administración Pública de la Facultad de Ciencias Política y Sociales de la UNAM contaba con la materia: Análisis y Solución de Problemas Sociales. El objetivo consistía en presentar un método para observar, identificar y resolver dichos problemas, y nos enteramos de un hecho que cuestionó esa asignatura. En la facultad de Ciencias, durante la presentación de una formula algebraica, los titulares de la materia decidieron no enseñar a los alumnos el método para despejar una cierta formula. Simplemente les plantearon la fórmula original y la final y les pidieron que desarrollaran el método: los estudiantes encontraron métodos diferentes con resultados correctos. Éste hecho cuestiono seriamente nuestra propuesta para la Administración Pública. Si tenemos un grupo de 20 participantes y les presentamos un problema, existe la posibilidad de descubrir 20 formas distintas para resolverlo, pero, si al contrario presentamos solamente un método, hemos perdido la posibilidad de descubrir 19 formas diferentes. La diversidad es nuestra riqueza comunitaria. Sería interesante entender y profundizar esta situación, ante los límites de la enseñanza basada en competencias para el sano desarrollo de cada profesionista.
La Gran Amenaza
Nuestras diferencias presentan otro tipo de vínculo: el de cada singularidad humana con una infinidad de opciones de desarrollo. En este sentido, para aspectos como: la originalidad, la innovación, la invención o simplemente el perfeccionamiento, se abren una variedad interminable de posibilidades. Sin embargo, la positividad ante las opciones sociales, en la actualidad, no es precisamente una actitud generalizada. La diversidad pone de manifiesto las diferencias entre los seres humanos y además de enriquecernos en cuanto opciones constituye, de manera paradójica también, la semilla de la división.
Además, estamos conscientes de que la mayoría de los aspectos de la propuesta presentada, no corresponden con los criterios de lo que se entiende como la política. Hoy en día se ha generalizado la idea, según la cual, la política consiste en la forma para acceder al poder en una sociedad. Ni siquiera para merecer una autoridad sino para acceder, obtener, asegurar, acrecentar y fortalecer el poder. Entendido este último, como la posibilidad de dominio sobre libertades y voluntades individuales más que la posibilidad de influir positivamente en las voluntades de las demás. En ese sentido, los personajes públicos, identificados como “políticos”, parece que responden más a sus compromisos que a sus vínculos. Esto genera una serie de profundas divisiones. Parecería que, ante la positividad de una infinidad de opciones generadoras de vínculos, la división presenta una abismo profundo e interminable de separaciones y rupturas.
Una Alternativa a Manera de Conclusión
Las relaciones sociales se orientan, cada vez más a la generación de las complicidades que al descubrimiento, el surgimiento y el fortalecimiento de los vínculos. ¿Cómo descubrir en la diversidad la posibilidad y riqueza de opciones de desarrollo comunitario? Los antiguos pueblos helenos contaban con una disciplina: la Polemología.
En estricto sentido la polemología hace referencia al estudio de los conflictos y cuando se genera cualquier vínculo, lo primero que acontece es un conflicto. Entender dos personalidades diferentes, su trayectoria, sus conocimientos, sus puntos de vista y tantas cosas más, dejan claro que lo más común entre los vínculos humanos son los conflictos. Sin embargo, la polemología moderna es entendida como el estudio de la guerra. En 1945, el sociólogo Gastón Bouthoul acuñó el término desarrollando, además, un método sociológico para el estudio de los efectos de la recurrencia de los fenómenos bélicos (Ver a Molina 2019).
Sin embargo, la polemología podría abrir de manera paradójica, una serie de opciones para la solución de los conflictos. Para ello se requerirían de: dos dimensiones; un criterio; al menos de dos actitudes; y, un cuestionamiento. Primero, es preciso contar tanto con un espacio como con un tiempo concretos. En otros trabajos hemos comentado la necesidad y propuesto el establecimiento de espacios para el desarrollo de sobremesas comunitarias. Se trata de una posibilidad concreta para la manifestación de las controversias y los conflictos; para su estudio y; para el diseño de alternativas para su posible solución. Segundo, hace falta un criterio para analizar, organizar, adoptar, descartar y, juzgar la información y los hechos presentados en las sobremesas: la búsqueda de la armonía entre los diferentes vínculos.
Esto podría permitir el acontecimiento de la unidad la cual, es el primer indicador de la presencia del Bien Común. De hecho, la unidad misma forma parte del bien común. Tercero, se requiere actuar en todo momento con una actitud de respeto y otra de apertura para el mejor desarrollo de las reflexiones. Y, por último, en cuarto lugar, es irrenunciable el reconocimiento del otro mediante preguntas como: ¿Qué es lo que él ve que lo hace pensar de manera diferente? En vez del juicio a-priori y generalizado de: se trata de un ser diferente y por lo tanto no tiene nada que ver conmigo.
Poder abrir las posibilidades de relación con los demás, a partir de éste tipo de espacios, sería útil para el fortalecimiento de los vínculos comunitarios. De igual forma, estamos convencidos de la gran posibilidad de éste tipo de ejercicios para dejar de lado la idea de la diferencia entre el hambre de los políticos y aquella de la ciudadanía. En vez de radicalizar cada vez más las divisiones, heridas y resentimientos como resultado de las confrontaciones sin sentido, proponemos un espacio para que: a partir de las mismas confrontaciones, abramos la posibilidad de su solución. Después de todo, tanto para el cuerpo social, como con el cuerpo humano, las cicatrices cuando se constituyen, son siempre más fuertes que las heridas.
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Bibliografía
Bocheñski, I. M. (1985). Historia de la Lógica Formal, Madrid, Editorial Gredos.
Molina, Jerónimo (2019). Gaston Bouthoul, Inventor de la Polemología: Guerra, Demografía y Complejos Belígeros. Madrid. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
Organización de las Naciones Unidas (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos. 10 de diciembre, Resolución 217 A (III). https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights Consultado el 28 de noviembre de 2025.
Cita este artículo
Verduzco, L. I. A. (2026, 27 enero). El hambre y las cicatrices. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/el-hambre-y-las-cicatrices/
Enlace a edición mensual
Número 51, año 5, diciembre 2025 https://revistaforja.org/revista-forja-para-el-bien-comun-num-51-5-aniversario





