Alexis Charles Henri Clérel, conde de Tocqueville (29 de julio de 1805-16 de abril de 1859), fue un diplomático, filósofo político e historiador francés. Es conocido principalmente por sus obras La democracia en América (publicada en dos volúmenes, 1835 y 1840) y El Antiguo Régimen y la Revolución (1856).
El principal peligro que se cierne, según Tocqueville, sobre toda democracia es el de la caída en el despotismo. Cómo puede ello suceder, es el tema recurrente de la totalidad de su obra y su estudio sobre la Democracia.
Plantea el juego entre las nociones de igualdad y libertad y sus aplicaciones en la vida política y en los acontecimientos decisivos para la historia moderna; concretamente analiza el hecho de la Revolución Norteamericana y la Revolución Francesa.
Tocqueville defendió la democracia como el estado natural al que se veía abocada la sociedad. El ánimo de igualdad es algo que, según el pensador, viene animando a los ciudadanos desde siglos atrás, en un proceso imparable.
Tocqueville, ya apuntaba que el riesgo de la democracia es el despotismo que deberían temer las naciones democráticas lo hace con estas palabras:
(…) Absoluto, minucioso, regular, advertido y benigno, se asemejaría al poder paterno, si como él tuviese por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, al contrario, no trata sino de fijarlos irrevocablemente en la infancia (…) provee a su seguridad y a sus necesidades, facilita sus placeres, conduce sus principales negocios, dirige su industria, arregla sus sucesiones, divide sus herencias y se lamenta de no poder evitarles el trabajo de pensar y la pena de vivir …
Un aspecto interesante del planteamiento de este autor, es lo que se conoce como “el efecto Tocqueville (también conocido como la paradoja de Tocqueville); nombre que se le da al fenómeno por el cual a medida que mejoran las condiciones y oportunidades sociales en una población, su frustración social crece aún más rápidamente.
Nuestro objetivo será revisar la influencia de este modelo en los siglos XVIII y XIX, su impacto actual y compararlo con otros modelos de éxito para establecer una potencial ruta a seguir para satisfacer, al menos en el plano material un estado de bienestar social/cultural, político y económico.
El proceso histórico
La democracia en América es la visión de que los colonos europeos que llegaron al continente con un enorme ímpetu para lograr la prosperidad económica personal que los regímenes absolutistas en Europa reprimían.
Encontraron grandes oportunidades para desarrollar sus habilidades y capacidades emprendedoras que fundamentaron el liberalismo como base de su desarrollo.
La independencia de las 13 colonias, un proceso iniciado con protestas contra los impuestos británicos tras la Guerra de los Siete Años culminó en 1776 con la Declaración de Independencia firmada por los representantes de estas colonias americanas. Este acto marcó el nacimiento de los Estados Unidos como nación soberana, un hito que condujo a la Guerra de Independencia y sentó las bases para el gobierno federal que se consolidó con la Constitución de 1787.
Esta república, en poco más de 200 años pasó de ser una colonia a una potencia mundial; como ya lo mencionamos, trataremos de llevar a cabo un breve análisis de cuales fueron los resortes que impulsaron este crecimiento; nos cuestionaremos si subsisten estos valores en la actualidad; cual es la prospectiva en el mediano y largo plazo del papel que juega este país en el escenario mundial.
Ciertamente, en el S. XIX fue el modelo de desarrollo para las repúblicas americanas recién independizadas de España y Portugal principalmente, revisaremos cual fue su proceso particular que sentó las bases de su integración como estado organizado.
Trataremos de identificar si ese espíritu inicial subsiste, si aún opera y cuáles son sus perspectivas en el mediano y largo plazo.
El punto de partida
Migrantes principalmente ingleses, que llegaron al continente americano huyendo de persecuciones religiosas como los calvinistas radicales o los cuáqueros, o bien aventureros en búsqueda de fortuna.
Del encuentro inicial de los colonos del Mayflower que son alimentados por los indios que se compadecen y les ensañan lo elemental para subsistir en el entorno desconocido, y al paso del tiempo a desplazarlos y condenarlos a vivir en reservas.
En su desarrollo social y político no admitieron la convivencia, ni el mestizaje, el espíritu de la reforma y del protestantismo que practicaban la mayoría, fue la regla de convivencia; Fue lo que los definió como anglosajón, blanco y protestante.
Estos peregrinos o buscadores de fortuna, en el inicio de la colonización podrían tener raíces comunes; pero con la llegada de las oleadas subsecuentes, de otras etnias europeas no podrían, en estricto sentido, identificarse como nación, porque no tienen un origen étnico común.
Ya sea huir de la persecución religiosa o por la búsqueda del desarrollo económico personal, se generó un impulso de libertad que no podían disfrutar en una Europa, con una concentración de la riqueza rural y en los inicios de la revolución industrial.
En esencia era un espíritu de libertad que no gozaban en Europa, y lo persiguieron en una tierra donde la igualdad como base social fue el pilar fundamental.
Alexis de Tocqueville capta muy bien este espíritu y lo plasma en su libro “La democracia en América”. Los Estados Unidos de América sufrirán una Guerra de Secesión por este principio de respeto a la igualdad y libertad que enfrenta al norte con el sur esclavista; proceso que lleva dos siglos y aún no ha sido resuelto a cabalidad, encontrando actualmente en los Estados Unidos problemas de integración racial y aplicación de la justicia muy serios que, de cuando en cuando, estallan en manifestaciones muy violentas.
Esta amalgama de migrantes hace de la Unión Americana un pueblo diverso, donde el pacto social se basa en asegurar las condiciones de desarrollo social y económico, pero no de integración. Resulta interesante que esta república no tiene un nombre que lo distinga, en América del Norte se encuentran Canadá y México; ellos se designan simplemente Estados Unidos de América, pero con una connotación agresiva, porque América es un continente, no es “su continente”, forman parte de él; la arrogancia del poder los lleva a denominarse americanos, en estricto sentido deberían denominarse Estados Unidos de Norteamérica.
El modelo de república de los norteamericanos sí funcionó, otros factores intervinieron en su consolidación en los paises del continente: el poder económico y las sucesivas intervenciones de los embajadores americanos e inclusive las militares para alinear a estos países a sus intereses, apoyadas con estrategias de penetración como la masonería.
Situación actual
La llegada de Trump nuevamente al poder, está precedida por su discurso de “hacer América grande otra vez”; toca el resorte del orgullo, de que se respete nuevamente a los Estados Unidos; al parecer ese espíritu liberal, emprendedor, también lo quiere reafirmar, forzando a los empresarios norteamericanos a llevar nuevamente sus fabricas a su país. Para Trump la visión de los acuerdos mundiales multilaterales no son lo que le conviene a su país y, consecuentemente, está empleando todo su poder para imponer su nuevo trato.
Curiosamente la visión mercantilista de Trump que amenaza con imposición de aranceles a los paises que no responden a sus demandas, ha redimensionado la presencia de los Estados Unidos en los foros internacionales, ha retirado subvenciones a la OTAN y a la ONU, argumentando con razón que todos deberían contribuir equitativamente al sostenimiento de dichos organismos; por otra parte, el espíritu protagónico de Trump, lo he involucrado en asuntos delicados, tales como la guerra en Ucrania y en la franja de Gaza, eventos en los que ha ido dando tumbos, y ha entrado en un proceso de desgaste adicional por los numerosos frentes que ha abierto.
Esto ha servido como distractor de su presencia en América Latina, donde la presencia china es evidente, principalmente por su influencia económica y comercial.
La composición de fuerzas político-económicas internacionales juega un papel relevante, las viejas potencias europeas están acotadas, otras han surgido poderosamente en esta primera cuarta parte del S. XXI, China principalmente, seguida de los paises asiáticos con Japón, Corea e Indonesia, la India muy de cerca.
El modelo americano actual, frente a las nuevas potencias ya no resulta tan atractivo; de hecho, han ido perdiendo terreno en el aspecto económico.
Modelos de éxito en gestión gubernamental
Entonces… ¿qué modelos han resultado exitosos para proponerlos como ejemplo? habría que voltear nuevamente a Europa, concretamente a los países escandinavos.
Suecia, Finlandia y Noruega; desde el término de la segunda guerra mundial han tenido un crecimiento sostenido, sus gobiernos han tenido una enorme estabilidad, y se trata de monarquías constitucionales en donde la democracia social ha sido aplicada como estrategia.
En el orden temporal estos paises han proporcionado a sus pueblos estabilidad social y política, cuentan con sistemas de salud y de educación de los más avanzados del mundo.
Frente al radicalismo de la izquierda marxista que ha gobernado en el mundo, lo que mejor ha funcionado, por lo menos en los últimos setenta y cinco años, son los gobiernos que se apegan a la ideología social demócrata. Donde la libertad de iniciativa económica está sujeta a un marco estructurado de aplicación justa de la ley; donde la intervención del estado es la necesaria, donde sus procesos electorales son transparentes, sus representantes viven con modestia, no necesitan distinguirse del resto de sus conciudadanos usando autos caros o viviendo en apartamentos de lujo.
Los reinos de Noruega, Suecia y Dinamarca, mantienen sistemas de bienestar generosos y las políticas sociales y económicas se les conoce como el modelo nórdico, también conocido como modelo escandinavo, que comprende políticas económicas, sociales, prácticas culturales comunes; el modelo incluye la negociación colectiva multinivel que combina aspectos de fundamentos económicos del capitalismo, con mercado libre, corporativismo social; tienen un alto porcentaje de fuerza laboral sindicalizada y también un alto porcentaje de población empleada en el sector público (aproximadamente un tercio de la fuerza laboral). Los paises escandinavos están en el top ten de los de mayor índice de desarrollo humano mundial.
Estos reinos son monarquías constitucionales republicanas parlamentarias y unicamerales; su sistema electoral es proporcional y la participación electoral es altísima. Son considerados profundamente democráticos.
Prospectiva de mediano y corto plazo con relación al modelo escandinavo
Dejemos hasta aquí este análisis que se basa solamente en el estado de bienestar exitoso, estrictamente en el orden temporal. Será necesario en otra entrega, entrar al estudio profundo del concepto de bienestar, en el sentido filosófico y de trascendencia espiritual.
Por ejemplo, en 2011 un artículo publicado en Time Magazine, escrito por Maia Szalavitz, expuso la paradoja de los paises escandinavos: “los países más felices, también parecen tener el índice más alto de suicidios”. En 2019 La Organización Mundial de la Salud emitió unas listas de países por tasas de suicidio estandarizadas por edad por cada 100 mil habitantes; los escandinavos están en el cuarto decil más alto entre 10-15.
También otro aspecto que habremos de analizar es que esta región se distingue por tener un muy bajo índice de religiosidad, por ejemplo, se estima que a la fecha la población católica apenas y alcanza el 5%.
En resumen, este modelo de organización política ha demostrado su eficacia en los últimos 75 años; sin embargo, hay muchos factores sociales, culturales, políticos que será necesario valorar para considerar su viabilidad en la región latinoamericana.





