Sociedad Civil: El Campo de Batalla del Poder

Rafael Funes Díaz

Sociedad Civil: El Campo de Batalla del Poder
El legado de Bobbio y Gramsci y el contraste con la visión de la Iglesia en torno al concepto de Sociedad Civil

El Andamiaje Conceptual de Norberto Bobbio

Para Bobbio, N. (1987), la sociedad civil es el espacio donde se gestan las relaciones sociales que no están reguladas directamente por el Estado. Su principal postulado radica en una distinción fundamental entre el poder coactivo y el poder consensual.

Mientras que el Estado, o la sociedad política, se caracteriza por el uso de la fuerza y la imposición de leyes para mantener el orden, la sociedad civil es el ámbito donde las relaciones se basan en el libre acuerdo y la persuasión.

Es el reino del poder consensual e ideológico, donde las ideas, los valores y las normas se difunden de forma voluntaria.

Bobbio identifica la sociedad civil con una amplia gama de actores, desde sindicatos y partidos políticos hasta asociaciones culturales, religiosas y medios de comunicación.

Todos estos grupos, aunque diversos en sus fines, tienen una función común: la de actuar como intermediarios entre los individuos y el Estado. Son el conducto a través del cual las demandas sociales son canalizadas y las presiones ciudadanas son ejercidas sobre el gobierno.

Una de las ideas más potentes de Bobbio es que la fuerza de la sociedad civil es un indicador de la democratización. En las democracias sanas, la sociedad civil actúa como un contrapeso vital al poder del Estado, fomentando la participación, el debate y la rendición de cuentas.

Por el contrario, en los regímenes autoritarios, el Estado busca suprimir o cooptar a las organizaciones civiles para eliminar cualquier foco de disidencia. La existencia de una sociedad civil fuerte y plural es, por tanto, una condición indispensable para la libertad.

 

La Relectura de Gramsci: La Hegemonía y la Lucha Revolucionaria

La visión de Bobbio, sin embargo, debe mucho a la relectura que hizo de Gramsci, A. (1975). El pensador marxista italiano transformó radicalmente el concepto al desplazarlo del plano económico al cultural e ideológico.

Para el marxismo clásico, la dominación de una clase se basaba en el control de los medios de producción (la infraestructura), mientras que el Estado y la cultura (la superestructura) eran meros reflejos de esa base económica. Antonio Gramsci invirtió esta relación al argumentar que el poder no se mantiene solo por la coerción, sino también por el consenso.

Aquí entra en juego el concepto de hegemonía. La hegemonía es la capacidad de una clase social para ejercer su liderazgo moral e intelectual sobre otras, logrando que su visión del mundo sea aceptada como el “sentido común” de la sociedad.

Este proceso no se lleva a cabo en el Estado, sino en la sociedad civil, que Gramsci concibió como el «aparato» de la hegemonía. Las instituciones de la sociedad civil, como las iglesias, las escuelas y los medios de comunicación, son los principales vehículos para difundir la ideología dominante y, de esta forma, garantizar el consentimiento de las clases subalternas.

A diferencia de la visión de Bobbio, el aporte de Gramsci permitió darle una valoración distinta a la sociedad civil, pero en su postura sigue siendo la búsqueda de la revolución mediante la lucha por la hegemonía. Para Gramsci, la guerra de posición no es un asunto neutro o meramente democrático, sino una estrategia para crear una contra-hegemonía que, al minar la influencia ideológica de la clase dominante, prepare el terreno para la toma del poder estatal y la instauración de una sociedad socialista. Su enfoque se centra en la lucha por el control ideológico como precondición para la caída del capitalismo, lo que lo diferencia sustancialmente de la visión de Bobbio, orientada a la preservación y mejora de la democracia liberal, y de la Doctrina Social de la Iglesia.

Cuerpos Intermedios: La Perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia

Para comprender la riqueza del concepto de sociedad civil, es útil contrastarlo con una noción similar pero fundamentalmente diferente: la de los cuerpos intermedios que plantea la Doctrina Social de la Iglesia.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Consejo Pontificio «Justicia y Paz». (2005), define estos cuerpos como aquellas organizaciones y comunidades que se sitúan entre el individuo y el Estado. Aunque comparten el papel de mediación, su concepción es radicalmente distinta.

La noción de «cuerpos intermedios» se basa en el principio de subsidiariedad. Este principio sostiene que una instancia superior no debe intervenir en las funciones que una instancia inferior puede realizar por sí misma.

Para la Iglesia, esto significa que el Estado no debe inmiscuirse en las funciones propias de las familias, las comunidades o las asociaciones, que son los verdaderos pilares de la sociedad.

A diferencia de la sociedad civil de Bobbio, que es un concepto analítico y político, los cuerpos intermedios tienen un fundamento moral y teológico. Su propósito no es solo el de contrapesar al poder, sino el de ser espacios de solidaridad donde los individuos pueden desarrollar sus talentos y contribuir al bien común. La familia es vista como el primer y más fundamental cuerpo intermedio, ya que es el núcleo donde se transmiten los valores y se aprende la solidaridad.

Conclusión: Un Concepto en Constante Evolución

En última instancia, el concepto de sociedad civil, tal como lo elaboró Bobbio, es una herramienta poderosa para entender las complejas dinámicas de poder en el mundo moderno. Su distinción entre el poder coactivo del Estado y el poder consensual de la sociedad civil nos ayuda a discernir las diferentes formas en que la política se manifiesta. Sin embargo, esta visión no estaría completa sin la aportación de Gramsci, quien señaló que la batalla más importante no se libra en el parlamento o en las calles, sino en la mente y el corazón de las personas, a través de la cultura.

A pesar de la profunda influencia de Gramsci, la visión de Bobbio sobre la sociedad civil es fundamentalmente liberal. Su objetivo no es la revolución socialista ni la caída del capitalismo, sino la democratización y la limitación del poder estatal.

Mientras que para Gramsci la sociedad civil es el campo de batalla para derrocar la hegemonía burguesa, para Bobbio es el espacio donde se gestan las demandas y se ejerce la participación ciudadana en una democracia pluralista.

Bobbio utiliza el concepto gramsciano de la hegemonía no como un medio para la revolución, sino como una herramienta analítica para entender cómo se construye el consenso y la legitimidad en los regímenes democráticos. En este sentido, su perspectiva retoma las ideas de Gramsci, pero las despoja de su fin revolucionario para insertarlas en una teoría política que busca fortalecer el Estado democrático de derecho.

El contraste con la noción de cuerpos intermedios de la Iglesia revela la riqueza del debate. Mientras que la ciencia política se enfoca en las estructuras de poder y la mediación, la doctrina social de la Iglesia enfatiza la solidaridad y el bien común como principios organizadores de la sociedad.

La sociedad civil, en todas sus acepciones, es un recordatorio de que la política no es solo cosa de gobernantes y partidos, sino un quehacer constante de ciudadanos que, organizados, pueden dar forma a su propio destino.

En un mundo globalizado y cada vez más complejo, el estudio de la sociedad civil es más relevante que nunca, ya que nos muestra el camino hacia una democracia más participativa y un futuro más justo.

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Referencias

  • Bobbio, N. (1987). Estado, gobierno y sociedad. Fondo de Cultura Económica.
  • Consejo Pontificio «Justicia y Paz». (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Biblioteca de Autores Cristianos.
  • Gramsci, A. (1975). Cuadernos de la cárcel. Ediciones Era.

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