El populismo sale muy caro

Héctor Juan Burgueño Ramos

El populismo sale caro
En lugar de impulsar políticas que promuevan la generación de empleos productivos y bien remunerados y la inversión productiva en infraestaructura, por parte del sector privado, se impulsan políticas estatistas que dejan el control exclusivo de estos sectores al gobierno, a pesar de que carece de recursos para invertir en ellos, encareciendo el precio de los servicios y la afectando la calidad de los mismos.

Durante años, y hasta el día que tomó protesta, Andrés López (AMLO), no se cansó de prometer que terminaría con la corrupción, y que en su gobierno estaríamos mejor. Caló tan fuerte su mensaje, que hasta la famosa frase “estaríamos mejor con López Obrador” fue objeto de memes en redes sociales.

Andrés López prometió que el sistema de salud sería como el de Dinamarca. Sin embargo hasta hoy los hospitales públicos -dependientes en su mayoría de la federación- no cuentan con medicinas, equipos y tratamientos indispensables para atender la demanda cotidiana, por lo que estamos muy lejos de compararnos con Dinamarca o con cualquier otro sistema de salud del primer mundo.

Comenzando porque en Dinamarca la población es muchísimo menor que la de México -cercana a los 6 millones de habitantes, apenas es el 4.6% de la población de México-, por lo que no hay punto de comparación. La falsa promesa es eminentemente política y se inscribe en un ambiente de campaña, y como parte de un discurso populista dirigido a su base electoral.

Las protestas ciudadanas y de los padres de familia exigiendo medicamentos para sus familiares con cáncer; y los reclamos del personal médico exigiendo recursos para atender dignamente a los pacientes, llevan siete años sin ser atendidos debidamente, persistiendo estas anomalías en el segundo piso de la “cuarta transformación”.

Alo largo de estos años hemos visto en todas las plataformas electrónicas y en los medios de comunicación social, videos e imagenes de pacientes y de sus familiares, y de médicos, enfermeras y personal administrativo, expresando su frustración por no poder recibir o brindar la debida atención a los enfermos, por la falta del material elemental- guantes, cubrebocas, abatelenguas, batas, jeringas, termómetros, etc.-, así como de medicamentos (en solo un año quedaron más de 20 millones de recetas sin surtir), material quirúrgico, mascarillas para oxigeno e indisposición de equipos indispensables para las cirugías por falta de reparación o mantenimiento y un largo etéctera.

En algunos casos los familiares han tenido que proveer los materiales de cirugía para que sus pacientes sean operados ¡Una vergüenza que bajo el lema “primero los pobres” se haya destruido todo el sistema de salud! Todos los hospitales y clínicas dependientes de la federación padecen lo mismo.

Ante este tipo de ejemplos uno se pregunta: ¿Dónde están los recursos presupuestados que deberían cubrir estas necesidades? Lamentablemente, así operan los gobiernos populistas. Mientras se reduce el presupuesto a rubros como salud, educación, seguridad y otros, se destinan a obras suntuosas e innecesarias como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, o a financiar instituciones quebradas como PEMEX, a las que, además de no ser redituables, año con año se tienen que subsidiar para quedar bien con el expresidente.

Adicionalmente, se destinan recursos a programas sociales con fines clientelares, los cuales no van dirigidos subsidiariamente a resolver problemas de la población, sino a crear dependencia del partido en el poder.

En lugar de impulsar políticas que promuevan la generación de empleos productivos y bien remunerados y la inversión productiva en infraestaructura, por parte del sector privado, se impulsan políticas estatistas que dejan el control exclusivo de estos sectores al gobierno, a pesar de que carece de recursos para invertir en ellos, encareciendo el precio de los servicios y la afectando la calidad de los mismos.

La concentración del poder en una persona se hace a costa de eliminar los equilibrios y contrapesos de los tres poderes; sometiendo al Legislativo y al Judicial a los caprichos del Ejecutivo. Además de dañar el clima de seguridad interior, se promueve la desconfianza de los inversionistas extranjeros al sustituir el Estado de derecho con una justicia sometida a los caprichos del gobernante en turno. Y ni qué hablar de la crisis de inseguridad que se vive en el país.

El presidente que se comprometió a no endeudar al país, lo hizo. Recibió al país con una deuda de 10.31 billones de pesos en 2018, y, en 2024, dejó una deuda de 17.99 billones de pesos, de acuerdo a la Secretaría de Hacienda.

La pregunta que muchos mexicanos se hacen es ¿a qué se aplicó ese dinero? Porque salvo en los programas sociales, que año con año demandarán mayores recursos, no hay mejoras en ningún rubro: empleo, bienestar, salud, educación, seguridad, infraestructura, etc., y sí se nota una baja significativa en la calidad de los servicios públicos.

¿Estuvimos mejor con López Obrador? Por supuesto que no, el populismo sale muy caro. Está demostrado que las políticas clientelares no sacan adelante a un país.

Se debe invertir en infraestructura: hospitales de buena calidad; escuelas con educación de calidad; carreteras; puentes y seguridad pública para que la inversión privada llegue y se creen empleos. Es decir, el trabajo del gobierno es aportar al bien común, que significa: crear las condiciones para que la sociedad se pueda desarrollar de manera integral. Cualquier gobierno tiene como objetivo construir las condiciones para que las sociedades realmente progresen, y no se estanquen, y en ese gobierno no se vieron.

No podemos tolerar políticas -y políticos- que sólo construyan -o destruyan- para que se adueñen del presupuesto público, y vivan como reyes, mientras que la gran mayoría de la población pague la factura hasta con la vida. Los servidores públicos son el reflejo de lo que está pasando en las sociedades.

Como país debemos fortalecer la educación, para que se formen ciudadanos comprometidos en la construcción del bien común, especialmente en el espacio público. No podemos seguir tolerando “servidores” públicos sin escrúpulos. Debemos fomentar la cultura de la honestidad y de la rendición de cuentas. Fomentar el valor de la responsabilidad. Ser responsables con nuestro lugar de trabajo, porque de nuestros resultados depende el presente y el futuro de muchas familias que también tienen derecho a vivir de manera digna.

Un gobierno humanista le habla a todos sus gobernados, y no a su base electoral. Llama a la unidad nacional, no divide; porque lo que tiene que vencer son las desigualdades, no a sus “adversarios” políticos. Sólo así podríamos llegar a ser un país de primer mundo.

 

Referencias bibliográficas

[1] Oficina de Información diplomática. Ficha país Dinamarca. Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (2025) chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.exteriores.gob.es/documents/fichaspais/dinamarca_ficha%20pais.pdf

[2] El Financiero. Gobierno quebrado y más endeudado con la 4T (2025) https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/alejo-sanchez-cano/2025/07/03/gobierno-quebrado-y-mas-endeudado-con-la-4t/

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