¿Rebelión en la autodenominada 4T?

Guillermo Torres Quiroz

¿Rebelión en la autodenominada 4T?
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la fidelidad ciega a su figura, tanto dentro del gobierno como en Morena, fue una condición indispensable para conservar el poder. Cualquier acción que provocara su desagrado equivalía, prácticamente, al final de una carrera política.

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la fidelidad ciega a su figura, tanto dentro del gobierno como en Morena, fue una condición indispensable para conservar el poder. Cualquier acción que provocara su desagrado equivalía, prácticamente, al final de una carrera política. 

Un ejemplo de ello es el caso de Irma Eréndira Sandoval, primera secretaria de la Función Pública, sustituida en 2021 sin explicación oficial. La causa fue evidente: dejó de ser del agrado del presidente, entre otras razones, por no frenar las críticas que su esposo, el académico John Ackerman, dirigía contra la vida interna de Morena y contra funcionarios ajenos a los orígenes del lopezobradorismo, integrados pragmáticamente desde 2017. 

Otro caso destacado fue el de Carlos Urzúa, primer secretario de Hacienda y Crédito Público. Con amplia experiencia en finanzas públicas —incluso como secretario de Finanzas del entonces Distrito Federal durante la gestión de López Obrador—, Urzúa generaba confianza en sectores empresariales. Sin embargo, pronto surgieron diferencias. En su carta de renuncia, expresó: 

“Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que esta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o de izquierda. Sin embargo, durante mi gestión, estas convicciones no encontraron eco”. 

Días antes de su renuncia, Urzúa ya era un apestado dentro del gabinete: no participaba en decisiones clave y el presidente incluso dejó de hablarle. 

La lista continúa: Josefa González-Blanco renunció a la Secretaría de Medio Ambiente tras conocerse que obligó a una aerolínea a retrasar un vuelo para poder abordarlo. Su sucesor, Víctor Manuel Toledo, también renunció a los pocos meses tras declarar que el presidente no lo recibía y que, al señalar actos de corrupción, fue reprendido. Javier Jiménez Espriú dejó la Secretaría de Comunicaciones y Transportes luego de que las Fuerzas Armadas tomaran el control de aduanas y puertos sin consultarle. 

Otros casos relevantes incluyen a Olga Sánchez Cordero, quien dejó la Secretaría de Gobernación por diferencias operativas; Porfirio Muñoz Ledo, que denunció corrupción interna al competir por la dirigencia nacional de Morena; y Alejandro Encinas, quien, como subsecretario de Gobernación, tuvo choques con López Obrador por el caso Ayotzinapa. 

El caso más simbólico quizá sea el de César Yáñez Centeno, uno de los colaboradores más leales de López Obrador. Estuvo a su lado desde su presidencia en el PRD, durante su gestión en la Jefatura de Gobierno y en las campañas de 2006, 2012 y 2018. Su “pecado” fue celebrar una boda lujosa con invitados incómodos antes de la toma de protesta presidencial. Ser “fifí” en el lopezobradorismo fue imperdonable. Fue excluido de la escena pública hasta 2022, cuando recibió un cargo menor en Gobernación como subsecretario de Desarrollo Democrático. 

Esa fidelidad a López Obrador también se reflejaba en el Congreso y en el Poder Judicial durante la presidencia del ministro Arturo Zaldívar. El mandato era claro: no modificar ni una coma del presupuesto, aprobar las reformas presidenciales sin objeciones y nunca contradecir públicamente al presidente. Solo él podía ser el vocero del gobierno. 

Uno de los pocos que se atrevió a desafiar parcialmente esa línea fue Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena. En varias ocasiones actuó a su manera, buscando también beneficios personales. Cuando Morena le negó candidaturas en 2021, Monreal apoyó al partido Fuerza por México —ligado a su aliado Pedro Haces— y promovió candidatos para la coalición PRI-PAN-PRD, como Sandra Cuevas en la alcaldía Cuauhtémoc. AMLO lo castigó: dejó de invitarlo a Palacio Nacional y le retiró el habla. Monreal, sin embargo, continuó respaldando las iniciativas presidenciales. 

En 2023 fue “redimido” y se le permitió participar en el proceso interno por la candidatura presidencial de 2024. Hoy coordina a los diputados federales de Morena, pero no es leal a la presidenta Claudia Sheinbaum. 

Las diferencias con la presidenta Sheinbaum 

Cuando Claudia Sheinbaum ganó la candidatura presidencial en 2023, era claro que varios actores de Morena recibirían cargos de consolación, como parte de los acuerdos promovidos por López Obrador. Así, se entregó el control del Congreso a algunos perdedores del proceso interno como mecanismo de contrapeso. Con ciertos ajustes, Adán Augusto López fue nombrado coordinador de senadores y Ricardo Monreal de diputados. 

Originalmente, se había pactado que Marcelo Ebrard, segundo en las encuestas, coordinaría en el Senado y Gerardo Fernández Noroña en Diputados, mientras que Monreal y Manuel Velasco ocuparían cargos en el gabinete. Sin embargo, la desobediencia inicial de Ebrard y la actitud irreverente de Noroña los descartaron. 

En agosto, durante la plenaria de Morena en el Senado, las bases impulsaron a Fernández Noroña como presidente de la Mesa Directiva. Aunque esto rompía con el plan original, fue tolerado por contribuir a la narrativa de “poder popular”. 

En septiembre de 2024, el último mes del sexenio de AMLO, el Congreso operó con supermayoría. Adán Augusto y Monreal sacaron adelante reformas clave: judicial, Guardia Nacional, PEMEX, CFE, entre otras. 

Hasta entonces, Sheinbaum no había tenido fricciones con estos actores, ya que se seguía cumpliendo el plan de la Cuarta Transformación. Pero al asumir la presidencia, comenzó la rebelión interna. 

Las señales de ruptura 

1. Elección de la CNDH

En noviembre, Sheinbaum impulsó como presidenta a Nashieli Ramírez, titular de la CDH de la CDMX, pero desde su rancho en Palenque, AMLO operó para reelegir a Rosario Piedra Ibarra. 

2. Presupuesto 2025

En diciembre, Monreal intervino para modificar el presupuesto: favoreció a las Fuerzas Armadas, recortó recursos al Senado y aumentó fondos al instituto que dirige su hija. 

3. Reforma sobre reelección legislativa

En febrero, se aprobó la reforma contra el nepotismo y la reelección, que debía entrar en vigor en 2027, pero el Partido Verde —socio de Morena— presionó para aplazarla a 2030. 

4. Proselitismo anticipado

En una mañanera, Sheinbaum advirtió que nadie debía adelantarse al proceso electoral, en clara referencia a la senadora Andrea Chávez, cercana a López Hernández, quien ya se promovía públicamente. 

5. Reforma judicial

La reforma al Poder Judicial —de contenido político más que jurídico— desató una pugna interna.

Se crearon tres comités de evaluación, uno por cada poder, dominados por figuras afines a Monreal, Adán Augusto, Arturo Zaldívar, gobernadores o funcionarias como Rosa Icela Rodríguez y Ernestina Godoy. 

Además, tres ministras nombradas por AMLO —Yasmín Esquivel, Lenia Batres y Loretta Ortiz— se postularon para continuar, lo que abrió la lucha por la presidencia de la Suprema Corte. 

¿Rebelión o reacomodo? 

La elección judicial puede marcar una fractura seria dentro de Morena. Las pugnas por el control de la Corte, la influencia legislativa y los futuros liderazgos anticipan tensiones que podrían intensificarse rumbo a la elección intermedia de 2027. 

La historia apenas comienza. 

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