Los procesos electorales que culminaron el domingo 18 de mayo, en Polonia, Rumania y Portugal, muestran el descontento de la población con la clase política, que no ha sabido dar respuesta a las interrogantes sobre migración, economía, cambio climático, gobernabilidad y otros cuestionamientos como la guerra Rusia-Ucrania.
Esto se refleja especialmente en la pérdida de votos de los partidos tradicionales, especialmente social-demócratas, de la izquierda radical y demócrata-cristianos; frente al crecimiento de la derecha y, sobre todo, del populismo.
Este último amenaza las bases mismas del sistema democrático construido en la posguerra, al término de la Guerra Fría -con la caída del Muro de Berlín- y con la alineación de países de Europa del este con la Unión Europea.
En Polonia ningún candidato alcanzó la mayoría, pues el candidato liberal, Rafal Trzaskowsky, apoyado por el gobierno, alcanzó 30.8% de los votos, frente al 29.1% del nacionalista Karol Nawrocki, lo que obliga a una segunda vuelta de pronóstico reservado, que daría al traste con las tendencias izquierdistas del presidente Donald Tusk si la oposición -de tendencia derechista nacionalista- logra el triunfo.
El 1 de julio la segunda vuelta nos dirá quién gana, pero parece que, en cualquier caso, la democracia retrocede.
En Rumania, después de anular un primer intento electoral por la supuesta intervención de Rusia, en diciembre de 2024, en favor de la candidatura derechista de Calin Georgescu, quien más tarde fue detenido y acusado de diversos delitos -lo que le impidió seguir como candidato-, terminó favoreciendo la candidatura del derechista George Simion, quien en la primera vuelta, el 4 de mayo, se enfrentó al liberal-centrista Nicusor Dan. En esa elección ninguno alcanzó la mayoría, por lo que el 18 de mayo se llevó a cabo la segunda vuelta, en la que Nicusor Dan triunfó, con el 53.6% de los votos, frente al 46.4% de Simion.
Como puede verse, el pueblo rumano está dividido por mitad entre un centro y la extrema derecha, lo cual resulta peligroso para la democracia.
En Portugal, la alianza democrática, de centro-derecha, liderada por el Primer Ministro Luis Montenegro, alcanzó el 32.1% de la votación, pero asociado con la ultraderecha de Chega, que logró el 22.56%, tiene mayoría en el congreso y asegura continuidad en el gobierno. La derrota del partido social demócrata muestra una vez más el retroceso de la izquierda en Europa, mientras la derecha sigue avanzando, en Italia con Meloni, en Hungría con Orban, en Holanda con Schoof, y en USA el populismo antinmigrante, anticomercial, con la derecha irracional de Trump.
Esto muestra el desencanto de la población con la izquierda, y abre la puerta, para que una derecha responsable, con propuestas razonables y acciones efectivas, pueda remachar el fracaso del socialismo, y revivir la línea social cristiana, iniciada por León XIII, y con nuevas oportunidades al advenimiento de León XIV.





