La relación con el país vecino del norte no ha sido fácil. Desde el siglo XVIII ya se veía claramente hacia donde tendían las 13 colonias de Norteamérica y el virreinato de la Nueva España.
Los Estados Unidos logran el reconocimiento de su independencia de Inglaterra en 1783 y México la consuma hasta 1821; sin embargo, la influencia norteamericana instrumentada mediante la masonería y su penetración en las estructuras del poder en México ejerció una gran influencia.
La visión del Destino Manifiesto y su implícita idea expansionista logró arrebatarnos más de la mitad de nuestro territorio, después de la Guerra de Intervención norteamericana.
Desde ese país se apoyó a Madero y los revolucionarios para quitar al incómodo presidente General Porfirio Díaz, defensor a ultranza de la integridad territorial de nuestro país; en octubre de 1909, el presidente William Taft visitó México y no pudo doblegar a Díaz para entregar el istmo de Tehuantepec, franja deseada por los americanos, estratégicamente más cercana que el canal de Panamá; hizo bien don Porfirio al negarse, sabía que esa decisión partiría al país y se perdería la soberanía.
Los americanos veían con recelo la inclinación del porfiriato por la inversión, moda y costumbres que favorecían a Europa y sus potencias, Francia, Alemania Inglaterra y España principalmente; el rescate del presidente Zelaya de Nicaragua y el otorgamiento de asilo por Don Porfirio, colmó la paciencia de los americanos, e hicieron lo necesario, entregando recursos y armas para iniciar lo que se conoce como la Revolución Mexicana.
Y así, en otras épocas, continuó el intervencionismo de los embajadores norteamericanos, Poinsset y Monroe, por mencionar algunos.
Actualmente, tenemos un fenómeno político que coincide; ambos países tienen gobernantes populistas: una con tendencias de izquierda retardataria, y el otro con afanes imperialistas; sus propuestas son: la 4T; y Make America Great Again.
Obviamente, los dos tienen visiones distintas de las estrategias y políticas de gobierno que están instrumentando.
Pretendo en este breve análisis detectar las bases y objetivos de ambos regímenes y sus consecuencias en las futuras relaciones en el corto y mediano plazo.
Ya he anticipado que ambos coinciden en cuanto al tipo de gobernantes. Trump representa, en forma más directa y descarnada, lo que ha sido la política americana respecto a México: los americanos tienen intereses, no amigos; si los apoyamos, jugamos en el mismo equipo; en caso contrario, habrá represalias.
Trump ha sido disruptivo, él no es el clásico político que respeta normas, incluyendo las diplomáticas. Con desparpajo dice lo que piensa y quiere; sus deseos personales los empata con el interés de sus conciudadanos, faltaba más, por eso arrasó en las elecciones y tiene casi el poder absoluto en el legislativo y en la Suprema Corte de Justicia tiene también un buen soporte; no hubo consecuencias por haberlo evidenciado como evasor de impuestos y que mintió respecto a una relación extramarital, que quiso evitar con sobornos.
En esto también hay coincidencias con el gobierno de México: frente a la corrupción de muchos distinguidos miembros de MORENA, gobernadores, diputados, senadores, familiares directos incluidos los del expresidente López Obrador, no pasa nada. También por eso ganaron ampliamente las elecciones: el pueblo, en ambos casos, los sustenta.
En el aspecto social, Trump ha logrado llamar la atención diciendo que los migrantes son delincuentes, que dañan a los buenos ciudadanos, les quitan los empleos; en una palabra, se deben tomar las acciones necesarias para detener la migración: las presiones arancelarias sobre México detuvieron el flujo migratorio; ya no hay más caravanas que cruzan el territorio nacional y el número de indocumentados detenidos en Estados Unidos ha descendido notablemente.
En este aspecto México ha recibidoa un buen número de migrantes que ya no pudieron lograr el sueño americano y bajaron su expectativa: México es un buen destino, mejor del que tienen en sus países de origen.
En cuanto a la economía, la visión de ambos gobiernos no tiene muchos puntos de encuentro; Trump con el arma de los aranceles, amenaza al gobierno mexicano y a las grandes empresas americanas instaladas en México, principalmente por el costo de la mano de obra, que impacta favorablemente en el precio final de los productos.
Sobre el Tratado México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), que poco le ha importado a Trump, ha manifestado que en el corto plazo habrá un impacto en la inflación pero, a la larga, recuperarán puestos de trabajo y se logrará el equilibrio. En este terreno ha enfrentado opiniones adversas de varios sectores productivos afectados por las medias -automotriz, manufacturero, agrícola y ganadero- y de especialistas de su país.
El tema más escabroso se refiere a la seguridad, en sus vertientes de: narcotráfico, para Estados Unidos; y tráfico de armas, para México. En este campo la presión ejercida por Trump ha rendido frutos en los pocos meses que lleva la presidenta: las acciones contra el crimen organizado han superado por mucho lo realizado en la gestión de AMLO, el abandono de la política de “abrazos no balazos” -creada por AMLO para no enfrentar a la delincuencia organizada-, se ha trocado por enfrentamientos, aprehensiones, desmantelamiento de narcolaboratorios, la extradición de capos, violando amparos y el debido proceso. El cambio de rumbo fue en respuesta a la presión externa.
En resumen, pareciera que a Trump no le importa mucho la línea izquierdista de la presidenta; él tiene la sartén por el mango: las presiones económicas han contribuido a alinear a la presidenta, dado el poco margen de maniobra que goza Claudia Sheinbaum por seguir apoyando las obras faraónicas que heredó de su tutor; las políticas públicas clientelares y su afán por no llevar a cabo una revisión tributaria, que la tienen contra la pared. El último golpe se lo dio el magisterio de la CNTE al rechazar su propuesta de modificar las cuotas al ISSSTE.
Adicionalmente, está en el proceso de consolidar la unidad y las alianzas con las tribus de MORENA y sus partidos aliados (PT y PVM), donde sufrió un revés al aplazar -en el legislativo- a 2030 la entrada en vigor de Ley que prohíbe el nepotismo y la reelección. Con la Ley contra la reelección y el nepotismo Sheinbaum buscaba impedir que los morenistas heredaran cargos de elección popular a sus familiares, y quitarse a algunos personajes incómodos.
En las luchas de poder los leales a AMLO lograron modificar la Ley con lo que seguramente el partido protegerá y fortalecerá su influencia territorial utilizando a su favor a los empleados de la Secretaría del Bienestar -los Servidores de la Nación- y sus programas clientelares.
La resistencia a Sheinbaum por los cercanos a AMLO, demuestra que el expresidente sigue decidiendo y que para asegurar su impunidad seguirá jugando fuerte; y la indeterminación de Sheinbaum por desmarcarse del de Macuspana.
En el fondo, los puntos de la confrontación/negociación México-Estados Unidos, no son de carácter ideológico, sino intereses económicos, donde Trump tiene más fichas.
Claudia Sheinbaum enfrenta la grave inseguridad generada por el crimen organizado pero, obligada por Trump, no podrá bajar la guardia y seguirá combatiéndolo. Se ve difícil que intente negociar con ellos.
Debido a la crisis económica heredada de AMLO, el segundo piso de la 4t dio a conocer que solicitará un nuevo préstamo para enfrentar la estrechez económica que vive el país.
En el mismo tenor de crisis, PEMEX ha tenido que negociar un programa de pagos con sus proveedores; los maestros seguirán vendiendo caro su amor y exigirán más prestaciones; el abasto de medicamentos es un tema pendiente; y la inversión extranjera directa difícilmente se sostendrá mientras las amenazas de Trump subsistan.
Inseguridad y economía son los retos a enfrentar en esta administración. Las arengas en favor de la dignidad, cooperación y no subordinación nacional en las concentraciones populares, podrán calar en el sentimiento popular, pero no resolverán el problema. El panorama no es halagador para la presidenta ni para la sociedad mexicana, seguidora, o no, de la 4T.





