El concepto homeschooling irremediablemente nos remite a la caótica experiencia que la mayoría de padres de familia y estudiantes padecieron durante la pandemia; casi como una pesadilla viene a la mente la imagen del niño uniformado ante la computadora por horas, debiendo pedir permiso para ir al baño igual que en el salón de clases; la madre o padre de familia tenían que asegurar que las indicaciones del profesor fueran seguidas al pie de la letra, para luego tener que subsanar todo lo que el hijo no pudo entender; porque a pesar del gran esfuerzo, ingenio y empeño que la mayoría de los maestros pusieron para que la distancia mermara lo menos posible el aprendizaje de los alumnos, para todos es obvio que el experimento fue fallido.
Le pido al amable lector que a eso no le llamemos homeschooling o educación en casa; la irrupción de la pandemia obligó a la comunidad educativa (maestros, alumnos y padres) a recrear la vida institucional-presencial del aula escolar en cada hogar; y ese fue el error. La educación en casa es un modelo totalmente diferente.
Una pequeña aproximación al tema podrá clarificarnos lo que realmente es y sus potencialidades; y de cómo, aun cuando no la elijamos por convicción o por necesidad, podemos adoptar algunos de sus principios e ideas en beneficio de nuestros hijos; en otras palabras, la “mentalidad homeschool” es una opción para todos.
Las escuelas han existido desde tiempos ancestrales, pero es hasta la época moderna cuando los Estados1, atrincherados en la loable tarea de garantizar el derecho a la educación, se arrogaron el monopolio educativo; el derecho-responsabilidad-obligación de los padres a educar a sus hijos en un marco de libertad es casi una ficción. Los planes educativos: contenidos, métodos, objetivos del proceso de enseñanza-aprendizaje, técnicas, dinámicas; es decir, el sistema en su conjunto, responde a los intereses del Estado; quizás la educación privada tenga algún pequeño margen de maniobra, pero al final, estas instituciones deben ser aprobadas y reconocidas por la autoridad educativa. En los países en los que se reconoce e inclusive se impulsa el homeschooling se parte de la primicia de que, antes que al Estado, es a los padres de familia a quienes más les interesa educar lo mejor posible a sus hijos; luego entonces, un padre de familia debe poder elegir entre el curriculum que el Estado le ofrece u otro que le parezca más conveniente; ya que garantizar el acceso a educación no significa monopolizarla.
Pero esta diversidad posible no solo se refiere a los contenidos, sino también a la metodología. Las distintas propuestas curriculares diseñadas para homeschooling rompen el paradigma maestro-alumno tradicional. Los padres de familia no necesitan dedicar 8 horas diarias a explicar, enseñar, corregir, vigilar, etc. Los diferentes recursos disponibles están pensados para desarrollar en los alumnos capacidades y habilidades para estudiar, investigar, razonar de una manera mucho más independiente; los materiales son intuitivos y las técnicas no están constreñidas a un espacio o tiempo. Así, una pequeña estudiante puede aprender y practicar fracciones horneando pasteles. Sumar y restar jugando al restaurante. El espacio en el que se estudia puede o no ser la casa, algún día puede ser un parque, una biblioteca, o un museo. Algunos contenidos podrán aprenderse en 10 minutos y otros requerían mas tiempo, dependiendo de cada estudiante.
Entre las principales y constantes preocupaciones de los padres de familia sobre el homeschooling está la de suponer que deberían ser expertos en todas las materias para poder enseñar a los hijos (especialmente en los grados posteriores a la educación elemental); esta es una inquietud infundada, ya que el padre de familia no es el docente que enseña sino el que gestiona y facilita los recursos. El amplio acceso a las tecnologías de la información y la comunicación permiten inclusive recibir una clase magistral de algún experto mucho más preparado que el profesor de una escuela promedio. Ahora es posible acceder a bibliotecas de primer nivel, por ejemplo. Es 100 por ciento posible que un hijo aprenda sobre áreas en las que los padres tienen un conocimiento nulo; hay que recalcar, la madre o el padre no necesitan recrear el aula en casa, su autoridad y sabiduría no radica en ser “sabelotodo” sino en elegir el currículum más conveniente.
Otra inquietud es el de la socialización. La cual también es una preocupación infundada, porque los hijos no están aislados o encerrados (como si lo están en el aula); la flexibilidad de la educación en casa permite no solo evitar la monotonía, sino que la convivencia social no esta restringida a los iguales (como si lo están en el aula). La diferencia radica en que los padres de familia tienen que propiciar la socialización, tal intencionalidad incluye también, la libertad de buscar y elegir el mejor ambiente social posible.
Los profesionales de la educación saben que los avances científicos en las neurociencias, la genética, entre otras; demuestran claramente la idoneidad de una educación personalizada e inclusive diferenciada. Esto va desde reconocer que hay diversas formas de aprendizaje (estilos sensoriales como el visual, auditivo, kinestésico; estilos de aprendizaje experiencial como el divergente, asimilador, convergente, acomodador; estilo asociativo, el cooperativo, colaborativo, emocional, implícito, por ensayo-error, significativo, entre otros); que las mujeres y los hombres aprendemos de diferente manera; o que cada persona es única e irrepetible2.
Los padres de familia pueden no saber la teoría pedagógica detrás de estos estilos, pero en la intimidad del hogar hay un conocimiento profundo de las y los hijos, quienes a su vez descubren y desarrollan su estilo particular y más eficaz de aprender. En el sistema escolar tradicional, aunque tendientes a reducir el tamaño de los grupos, la diferenciación y personalización es prácticamente imposible o muy limitada.
El modelo educativo prusiano fue extendiéndose por el mundo a lo largo de los años, la mayoría de los países implementaron un sistema único y universal que podía o no tolerar algunas libertades. En algunas sociedades, como la norteamericana, donde el intervencionismo del estado es menos bienvenido, se han desarrollado redes de organizaciones, instituciones, universidades, que promueven, diseñan, corrigen y mejoran día a día las opciones curriculares. Pero la razón por la que hoy mas padres de familia optan por la educación en casa es de índole moral.
La deformación ideológica ha llegado a limites impensables hace apenas algunos años. El adoctrinamiento no solo es en materia de “educación” sexual, conceptos como la verdad, el bien, la belleza han sido desterrados. Está penado hablar de convicciones, se cancela al estudiante que no encaja en el sistema. El alumno puede, o despreciar al maestro y tratarlo como a un empleado; o endiosarlo y dejarse adoctrinar sin resistencia alguna; pero en ambos casos el problema es resultado de una deformación de la imagen de la autoridad, porque el sistema diluyó la diferencia entre capacitar, enseñar, entrenar, educar, formar.
El sistema educativo se entrometió en la vida privada de las personas, de su sexualidad, de sus convicciones, de su fe, de su familia; e irónicamente ha sido un total fracaso en la formación para la vida pública, para ejercer la ciudadanía, la responsabilidad social, el bien común.
En resumen, homeschooling es sinónimo de empoderamiento de los padres de familia, participación activa de los hijos, responsabilidad, creatividad, convivencia, personalización, etc.
Con todo y las bondades que ofrece el estudiar en casa, la realidad es que por múltiples razones no todas las familias cuentan con las condiciones óptimas para adoptar este modelo. Ya sea porque es ilegal en su país, ya sea porque ninguno de los padres quiere o puede hacerse cargo, ya sea porque tienen los medios para financiar la educación “perfecta” de acuerdo a sus intereses. Aun así, vale la pena adoptar una mentalidad homeschool:
- La educación de los hijos es un derecho-responsabilidad-obligación de los padres, no entregue ese cheque en blanco a la escuela.
- Revise los contenidos, materiales, adelántese reforzando valores, convicciones, principios antes de que la escuela le sorprenda.
- Ayude a sus hijos a descubrir, investigar, explorar al margen de los libros escolares.
- Descubra y potencie los talentos de cada uno de sus hijos.
- Permita y propicie que sus hijos enseñen a otros.
- Aproveche la televisión, los libros, para enseñarle a sus hijos a discernir.
- Amplíe el circulo social de sus hijos más allá del que ofrece la escuela.
- Procure actividades extraescolares que suplan deficiencias de la escuela, pero defienda el privilegio de pasar tiempo con sus hijos, deje espacio para la recreación, la conversación, la convivencia e incluso para el aburrimiento. Diga no al uso de pantallas como fuente de entretenimiento.
- Considerando normas básicas de seguridad, la edad de los hijos y los intereses particulares, motívelos a aprender algo diferente y útil para la vida3 por sí solos.
- Si usted es una persona de Fe, ponga todo su empeño en formar hijos libres, libres de las modas, del “qué dirán”, libres del hedonismo, del conformismo, del materialismo, y de otro los “ismos” enemigos de la voluntad. La formación doctrinal es importante, pero la vida de oración en familia, la vivencia de la caridad, el encuentro personal con Dios en la cotidianidad del hogar es algo que ni la mejor escuela puede dar. Y evidentemente, para educar esto, no hay otro camino que el del ejemplo, la constancia y la congruencia.





