La pandemia del coronavirus que en 2020 invadió al mundo nos mantuvo encerrados durante varios meses, con la consecuente pérdida de fuentes de trabajo, posibilidades de esparcimiento, contacto con el exterior, vida social.
Las escuelas cerraron, al igual que los restaurantes, los pequeños comercios quebraron, los grandes centros comerciales se quedaron desiertos. Los hospitales y centros de salud no se dieron abasto, tampoco las funerarias…
El sistema de salud colapsó. El hacinamiento en los hogares provocó conflictos intrafamiliares. La falta de apoyos gubernamentales precarizó la economía. La pérdida de la vida, de la salud, de la seguridad económica, de los espacios abiertos, llevó a muchos a condiciones desesperadas.
Entre los esfuerzos que ciudadanos de diversos lugares del mundo llevaron a cabo para paliar esta situación, surgieron grupos que desde diferentes espacios entonaban canciones en forma coordinada. Sin duda, la que tuvo mayor éxito fue Resistiré. Esta canción resume el sentir de quienes, estando encerrados, indefensos, vulnerables, confiaron en la posibilidad de salir adelante.
Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel,
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie….
Esta canción se convirtió en el símbolo de la resistencia ante la pérdida, el grito de la vida ante la amenaza del Covid, la capacidad de sobrevivir a circunstancias adversas. Resistiré es, sobre todo, signo de RESILIENCIA, de la flexibilidad para adaptarse a las circunstancias sin quebrarse, como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie.
Quienes fueron resilientes durante la pandemia, pudieron reiniciar su camino una vez que terminó. Acopiaron en los meses de aislamiento fuerza, convicción, energía, para enfrentar la situación, y se han adaptado con ánimo positivo a los nuevos tiempos. Perdieron, como la mayoría, oportunidades, salud, tiempo, vidas de seres queridos, y sufrieron. Pero retomaron el ímpetu y lograron vencer la adversidad.
La resiliencia es la segunda herramienta que sugiero como necesaria en esta época de turbulencia, ya que la tentación de dejarse llevar por los acontecimientos y contentarse con ‘ver la vida desde el balcón’ puede ser fuerte cuando se enfrentan situaciones adversas a las que no se les encuentra solución.
La resiliencia consiste en la capacidad de recomponerse después de sufrir un daño. El término es asociado a la entereza, mantenerse ‘entero’ ante situaciones complejas, no perder el rumbo, ni la compostura. Nada tiene que ver con conformarse con el mal que se sufre, ni caer en un pesimismo derrotista.
El término ha venido sufriendo variantes desde finales del siglo pasado. La resiliencia no es un momento mágico en el que de pronto vemos nuevamente la luz, sino un proceso que se nutre de factores familiares, comunitarios y culturales. Una persona que ha tenido una familia estable, que convive cotidianamente con su comunidad, es más resiliente y puede salir fortalecida de situaciones traumáticas y dolorosas.
Los golpes que al inicio de esta administración se han asestado a nuestro México son en extremo graves. Inmediatamente después de la ‘reforma judicial’ que cambiará el rostro de la impartición de justicia en nuestro país, sobrevino la ‘supremacía constitucional’ –el candado para hacer inviable pretender que sean revisadas modificaciones constitucionales– con lo que podemos afirmar que ya estamos viviendo en otro México.
Aunado a lo anterior podríamos enlistar otras decisiones impuestas a través de la mayoría parlamentaria que dañan al Estado de Derecho y nos encaminan a la autocracia. La desaparición de siete Órganos Constitucionales Autónomos ha sido consumada, el Presupuesto de Egresos favorece a los elefantes blancos del régimen en detrimento de la salud, la educación y los servicios necesarios. La lista puede ser interminable.
Ante este negro panorama, los que no estamos dispuestos a conformarnos con el desarrollo inercial de los acontecimientos, estamos llamados a actuar con resiliencia. La resiliencia nos permite ver posibilidades donde otros ven confusión, y asumir control de los acontecimientos desde nuestro espacio, con una gran fortaleza emocional.
Una sociedad resiliente puede doblarse ante el avance del gobierno autoritario, pero enfrenta los golpes con la convicción de que es posible revertir el daño, no se rompe. No será fácil, ni rápido, pero el acopio de fuerza que se lleva a cabo en situaciones de dificultad siempre reditúa para los que conservan la esperanza, ‘…pero siempre sigue en pie’.
La sociedad será resiliente cuando los ciudadanos lo seamos, y tengamos la capacidad de ejercer la democracia participativa, hablando sin permitir que nos callen, exigiendo sin dar tregua, participando sin bajar la guardia, vigilando la transparencia en la gestión pública, aún en ausencia de los mecanismos adecuados.
Ahora bien, llegar a ser resiliente, lograr la capacidad de soportar las adversidades, los sufrimientos, los reveses, sin quebrarse, es todo un proceso que requiere entrenamiento, cultivo de virtudes, acopio de paciencia, y, sobre todo, conciencia clara de lo que se quiere.
Victor Frankl, que fue capaz de sobrevivir en campos de concentración durante la II Guerra Mundial, es ejemplo vivo de resiliencia. “Al hombre se le puede quitar todo, menos una cosa: la última de las libertades humanas: elegir su actitud en cualquier conjunto de circunstancias, elegir su propio camino”.
Los ciudadanos del México de hoy requerimos una buena dosis de resiliencia. Podemos doblarnos ante el embate autoritario, pero no rompernos, porque nuestro desafío es enorme, y tiene que ver con recuperar la paz, con devolver la concordia, con avanzar hacia el bien común.
“Soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie.”
Referencias:
American Psychological Association. Camino a la Resiliencia, 2011.
Santiago Cid. Qué es y cómo ser resilientes.





