Agustín de Iturbide, Libertador de México, parte II

Fernando García Mata

Agustín de Iturbide, Libertador de México, parte II
Exilio y muerte de Agustín de Iturbide. Después de su renuncia como Emperador, Iturbide prepara su exilio hacia Liorna, Italia.

EXILIO Y MUERTE DE AGUSTÍN DE ITURBIDE

EL EXILIO

Después de su renuncia como Emperador Iturbide prepara su salida, que se llevará a cabo en el Puerto de Veracruz. Por todos lados donde pasa sale el pueblo a recibirlo y a darle honores. Con algunos incidentes durante el camino se embarca a Liorna, Italia; donde será su exilio, el 11 de mayo de 1823.

Veamos lo que el mismo Iturbide dice de estos acontecimientos en sus Memorias: “El amor a la Patria me condujo a Iguala, él me llevó al trono, él me hizo descender de tan peligrosa altura, y todavía no me he arrepentido ni de dejar el cetro ni de haber obrado como obré… A este mismo Congreso quise que me señalase el punto que quería que ocupase, y las tropas que fueran de su agrado para la Escolta que habría de acompañarme hasta el punto de mi embarque… mandados por el Brigadier Bravo que yo elegí también de los disidentes, para hacer conocer que no había dejado de batirme por miedo de las armas para entregarme a ellos, cuya mala fe se había experimentado.”

Francisco Castellanos escribe lo siguiente: “El 30 de marzo de 1823 sale (Iturbide) serenísimo de Tacubaya, y al llegar a Tulancingo se le recibe por las autoridades con el mismo acatamiento que si estuviese en el trono, y las inmensas demostraciones de calor de los habitantes de los lugares por los que transitaba, inspiraba -dice Zavala- más temor a sus enemigos que un ejército.”

Ya establecido en Liorna con su familia, Iturbide escribe sus Memorias. Sus enemigos le mandan espías para vigilarlo, y más tarde, las mismas autoridades de Liorna le van a recomendar que se traslade a otro lugar, ante las acechanzas de España. Por lo cual Iturbide se traslada a Inglaterra con parte de su familia y algunos acompañantes.

Estando todavía en Londres, Iturbide preocupado por los movimientos de reconquista de España, dirige una carta al Congreso de México el 13 de febrero de 1824, para advertir de esta posibilidad y ofrecer sus servicios como militar, para defender la soberanía de México.

Mientras tanto, el Congreso Mexicano emite un Decreto el 28 de abril de 1824 que dice lo siguiente en el primer inciso: “Se declara traidor y fuera de la ley a Don Agustín de Iturbide siempre que bajo cualquier título se presente en algún punto de nuestro territorio. En este caso queda por el mismo hecho declarado enemigo público del Estado.”

MUERTE DE ITURBIDE

Sin que supiera Iturbide del “inicuo decreto” (como se le ha llamado) del Congreso Mexicano, regresa a México con la esperanza de un recibimiento cordial, sobre todo después de que mandara su carta al Congreso Mexicano el 13 de febrero de 1824.

Iturbide desembarca en Soto la Marina, Tamaulipas el 14 de julio de 1824; y tiene una entrevista con Felipe de la Garza, Comandante de la zona (Al que Iturbide había perdonado por su rebelión en contra de él cuando era Emperador), que lo recibe inicialmente de una manera amable pero después lo toma preso.

Después de que es trasladado Iturbide a Padilla, Tamaulipas; se reúne el Congreso de Tamaulipas que resuelve el fusilamiento de Iturbide en ese mismo día, por lo que apenas le da tiempo a Iturbide de escribir una carta a su esposa y de prepararse con el Sacramento de la Confesión. Antes de conocer la resolución Iturbide pidió que se le dejase hablar ante el Congreso General de la Nación, lo cual le es negado.

Dice Alfonso Junco:” A las seis de la tarde, el mismo Don Agustín avisa a los guardias que es la hora, y marcha tranquilamente, sin cobardía ni ostentación, a la plaza del Pueblo… Reparte a los soldados tres onzas y media de oro en monedas pequeñas que trae en el bolsillo, da al Eclesiástico que lo acompaña una carta para su esposa, y su reloj y su rosario que lleva al cuello para su hijo mayor, se venda los ojos por sí mismo y con voz firme y sonora que llena la Plaza dice sus últimas palabras:

Mexicanos: en el acto mismo de mi muerte, os recomiendo el amor a la paz y la observancia de nuestra Santa Religión, ella es quien os ha de conducir a la GLORIA… Muero por haber venido a ayudaros, y muero gustoso porque muero entre vosotros, muero con Honor, no como traidor, no quedará a mis hijos esa mancha; ¡No soy traidor!¡No! Guardad subordinación y prestad obediencia a vuestros jefes; que hacer lo que os mandan es cumplir con Dios…

Reza el Credo y el Acto de Contrición, besa el Crucifijo y recibe la muerte.”

La muerte para Iturbide, como para todo cristiano, era el paso hacia la vida eterna, y en su caso, la llegada al Cielo, como afirma el Sacerdote que lo confesó antes de morir, el Presbítero José Antonio Gutiérrez de Lara: “Me consuelo también, considerando a su alma en el Cielo, pues sus disposiciones no me dejan pensar de otra manera.”

Como final ponemos algunas Estrofas del Poema de Amado Nervo titulado: “A Iturbide Libertador de México”, escrito en 1890:

¡Capitán inmortal, tu eco de guerra    en nuestros patrios montes aún retumba!

Para borrar tu huella de la Tierra,      no basta, no, la losa de una tumba.

La muerte… ¿Qué es la muerte ante la gloria   que envuelve tu recuerdo en los fulgores?

¿Quién borrará tu nombre de la Historia           sin borrar de tu enseña los colores?…

Descansa en la región del infinito            donde tu alma con Dios reside;

Que tu nombre doquiera quede escrito,   que el himno de tu nombre sea este grito:

¡Viva la Libertad! ¡Viva Iturbide!

 


Referencias:

Junco, Alfonso, 1946. “Un siglo de México”. Ciudad de México. Ediciones Botas 

Cuevas, Mariano  SJ, 1947. “El Libertador”. Ciudad de México. Editorial Patria 

Castellanos, Francisco, 1982. “El Trueno”. Ciudad de México. Editorial Diana 

Autor

  • Fernando García Mata

    Ingeniero Químico. Profesor de la UNAM jubilado. Autor de varios libros sobre: Agustín de Iturbide, Vida de Cristo y los Mártires del Cubilete. Actualmente es el Coordinador del Movimiento Dejar Huella.

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