Participación ciudadana para construir la Ciudad del Amor

Alejandro Wiechers Rivero

Participación ciudadana para construir la Ciudad del Amor
La Ciudad del Amor se edifica con el esfuerzo diario de ciudadanos que viven los principios y valores más altos, y los comunican a otros.

El hombre es un ser social que influye en sus comunidades

El hombre es un ser social por naturaleza: nace, se alimenta, crece, se desarrolla, trabaja, construye, progresa, se reproduce y trasciende interactuando y colaborando en diferentes comunidades, tales como el matrimonio, la familia, la escuela, la empresa, círculos y centros de estudio o de reunión, asociaciones sociales, cívicas, agrupaciones, ateneos, tertulias, asambleas, y organizaciones.

No es posible que el ser humano pueda satisfacer ni siquiera sus necesidades más básicas por sí solo; es indispensable relacionarse con otras personas a través de colectividades específicas.

El hombre puede influir en otros seres humanos comunicando su pensamiento, palabras y obras de diversas maneras, entre ellas: con la palabra oral o escrita a través del diálogo; y con la acción a través del ejemplo.

La influencia del ser humano en otros seres humanos se puede dar de manera natural por la participación en las diversas comunidades con las que se relaciona.

El hombre no fue creado por Dios para el mal, la mentira y lo repugnante. Por el contrario, el hombre fue creado para el Bien, la Verdad y la Belleza.

El ciudadano que quiere construir la Ciudad del Amor debe llenar su mente y su vida con los valores y los principios universales y atemporales de la justicia, la libertad, la caridad, la verdad, y su corazón debe desbordar de amor a Dios y al prójimo, de manera que su pensar y actuar lleven, a través de su participación en las comunidades donde interactúa, el Bien, la Verdad y la Belleza Absolutos.

Sin la participación de los ciudadanos no es posible el Bien Común

La Ciudad del Amor se no se construye por sí sola ni automáticamente. La Ciudad del Amor se edifica con el esfuerzo diario y cotidiano de ciudadanos que viven los principios y valores más altos, y los comunican a otras personas a través de su participación activa en las sociedades donde convive, entrelazando los elementos naturales, humanos y sobrenaturales contenidos en la Verdad Revelada, con la vida social, cívica y política, construyendo de esta manera un tejido social fuerte, pujante, hermoso, cargado de Bien, Verdad y Belleza.[1]

La participación de cada ciudadano es tan importante que el Bien Común no es posible sin la aportación de cada uno en los entornos y comunidades que le son propios y connaturales. Cuando un miembro de la comunidad sufre, todos sufren y cuando se alegra, todos se alegran.

“Una persona es una diócesis suficientemente grande para un Obispo”[2]

Esto se debe a la dignidad infinita del ser humano, que le viene por su propia naturaleza para todos los seres humanos, -y, adicionalmente, para los bautizados, la dignidad de hijos de Dios por adopción divina-.

Cuando dos personas o más, cada una de dignidad infinita, se reúnen en sociedad, estamos frente a una maravilla no suficientemente ponderada, que desborda, rebosa, excede, y sobrepasa de valor.

La participación debe llevar el exquisito perfume del Amor a todas las personas y las empresas, instituciones, organizaciones y comunidades para favorecer y respaldar pensamientos, afectos, usos y costumbres, actividades y leyes que promuevan la vida, la familia, la unión, el respeto, la mansedumbre, el perdón, la dignidad del ser humano y sus legítimos derechos.

La participación del ciudadano es crucial para la generación de una economía moral que, junto con la solidaridad, la subsidiariedad y el principio fundamental del destino universal de los bienes, constituyen el principio rector para lograr el desarrollo y progreso equitativo y justo de toda la sociedad, incluyendo a los más pobres, débiles y vulnerables.

La participación del ciudadano en la vida política es necesaria, decisiva e indispensable para que la libertad, la justicia, la verdad y la caridad lleguen a todos los entornos y comunidades a donde deben llegar.

La falta de participación política del ciudadano de la Ciudad del Amor puede dejar un vacío de Bien, Verdad y Belleza que nadie más puede llenar en ese espacio y en ese tiempo, y puede afectar a toda la sociedad cuando esta ausencia es aprovechada por autoridades indeseables que fuerzan la imposición de leyes injustas que atentan contra el orden natural, el orden humano o el orden sobrenatural.

La participación es el arma idónea para que el ciudadano de la Ciudad del Amor lleve la justicia, la verdad, la libertad, y la caridad a todas partes donde vaya. La participación hace posible la fermentación de toda la masa y que haya luz en donde hay oscuridad.

Si el ciudadano de la Ciudad del Amor no participa, ninguno de estos bienes llegará jamás a las personas, organizaciones, comunidades, a las leyes, al gobierno que pudieran y debieran haber sido beneficiadas.

La participación es una condición necesaria sine qua non para el Bien Común.

La situación actual de México

La falta de participación del ciudadano en la construcción de la Ciudad del Amor puede llevar a situaciones indeseables en donde un poderoso corrupto, un criminal o alguien que degrada nuestra dignidad se apodere del poder cívico, jurídico, político, económico, o social.

El gobierno de Morena y la 4T amenazan a México y a los mexicanos con hacernos perder la libertad para someternos a la esclavitud y a una total dependencia de una dictadura que ya tiene expresiones francas de mentira, tiranía, injusticia, y corrupción sin precedentes.

En México hemos llegado a esta lamentable situación fundamentalmente debido a dos causas:

  • La falta de participación inteligente, organizada y decidida de muchos ciudadanos de la Ciudad del Amor, sobre todo en el campo cívico–político, para llevar el amor, el Bien y la Verdad a todas las instancias, entidades, organismos y comunidades cívico-políticas y de gobierno que faciliten la construcción del tejido social y del Bien Común.
  • A la acción perversa de un conjunto de sociedades secretas: socialistas, comunistas, masonería, narcotráfico y crimen organizado, que, trabajando juntas, buscan apoderarse del poder político, medios de comunicación social, redes sociales, la economía, el poder judicial, el ejército y las fuerzas armadas, para esclavizar a los pueblos que son víctimas de su infamia, mientras las autoridades que usurpan el poder se dan la gran vida, ocultando sus execrables acciones a la vista de los demás.

El diálogo honesto no funciona con Morena ni con la 4T, ni con los comunistas, ni con los socialistas y ni con las demás sectas perversas por dos motivos:

  • El diálogo se debe basar en la verdad, la justicia, la libertad, la caridad, la buena voluntad y en la apertura para la convergencia de propósitos esenciales de los participantes con la realidad: o sea, el Bien Común posible.[3]
    • Las malévolas sociedades secretas mencionadas no están abiertas a una convergencia del Bien Común, sino que están cerradas a la imposición de sus siniestras y ocultas intenciones a como dé lugar.
  • La forma que los socialistas, comunistas y demás malignas sociedades secretas “dialogan” es con engaños, trampas, ardides, artimañas, trucos, falacias y mentiras: todas ellas son sucias habilidades y astucias para embaucar, seducir, intimidar, embelesar y engatusar a la otra parte.
    • “Tienen otros datos” que nunca coinciden con la realidad. Se burlan del contrincante cuando no pueden responder. Calumnian para distraer. Ofenden para desviar. No escuchan las razones de la otra parte, sino que las ignoran, las minimizan, las ridiculizan, las chasquean. [4]

Cómo podemos evitar caer en la catástrofe perversa del comunismo

Primero y lo más importante: La conversión del corazón y de nuestras vidas.

Empapar la inteligencia con la Verdad y la voluntad con el Bien. Poner a Dios y al prójimo en el primer sitio, como lo más importante de nuestras vidas, en lugar del dinero y del placer egoísta que genera injusticia e inequidad social. Cambiar los pensamientos, palabras y obras que ofenden a Dios, al prójimo, a los más débiles, a la casa común, – e inclusive a nuestros enemigos -, por pensamientos palabras y obras cargadas de amor, perdón y unión.

Entregar cada hora de tu vida con un sentido trascendente: esta vida se acaba, nada material te vas a llevar, solo tus obras. Que al final tu vida todos puedan decir: pasó haciendo el bien, amando, perdonando, construyendo la Ciudad del Amor, participando activamente en cada comunidad dejando una huella de bondad y el suave perfume de un amor cargado de ternura.

Segundo: La lucha legítima.

Debemos estar convencidos que existe una lucha legítima y que nos corresponde a nosotros darla con vitalidad y valentía. Veamos lo que dice el Papa Francisco al respecto:

“Todos estamos llamados a amar a todos, pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. Al contrario, amarlo bien es buscar de distintas maneras que deje de oprimir, es quitarle el poder que no sabe utilizar y que lo desfigura como ser humano. Perdonar no quiere decir que siga pisoteando la propia dignidad y la de los demás, o dejar que un criminal continue haciendo daño. Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia, precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama. Si un delincuente me ha hecho daño a mí o a un ser querido, nadie me prohíbe que exija justicia y que me preocupe para que esa persona –o cualquier otra-, no vuelva a dañarme ni haga el mismo daño a otros. Corresponde que lo haga, y el perdón no solo no anula esa necesidad, sino que la reclama. [5]

Tercero: Promover el diálogo de valor para converger en el Bien Común.

Es fundamental urgir, inducir, y promover el diálogo respetuoso y de valor en todas las comunidades donde interactuamos, con respeto y con valentía, apegados a la verdad, al amor, a la justicia, a la libertad, a la caridad, para llevar el amor, y avanzar hacia el Bien Común.

Cuarto: Participar activamente en las elecciones.

Las elecciones de junio del 2024 posiblemente sean las elecciones más importantes de la historia de México, ya que lo que está en juego es la libertad de los mexicanos

Existen dos entidades que pueden inclinar la balanza:

  • Por un lado, Morena y la 4T, en su afán desmedido de poder, ha usado múltiples podios de poder para dividir y mentir, para comprar votos -sobre todo de los más pobres y vulnerables-, para engañar a millones de personas y así contar con su aprobación. Ha corrompido, amenazado o amordazado a miles empresarios, comunicadores, políticos, y líderes de opinión. Ha sobornado a las autoridades del Ejército con cañonazos de dinero y de poder. Ha pactado con el narcotráfico y el crimen organizado, quienes tienen coaccionados a miles de personas, pueblos y entidades para forzar el voto a favor del tirano.
    • Con sus sucias acciones pueden tener una parte importante de los votos y llevarnos al comunismo, o sea, a la esclavitud y consiguiente pérdida de la libertad y de la dignidad humana.
  • Por otro lado, México, –junto con Hispanoamérica-, son los grandes países donde se viven los valores naturales, humanos y cristianos con mayor intensidad en el mundo. México –y todos los países de Hispanoamérica-, están llenos de personas, instituciones y organizaciones maravillosas, llenas de valores, virtudes y acciones de un elevadísimo sentido humano, social, y espiritual que ha dado enormes frutos de paz y prosperidad. El Bien y la Verdad son preponderantes, predominantes, invaden de cabo a rabo hasta el último de nuestros pueblos, y están en todas partes: superan con creces la maldad y la cizaña que han tratado de sembrar los enemigos del Bien, la Verdad y la Belleza.
    • Si todos los mexicanos que amamos a Dios, al prójimo y a México participamos responsablemente y salimos a votar, tenderemos sin duda la mayoría absoluta de los votos necesarios para continuar con la libertad necesaria para una vida democrática que facilite la construcción de la Ciudad del Amor.

Quinto: Para todas las personas que tienen Fe en Dios.

La oración de petición es fundamental. Dios escucha cuando le pedimos con amor, con respeto, con insistencia. Pero no basta pedir: es necesario la congruencia y la conversión de vida. Si pedimos paz, pero nuestros vicios producen odio e injusticias, difícilmente serán escuchados sin un cambio de conducta.

Sexto: Para los católicos.

La Santísima Virgen María nos reveló en sus Apariciones en Fátima de 1917, que la única que puede vencer al comunismo es su Inmaculado Corazón, pero nuestra petición debe de ir acompañada de conversión de vida, de penitencia y del Santo Rosario.

“El mensaje de Fátima es un angustioso llamamiento a la conversión y a la penitencia, impulsa en realidad hacia el corazón del Evangelio” [6]

La participación es la gran herramienta para la construcción de la Cuidad del Amor

Los ciudadanos de la Ciudad del Amor que tienen el corazón lleno de Amor a Dios por encima de todas las cosas, que se aman a sí mismos con un tierno amor, que aman al prójimo como a sí mismos, -con un amor preferencial a los más pobres y débiles-, que aman a sus enemigos, y que aman la Creación de Dios, poseen la Luz necesaria para alumbrar en la oscuridad, la Sal vital para dar sabor a toda la vida, y la Levadura eficaz para hacer fermentar toda la masa.

La única forma de transmitir todo ese amor a los demás, es a través de una participación respetuosa y amorosa en cada una de las comunidades donde interactuamos. Donde hay oscuridad, donde hay depresión y desesperanza, donde hay duda, desánimo, tristeza, incredulidad, y postración, nos están aguardando con impaciencia nuestros hermanos para llevar la Luz, la Esperanza, y la Alegría propias del Amor de los Amores, a través de nuestra participación en sus círculos sociales.

Contamos con una herramienta maravillosa para la construcción de la Civilización del Amor: la participación activa, respetuosa, tierna e inteligente en todas las comunidades donde convivimos para contagiar e inflamar a todos con la llama del Amor.

 


Referencias:

[1] Pontificia Comisión de Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, (2004). Librería Editrice Vaticana. Ediciones CEM. Capítulo cuarto: Principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Pags 88 – 118

[2] Frase atribuida a San Carlos Borromeo (1538 – 1584)

[3] Comisión teológica internacional. La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. (2018), Vatican.va.  La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia (2 de marzo de 2018) (vatican.va), Capítulo 4.3

[4] Cualquier Conferencia de prensa matutina desde el Palacio Nacional, comúnmente llamadas “Conferencias Mañaneras”, desde su institución hasta la fecha actual.

[5] Fratelli Tutti. Carta Encíclica del Santo Padre Francisco, (2020). Ediciones Paulinas S.A. de C.V. Apartado 241

[6]. Mensaje de Fátima, Doctrina de la Fe, 26-junio-2000 (vatican.va)   www.vatican.va

https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20000626_message-fatima_sp.html.

Autor

  • Maestro en Ciencias de Ingeniería Eléctrica por la Universidad de Austin, Tx, Ingeniero Mecánico Electricista por la UNAM, fundador de FUNDICE AC en Guadalajara, Jalisco, fundador del Instituto Feminatural AC en Guadalajara, Jalisco, autor de los libros “Desnudando el prodigio de la fertilidad humana” y “Todo sobre los métodos naturales y artificiales del siglo XXI”, 18 años en la empresa Hewlett Packard, 8 años en la empresa farmacéutica Probiomed. Inventor de 20 patentes, algunas de ellas en 6 países. Director y fundador de la empresa StepCleaner SA de CV. Inventor del Horno Solar Híbrido Multifuncional Evexia. Autor del libro “Construyendo la Ciudad del Amor”.

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