El agotamiento de la modernidad y la «alt right».
Artículos seleccionados sobre esta temática, con enfoque académico y profesional
El agotamiento de la modernidad y la «alt right».
América Latina no necesita solamente mejores gobiernos: necesita mejores instituciones, ciudadanos responsables y una renovada cultura del Bien Común.
Los cambios electorales del continente hacia las derechas, con Brasil como caso más reciente, invitan a revisar un supuesto extendido: que el humanismo cristiano ya eligió bando. La doctrina social de la Iglesia propone un humanismo universal, sin dueños nacionales ni partidistas, que juzga a los gobiernos por sus frutos y no por su etiqueta.
En una época en la que la IA parece capaz de responder cualquier pregunta, surge una interrogante más profunda y decisiva: ¿quién enseñará a las nuevas generaciones a descubrir el sentido de la vida, distinguir la verdad del error y poner el conocimiento al servicio del bien común?
En la actualidad, el bien común puede ser todo y nada. El término es manoseado diariamente por una variedad de ideologías con propósitos político-electorales, propagandísticos o, en el peor de los casos, demagógicos.
Descubre las claves de los desafíos actuales desde la filosofía, la política y la geopolítica. ¿Es posible la paz en un mundo polarizado? ¿Cómo afectan los discursos simbólicos a nuestra historia? ¿Qué papel juegan hoy las migraciones y cuáles son las nuevas dinámicas del poder regional?
El pensamiento humanista cristiano tiene la capacidad de responder a los enormes desafíos de la actualidad e igualmente para dialogar y encontrar coincidencias con otras formas de pensamiento. No se trata meramente de ceder posiciones, sino de encontrar el bien mayor posible.
Secularidad y secularismo apuntan a proyectos políticos distintos. La secularidad tiene, de hecho, raíces cristianas. Es el propio Jesús el que, forzado a pronunciarse a favor o en contra del pago de impuestos a Roma, ofrece una respuesta que rompe con la tradición de las religiones civiles.
La Doctrina Social de la Iglesia nutre el concepto de ‘humanismo’, y éste puede ponerse en práctica de manera natural en las comunidades cercanas. Es en esos espacios, específicamente en el municipio, donde el liderazgo inspirado en el humanismo puede rendir mejores frutos para el bien común. De lo local surgen los liderazgos estatales y nacionales que pueden influir en la legislación y en las políticas publicas.
El primer paso para la construcción de la Ciudad del Amor es creer en Dios, que es la Roca Firme que le da sentido, estabilidad y fortaleza.
El segundo paso es creer en el Verdadero Dios por Quién se vive, no en un invento. La Ciudad del Amor no se puede edificar sobre un concepto falso y mentiroso de dios. Por ello debemos recurrir a la Verdad Revelada, donde se descubre que Dios es Amor, Bien, Verdad y Belleza Absolutas, el mayor Bien al que el hombre y la sociedad puedan aspirar.
El tercer paso es vivir según la Revelación Divina y la ley natural para alcanzar el Bien Supremo como individuo y como sociedad. El decálogo moral de los 10 Mandamientos, el Evangelio, y las Bienaventuranzas son las únicas máximas que pueden llevarnos a construir la Civilización más avanzada para el bien personal y el Bien Común: la Civilización del Amor
Vivimos en un mundo impregnado profundamente de un neo-paganismo moderno que, al afirmar el yo, está empezando apenas a darse cuenta que aplasta al tú, al otro, que sea Dios, el prójimo o la naturaleza