“Si quieres Paz, defiende la vida” fue el tema del mensaje que la Madre Santa Teresa de Calcuta abordó al recibir el premio Nobel de la Paz. Esto contrasta con el ambiente de violencia e inseguridad que se vive en México; y que se reflejan en los resultados de las encuestas realizadas por varias casas encuestadoras, hace algunos meses (durante las campañas electorales), las cuales arrojaron que lo que más preocupa a los mexicanos, por encima de temas de alto impacto en el bienestar social como son salud y empleo, son la inseguridad y la violencia que han enlutado a varios cientos de miles de hogares.
La ausencia de Paz, que tanto inquieta a los ciudadanos, no parece preocupar al gobierno ya que su equivocada y fallida “estrategia” de “abrazos, no balazos” está lejos de dar resultados positivos. Por el contrario, varios estudios -y la propia estadística pública- señalan que los asesinatos y desapariciones van en aumento.
El llamado de la madre Santa Teresa fue muy claro: hay que defender la vida en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Además de la indiferencia gubernamental ante la muerte de más de 200 mil mexicanos y la desaparición de casi 100 mil mexicanos, los legisladores -salvo una pequeña minoría- están haciendo todo por legalizar el aborto en todo el país. De los 32 estados de la república, en 14 de los 24 estados que gobierna el oficialismo ya lo han logrado, según un reporte publicado (tabla anexa) por las feministas de Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).
Los congresos estatales dominados por Morena están trabajando para acelerar su aprobación. Adicionalmente, promueven una iniciativa para que la despenalización del aborto pase de las 12 semanas a los 9 meses de embarazo. Algunos no descartan que el propio parto sea el momento de cometer este infanticidio.
En la lógica que nos propone la madre Teresa de Calcuta cómo podemos combatir los homicidios y tanta violencia si está permitido que una madre mate a su propio hijo en el vientre materno con la aprobación de las leyes; o que los hijos maten a sus padres mediante la Eutanasia, que también están promoviendo los países desarrollados en todo el mundo, con el engaño de “muerte digna”; o matando lentamente a los jóvenes con la promoción de adicciones como el “uso lúdico de la mariguana” y otras drogas suaves que inevitablemente conducen a drogas duras, a las que les agregan fentanilo para aumentar su consumo y dependencia.
Esta “cultura de la muerte”, como la denominaba SS el Santo Padre Juan Pablo II está siendo promovida y tolerada por las mismas autoridades que han renunciado a su misión de crear las condiciones para el bien común, a través de leyes contrarias a la vida y de la indiferencia ante la acción de grupos criminales que cotidianamente masacran a la sociedad, la roban, extorsionan, secuestran, envenenan y ejercen diferentes formas de violencia en su contra.
Lejos de asumir la responsabilidad de garantizar la paz y generar condiciones de vida que promuevan el desarrollo y bienestar ciudadanos, propias del Estado, el ineficiente e incompetente gobierno de la 4T también es un factor de muerte al no proveer a los hospitales de medicamentos, instrumental, tratamientos, médicos, enfermeras y equipos necesarios para atender diversas enfermedades como la diabetes, el cáncer; tratamientos para dializar, quimioterapias. Y, peor todavía, obligan a los médicos para llevar a cabo los abortos sin respetar sus propias convicciones, violentando su libertad de conciencia. Los médicos están para salvar vidas, no para destruirlas.
El ascenso de las ideologías autoritarias está imponiendo la cultura de la muerte como solución a los problemas económicos que viven los países, por lo que es necesario llamar a ciudadanos, gobiernos y legisladores a que, más allá de los intereses ideológicos de los partidos, procuren leyes que cuiden y protejan la vida en todas sus etapas, generen ambientes sociales que cuiden y protejan a la familia; brinden los equipos y materiales necesarios para que los médicos hagan valer su juramento de velar, cuidar y ver siempre por la vida; involucren a padres de familia y maestros para que sigan formando y educando a las nuevas generaciones con los valores universales de respeto, justicia, verdad, responsabilidad y que en las escuelas se les brinde a os niños, adolescentes y jóvenes la mejor educación, ya que de ellos depende el futuro de nuestro país.
Decía el padre Jorge Loring en su libro Para Salvarte: “que aunque el gobierno diga que hay una ley que permita a los burros volar, no por eso les saldrán alas…” La misión de las familias es formar a los hijos de tal manera que, aunque el gobierno “permita” cosas contrarias a la dignidad de la persona, ellos no las hagan, apegándose a lo moral y éticamente correcto.
Dice una “ley de oro”: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”; o, entendida de forma positiva: “trata a los demás como quieres ser tratado”. Ésta ley debería ser guías en el pensar y actuar de los gobernantes: si quieres que la gente viva, no promuevas leyes contra la vida (a favor de la muerte). No basta atacar el mal, también es necesario cultivar la virtud. Si quieres la vida promueve leyes que la protejan, procuren, mejoren; que promuevan y respeten la dignidad de las personas y fortalezcan las familias.





