La Virgen de Guadalupe, consolidadora del mestizaje

José de Jesús Castellanos López

La Virgen de Guadalupe, consolidadora del mestizaje
El mestizaje mexicano no fue sólo resultado de la mezcla de pueblos, lenguas y tradiciones. Este artículo propone mirar el acontecimiento guadalupano como un punto decisivo de integración cultural, religiosa y social: una experiencia capaz de tender puentes entre indígenas y españoles y de contribuir, desde el Tepeyac, a la formación de una identidad compartida.

Hablar del mestizaje de la nación mexicana es, ya, un lugar común. Desde el Virreinato numerosos autores de diversas tendencias, han constatado que somos una nación mestiza gracias al proceso iniciado por Hernán Cortés durante la conquista, no solo como padre de Martín Cortés fruto de su relación con la Malinche, además de haber dado como esposas a sus compañeros de expedición a indígenas que le habían sido otorgadas como tributo al inicio de su expedición.

El mestizaje mexicano reconoce no solo las consecuencias de la fusión de españoles e indígenas de diversas procedencias, sino también de los africanos que llegaron a estas tierras y algunos asiáticos, como consecuencia del descubrimiento de las Filipinas.

Se trata, si, de una nota importante, pero no suficiente para explicar la peculiaridad del mestizaje mexicano, ya que no fue aquí el primer y único lugar donde se ha registrado la fusión de diversas razas.

En nuestro caso, además del aporte racial de las diversas tribus que habitaban lo que hoy es México, fue necesario que se generaran diversos vínculos para formar la unidad de la nación, empezando por la lengua. A pesar de que numerosos españoles, principalmente religiosos, se dieron a la tarea de aprender y comprender las lenguas de los pueblos originarios, éstos, para poder comunicarse también tuvieron que aprender el español. Surgió así el español mexicano, con sus mexicanismos, incorporando palabras de origen indígena que forman parte de nuestro modo habitual de comunicarnos. Esto era necesario para que se pudiera dar una integración que, poco a poco, fue dando un sentido de patria a los mexicanos.

La vestimenta también fue adoptando elementos cruzados entre lo español y lo indígena, dando origen a un modo distinto de como se cubrían total o parcialmente los indígenas, vestimentas que hoy se lucen ante el mundo por su originalidad y belleza.

No se diga en cuanto al arte, ciertamente existen muestras del trabajo de orfebrería, el barro, el trabajo de esculturas de caña, el tallado de la piedra, etc. Sin embargo, desde Europa se trajeron artistas, como lo hizo Vasco de Quiroga en Michoacán, que enriquecieron y refinaron sus expresiones en la artesanía y en el aporte que hicieron al arte religioso con el barroco con que se adornaron las iglesias de la Nueva España, donde los artistas indígenas volcaron su creatividad.

Finalmente, la religión común y predominante en las tierras mexicanas, viene a dotar su valor espiritual al mestizaje, al superar las diferencias raciales, con el fundamento de la hermandad entre todos los hombres, al haber sido creados a imagen y semejanza de Dios y redimidos por Cristo, de quien todos somos hermanos. Sin embargo, los primeros diez años de evangelización por parte de los misioneros que llegaron a Nueva España, fueron arduos y de pocos frutos, ya que la idolatría era común en estas tierras.

Todo ello fue generando un modo de entender la vida, generando un estilo propio de expresión como fundamento de una identidad común, generando una cultura propia.

Tú también puedes forjar el bien común - Apoya a Revista Forja
Tú también puedes forjar el bien común - Apoya a Revista Forja

EL PUNTO DE INFLEXIÓN

Pero lo antes descrito no fue algo que en todos sus componentes cristalizara rápidamente. Se requirieron años para que esto adquiriera forma y, aun sigue ese proceso, propio de una sociedad viva que va evolucionando a través del tiempo y generando nuevas respuestas a las necesidades de las distintas épocas y de acuerdo con los aportes que, necesariamente, recibe de fuera.

Sin embargo, por encima de los elementos ya enunciados, se requería un elemento detonante, lo suficientemente fuerte, original y único para que más allá de los esfuerzos que hacían los religiosos como educadores, civilizadores y evangelizadores, estos penetraran en los habitantes de la Nueva España, independientemente de su raza o desarrollo cultural, para vincularlos entre sí y empezar a formar una unidad.

Son numerosos los escritos de muy doctos especialistas que han analizado el ayate de Juan Diego donde quedó plasmada la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Claramente se ha expresado que el hecho guadalupano fue el elemento esencial para la inculturación del cristianismo en estas tierras, ya que contiene lenguajes entendibles para los indígenas y para los españoles, propiciando la unión entre ellos desde la fe.

No es mi propósito añadir nada nuevo sobre la lectura del ayate y de la figura de María contenida en él, que no requirió de traducción alguna para ser comprendida por los indígenas, cuando aún no se había escrito nada al respecto, especialmente el Nican Mopohua, que nos permitió conocer el acontecimiento de ese hecho a quienes carecíamos de la capacidad de “leer” el mensaje del ayate.

Baste recordar que en el centro del mismo se encuentra el “Hahui Ollin”, símbolo de Dios, ubicado en el vientre de María que con su cinta negra nos indica que está embarazada y viene a traernos al “verdadero Dios por quien se vive”. De tal suerte que aparece como la Madre de Dios. Una imagen que no repudian los españoles y la interpretan como una inmaculada. La fuerza de lo ahí contenido es tal, que a ella se le ha mostrado como primera evangelizadora capaz de lograr una inculturación perfecta de la fe en las tierras americanas, que no solo es para México o América, sino que contiene un mensaje universal.

Recordemos algo de lo que el Papa Juan Pablo II dijo en la canonización de Juan Diego en 1990: 

El acontecimiento guadalupano, como ha señalado el episcopado mexicano, significó el comienzo de la evangelización con una vitalidad que rebasó toda expectativa. El mensaje de Cristo a través de su Madre tomó los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo sentido de salvación. Así pues, Guadalupe y Juan Diego tienen un hondo sentido eclesial y misionero y son un modelo de evangelización perfectamente inculturada.

Todo ello en relación con la fe y, por tanto, con la religión. Pero, desde mi punto de vista, desde el aspecto sociológico, que dio origen a la Nación Mexicana, desde el mestizaje, con los elementos ya brevemente señalados, podríamos intentar una visión desde la narración del Nican Mopohua, en el escenario de los hechos:

En primer lugar, Juan Diego que ya en proceso de evangelización por parte de los franciscanos, se traslada a Tlatelolco. Se trata de un encuentro entre un indígena y los españoles que lo evangelizan, en lo que ya es un punto de unión, aún antes de la aparición de la Virgen. Luego, la aparición de la Señora, en un escenario bucólico que eleva el espíritu. Se trata de una bella joven que no es española ni indígena, con un rostro distinto, que independientemente de que sea el de una mujer judía o no, se proyecta ante los circundantes como una muchacha mestiza, y así ha sido reconocida durante siglos. Y pese a esa diferencia, ante la enfermedad del Tío Bernardino, se manifiesta como su madre, que lo acoge y está atenta a sus necesidades, invitándolo a no preocuparse de otras cosas, para que pueda cumplir con la misión que le encomienda.

A pesar de que Juan Diego se resiste, por ser un macehual, ella, al convertirlo en su mensajero, lo dota de una dignidad que él no se reconocía, pues al ser rechazado el mensaje inicial por Fray Juan de Zumárraga, pidiendo una prueba, sugería que se enviara a uno de los muchos servidores de ella con mayor dignidad.

Hay, por tanto, una nivelación social entre Juan Diego, los demás españoles e, incluso, el mismo obispo (aunque Zumárraga apenas era fraile, ya nombrado obispo, pero no consagrado como tal).

Y el hecho de que la Virgen envíe a Juan Diego con Fray Juan de Zumárraga, también pone en el escenario del Hecho Guadalupano a un representante de los hispanos que, además, había sido nombrado defensor de los indios. Del encuentro con el indígena, la Madre, que es común a ambos, se deriva la construcción de la casita donde ella quiere morar. Así el mensaje es muy claro en su propósito de abarcar a todos los habitantes presente y futuros de estas tierras:

“Mucho quiero yo, -dijo a Juan Diego- mucho así lo deseo que aquí me levanten mi casita divina, donde mostraré, haré patente, entregaré a las gentes todo mi amor, mi mirada compasiva, mi ayuda, mi protección. Porque, en verdad, yo soy vuestra madrecita compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra y también de todas las demás gentes, las que me amen, los que me llamen, me busquen, confíen en mí. Ahí en verdad oiré su llanto, su pesar, así yo enderezaré, remediaré todas sus varias necesidades, sus miserias, sus pesares.”

Quedaba evidenciada en esta petición, la esencia del mestizaje, de la unión de todos los habitantes entonces de la Nueva España, y que posteriormente habría de ser recogida como un elemento específico de la nacionalidad mexicana, reconocido por creyentes y no creyentes, pues, desde entonces, su Casita en el Tepeyac, ha sido punto de confluencia, sin discriminación alguna, de todos los mexicanos, y su imagen presente en hogares, talleres, fábricas, oficinas y numerosos templos de todo el territorio mexicano, es un punto de unión inmaterial, pero real de todos nosotros, como hijos de ella, en una comunión identitaria, expresión culminante del mestizaje.

Cita este artículo

Castellanos López, J. de J., (2026, octubre 11). La Virgen de Guadalupe, consolidadora del mestizaje. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-virgen-de-guadalupe-consolidadora-del-mestizaje/

 

Enlace a edición mensual

Revista Forja para el Bien Común núm. 60, septiembre 2026

¿Qué te ha parecido este contenido?

Autor

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp

RECIBE GRATIS LA REVISTA

Suscríbete gratis a nuestro canal en WhatsApp y recibe la revista en PDF cada mes, además de artículos y reflexiones todos los días.

También síguenos en redes sociales y mantente al día con lo mejor de nuestra comunidad.

LEER MÁS

Cristeros: preparados para la tormenta

Cristeros: preparados para la tormenta

Cuando la persecución religiosa se recrudeció en México, encontró un laicado que sabía organizarse, formar, comunicar y actuar. Aquellas capacidades no habían surgido de la noche a la mañana. Detrás había décadas de vida apostólica y un largo proceso de formación, alentado por una Iglesia que supo leer los signos de los tiempos.

leer más
Revista Forja para el Bien Común
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.