La sentencia mejor conocida de Lord John Dalberg-Acton usualmente se traduce como: «El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente», pero la traducción más exacta es: «El poder tiende a corromper, pero el poder absoluto corrompe absolutamente». La segunda no sólo es más exacta en sentido lingüístico, sino también en el sentido real. El poder no siempre corrompe, pero tiende a hacerlo, como acertadamente señala el historiador inglés. Por otro lado, el poder absoluto siempre desemboca en corrupción.
Mucho antes del siglo XIX, cuando Lord Acton vivió, diversas sociedades reconocieron esta relación de poder y corrupción y buscaron formas de evitarla. Dentro de esas formas, posiblemente la más exitosa ha sido la de dividir el poder y otorgarlo a diferentes líderes o instituciones.
La división más frecuente en nuestra era es la de separar el poder religioso del civil y luego dividir el civil entre tres órganos de gobierno: legislativo, ejecutivo y judicial. El sistema funciona, aunque no es perfecto y es difícil de mantener.
La falla más frecuente es que el ejecutivo controle a los otros poderes y se corrompa absolutamente y se constituya en una tiranía. Muchos ejemplos de dictaduras han florecido en América Latina desde su independencia y, en fechas recientes, no únicamente los tiranos tienen poder absoluto de algunos países, sino que han robustecido su control totalitario al unir fuerzas con regímenes similares que se defienden mutuamente.
Para preservar la búsqueda del bien común y limitar la corrupción del gobierno es indispensable mantener la independencia de los diferentes poderes. En los Estados Unidos se ha logrado mantener esta independencia, cuando menos hasta cierto punto. Ahí, el poder judicial depende de los otros dos, sirviendo de contrapeso el uno del otro: el ejecutivo propone jueces federales y el legislativo, específicamente el senado, los aprueba o los rechaza. La independencia judicial depende de que los otros poderes sean realmente autónomos y busquen el bienestar social. Esa libertad de acción se facilita cuando el ejecutivo y el legislativo son controlados por partidos diferentes.
Un partido tiene más altas probabilidades de imponer jueces que simpaticen con sus ideas, si controlan la presidencia y el senado. Hasta 2013 la confirmación de jueces, por parte del Poder legislativo debería hacerse con el 60% de los votos. La ley cambió ese año, cuando los demócratas controlaban la Casa Blanca y el Senado con 52 curules no podían imponer los jueces de distrito que pretendía la administración Obama, entonces cambiaron la normatividad para que se hiciera por mayoría simple.
Este cambio les resultó contraproducente a la larga, pues gracias a él, el presidente Trump logró imponer una mayoría conservadora en la Suprema Corte del país y numerosos jueces de distrito en los años en que los republicanos controlaron las dos partes del proceso de elección judicial. Desde enero de 2020, los demócratas tienen el ejecutivo y 51 senadores, contra 49 republicanos y han tenido sólo una oportunidad de nombrar un juez en la Suprema Corte, remplazando al juez Breyer por la juez Brown-Jackson, ambos de línea liberal.
Los demócratas han considerado aumentar el número de jueces en la Corte Suprema para imponer una mayoría liberal, pero parece que aprendieron la lección con el revés de 2019 cuando se nombró un sexto juez conservador gracias al cambio que impusieron en 2013.
En noviembre de 2024 se elegirá presidente, la totalidad de la Cámara de Representantes y 34 senadores. Por lo antes dicho, la elección del Senado es tan importante para el Poder Judicial, como lo es la elección de presidente; y para limitar la corrupción en el gobierno.
Hay 11 republicanos que buscan la reelección. Nueve se consideran asientos muy seguros y los otros 2 probables. De los 23 asientos que los demócratas controlan directamente, o por coalición, hay 14 que se consideran seguros y 7 probables. Las encuestas favorecen fuertemente que el senador de Virginia del Oeste pasará a ser republicano. La elección senatorial de Montana es la que determinará si los republicanos tienen mayoría 51-49, o si hay 50 senadores de cada partido o coalición. En este último caso, la mayoría sería del partido al que pertenezca el vicepresidente, pues una de las pocas funciones específicas del vicepresidente es la de decidir los votos empatados en el senado. A finales de septiembre, los republicanos tienen ligera mayoría en las encuestas electorales por el asiento senatorial de Montana y pudieran controlar el senado por los próximos dos años.
Regresando a Lord Acton, la siguiente parte del Dictum de Acton es menos conocida, pero no menos cierta: «El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre hombres malos…» Pocas cosas son tan importantes para los que luchan por la mejoría social que evitar que el poder absoluto quede en manos de «grandes hombres”.





