¡Comparte con tu red!

El destino nos alcanzó

por | Economía

El Valle de México, donde se ubica la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM), que corresponde a la CDMX y 59 municipios conurbados del Estado de México, se conocía en la época precortesiana como el “Anáhuac”, que en náhuatl significa “lugar junto al agua”. Hoy de los rios, lagos y manantiales no queda nada.

Existían cinco grandes lagos que en temporada de lluvias conformaban uno solo con una superficie de 2000 Km2. La historia la conocemos; en un afán desmedido por ocupar tierra, se desalojó toda el agua superficial.

La existencia de esta zona lacustre se debió a dos factores: es una cuenca cerrada con lluvia promedio de 720 mm al año y el suelo es fundamentalmente arcilloso, lo que lo hace impermeable. Por esta razón el Anáhuac era un hermoso valle lleno lagos y rodeado de bosques.

Actualmente, el Anáhuac, ya no existe, desapareció. Toda la superficie ha sido urbanizada en un crecimiento anárquico, desmedido y absurdo. Hemos creado una extensión inmensa de asfalto y cemento.

Como penitencia a esta serie de sinrazones, vivimos la más terrible paradoja del mundo. La lluvia que teníamos hace 500 años es la misma de hoy. En la ZMCM la precipitación anual se estima en 6,800 millones de m3.

Si nos preguntamos a que equivale esta cantidad de lluvia, es como si vaciáramos en la ZMCM toda la presa Mal Paso en solo los cuatro meses de la temporada. Esta presa del sistema hidroeléctrico del Grijalva, es la segunda más grande del país.

Este volumen de lluvia corresponde a tres veces el consumo de agua para todos los usos de la ZMCM. Es decir, no necesitaríamos extraer agua de los acuíferos, ni traer agua de Lerma y Cutzamala.

De esta enorme cantidad de agua que nos traen las lluvias, no aprovechamos NADA.

Se estima que el 70% se evapora en poco tiempo debido precisamente al crecimiento desordenado que ha ocupado áreas de recarga, agrícolas y de reserva ecológica. Al cubrir la superficie de cemento, un 20% escurre aceleradamente, ocasionando graves inundaciones y solo el 10% restante, se infiltra en las pocas áreas verdes y bosques que sobreviven.

Esta situación de por sí catastrófica, se suma al fenómeno del cambio climático que está ocasionando sequías más graves de las últimas décadas. En México, es el tercer año consecutivo clasificado como “año seco”. Los huracanes recientes que han provocado lluvias en varias regiones del país, no resolverán la crisis provocada por la sequía.

Según datos de la Conagua, los niveles de presas en el país en promedio están por debajo del 50%. Muchas incluso, como sucede en el Bajío, están prácticamente secas. Las presas de Cutzamala, que son indispensables en el abastecimiento de agua potable para ZMCM, están en 38%, cuando en esta época del año, deberían estar en 70%.

Hay que tomar en cuenta que, una vez terminada la temporada de lluvia, lo cual ocurre en el mes de octubre, iniciará un estiaje hasta la próxima temporada en julio del siguiente año.

La aportación de agua del Sistema Cutzamala, estaba en el orden de los 470 millones de m3 por año y ahora, después de la última reducción, está en 378 m3, lo que representa una reducción del 20%.

Por otra parte, la sobreexplotación de los acuíferos en la ZMCM, se encuentra en una situación crítica ya que, durante mucho tiempo se ha venido extrayendo mucho más volumen que la capacidad de recarga de los mismos. Actualmente se extrae agua a 400 metros de profundidad y el nivel estático de los acuíferos desciende 2 metros por año.

Los sistemas Cutzamala y Lerma, representan el 30% del abastecimiento de agua de la ZMCM, el 70% restante, lo aportan los acuíferos de agua subterránea. De seguir así, en poco tiempo perderemos la principal fuente de abastecimiento de agua de una metrópoli con 22 millones de habitantes.

Esta situación puede llevarnos a un colapso de consecuencias inimaginables. Considerando que somos una de las metrópolis más pobladas del planeta y que además aquí se encuentra la Capital de la República y la Sede de los Poderes Federales, la pérdida de las fuentes de agua potable de la ciudad, representaría una catástrofe inmanejable y desde luego, la quiebra del país.

Se requiere un cambio radical en la política hídrica; especialmente en la ZMCM; declarar la emergencia nacional por la grave crisis que vivimos, establecer una hoja de ruta de corto y largo plazo, con los proyectos, acciones y financiamiento necesario, para evitar la catástrofe en la que, no quiero ni pensar.

Suscríbete a Revista Forja en WhatsApp

Suscríbete grátis a Revista Forja

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp (más privado que un grupo) y recibe cada mes la revista en PDF y artículos como este cada semana.

Autor