Día Mundial del Agua

José Luis Luege Tamargo

Día Mundial del Agua
Estamos muy lejos de cumplir los objetivos que se plantearon en 1992 al establecer este Día Mundial del Agua. Urge un cambio radical en políticas públicas, mayor presupuesto, inversión privada y mucha participación de la ciudadanía.

Hace unos días conmemoramos el Día Mundial del Agua. Esta fecha fue establecida en 1992 por la Asamblea General de Naciones Unidas en el marco de la “Cumbre de la Tierra” de Río de Janeiro, Brasil. El objetivo de esta decisión fue crear a nivel mundial, mayor conciencia sobre el cuidado y el uso eficiente del agua. A 32 años de este acontecimiento tenemos que preguntarnos si realmente ha mejorado o no nuestra conciencia sobre el buen uso del agua. 

El agua es abundante en la naturaleza. Dos terceras partes de la superficie de la tierra están cubiertas por agua. Del volumen total, el 97.5% se encuentra en los océanos con gran cantidad de sales disueltas. El otro 2.5% es agua dulce; 1.5% corresponde a vapor y hielo que se localiza en los glaciares de las altas montañas y en los polos del planeta. El Calentamiento Global está provocando cambios dramáticos con la pérdida de grandes cantidades de glaciares, afectando el equilibrio ecológico de la Tierra. Finalmente, el 1% del volumen total de agua corresponde al agua dulce “disponible” es decir, a la tenemos acceso tanto subterránea como superficial, para los distintos usos de la humanidad. 

Aquí es donde está el problema. La población mundial ha tenido un crecimiento muy importante en las últimas décadas y por lo mismo la demanda de agua creció en la misma proporción de tal suerte que hoy, millones de personas en el mundo sufren por falta de agua potable para cubrir sus necesidades básicas y desde luego para las actividades productivas. 

El mayor impacto directo del Cambio Climático es en los ciclos hidrológicos que nos están llevando cada vez, de manera más radical, a eventos extremos: por una parte, sequías excepcionales y por la otra, ciclones de gran magnitud y poder destructivo. Los huracanes son fenómenos naturales y en realidad grandes transportadores de agua que por temporada ofrecen grandes beneficios. Pero por efecto del Cambio Climático, los huracanes adquieren proporciones que provocan muertes y destrucción. 

México es un país con importantes reservas de agua. En nuestro país, la precipitación media anual es de 720 mm de agua. Esto equivale a una inundación de casi un metro de altura en todo el territorio de la República. Sin embargo, tenemos grandes contrastes. En estados del sur – sureste, la lluvia es hasta 15 veces mayor que en el norte. Hay regiones en el noroeste de México donde prácticamente no llueve. Dos terceras partes del territorio nacional se clasifica como  semiárido.  

La disponibilidad de agua en México ha caído en una proporción muy preocupante. A nivel mundial y el sector hídrico del gobierno federal representado -el siglo pasado- por la gran Secretaría de Recursos Hidráulico y hoy por la Comisión Nacional el Agua (CONAGUA), miden la disponibilidad de agua en metros cúbicos por habitante por año. Es una cifra relativa porque está en función del crecimiento de la población. 

En los años 50s del siglo XX, México tenía una población de 25.8 millones de habitantes y una disponibilidad aproximada de 18,000 m3/hab/año. El censo de población de 2020 registró 126 millones de habitantes y la CONAGUA estableció la cifra de disponibilidad de agua en 3,500 m3/hab/año. 

Vemos que se trata de una proporción inversa directa, es decir: la población creció 500%   y la disponibilidad disminuyó también un 500%. Cualquiera puede decir que eso es totalmente normal pero, si aceptáramos esa lógica, muy pronto la disponibilidad sería CERO. 

Países de Europa, Sudamérica, Estados Unidos y Canadá, mantienen estable su disponibilidad gracias a un uso más eficiente del agua. Sus poblaciones crecen y también su productividad sin embargo mejoran en cuanto a disponibilidad de agua. La respuesta está en mejorar la tecnificación en los distintos usos y un manejo racional. Por ejemplo: el sector agrícola en estos países consume por debajo del 40% del volumen total. 

México es un país de uso extensivo de agua en la agricultura. Según cifras de CONAGUA, la agricultura consume 75% del agua dulce tanto superficial como de acuíferos. El uso público urbano (doméstico y comercial) 15%, el industrial 5% y la generación eléctrica 5%. 

Por esta razón, la política pública prioritaria en materia hídrica debería ser la tecnificación de la agricultura y la correcta selección de cultivos de mayor valor agregado y menor consumo de agua. El segundo objetivo debe enfocarse en la mejora de eficiencia de los organismos operadores de agua municipales que lamentablemente la mayoría, se encuentran quebrados. 

Si hacemos una reflexión objetiva sobre el desarrollo de México en materia de agua, desde la declaratoria del Día Mundial del Agua en 1992 a la fecha, tendremos que reconocer que nuestro desempeño ha sido muy deficiente e incluso irresponsable. El problema principal radica en la mala aplicación de políticas públicas por parte de los tres órdenes de gobierno. El pésimo resultado en temas de agua radica en cuatro aspectos muy graves que debemos corregir:  

1) Planeación: La planeación hídrica requiere visión de largo plazo y visión de cuenca. No pude solo establecerse planes para tres o seis años; se requiere una Agenda del Agua de largo plazo, con hoja de ruta, programas, acciones e inversiones que, independientemente de cambios de gobierno, tenga continuidad.  

2) Continuidad: En México cada tres años a nivel municipal o seis años a nivel estatal y federal, se quiere “inventar el hilo negro”, no tomar en cuenta la administración anterior y de esta manera se frenan programas y proyectos que, por su importancia y complejidad, sobrepasan las administraciones de un gobierno. 

3) Ordenamiento Ecológico Territorial: Existe un Programa Nacional de Ordenamiento Territorial que establece condiciones para los programas de desarrollo urbano estatal y municipales y de cualquier actividad económica, de acuerdo a la vocación del uso del suelo. Sin embargo, este programa no se respeta en la mayoría de los casos. Podemos constatar en todo el país asentamientos humanos en áreas de conservación, zonas de recarga de acuíferos, bosques, selvas, humedales, áreas inundables y zonas federales. Esta situación por una parte pone en riesgo los ciclos naturales hidrológicos al destruir el bosque por ejemplo o impedir a recarga de los acuíferos. Además, los servicios tanto de abastecimiento de agua potable como de saneamiento, se complican para los organismos operadores municipales. 

4) Inversión: la Agenda del Agua con visión de largo plazo, debe establecer las acciones y obras de infraestructura necesarias para lograr la sostenibilidad del recurso en el futuro.   Esto a su vez, se asocia a las inversiones requeridas para alcanzar los objetivos. En las dos últimas administraciones federales, la inversión en agua ha caído fuertemente. Los programas para mejorar la eficiencia en la agricultura y en los organismos operadores municipales se redujeron en un 80% y la inversión directa en infraestructura la llevaron prácticamente a CERO. Por otra parte, se ha satanizado la inversión privada en agua, diciendo que no se debe “privatizar” el recurso. Esto es totalmente falso. La participación privada en este momento es fundamental y puede ayudar eficazmente a mejorar nuestro desempeño como país. 

Estamos muy lejos de cumplir los objetivos que se plantearon en 1992 al establecer este Día Mundial del Agua. Urge un cambio radical en políticas públicas, mayor presupuesto, inversión privada y mucha participación de la ciudadanía. 

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