De la doctrina a la acción católica

Alejandro Cravioto Lebrija

De la doctrina a la acción católica
Desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días, los Papas han creado un impresionante “corpus doctrinal”, sistemático, continuo y coherente, basado en la Verdad del Evangelio, que abarca todas las materias y aspectos que afectan la vida de las personas, la familia y la sociedad.

1880-1917 ACONTECER DE LA DOCTRINA Y ACCIÓN CATÓLICA

Ese conjunto de normas, definiciones y directrices, dirigidos a los católicos y hombres de buena voluntad, han marcado el quehacer de la iglesia en el mundo. Resultaría imposible comprender los alcances, así como el desempeño y afanes apostólicos de los laicos mexicanos de finales del siglo XIX y principios del XX, sin una referencia a esos principios de doctrina pontificia y su impacto social y político en México.

Superado el conflicto de la Santa Sede con la República italiana y con la pérdida de los territorios pontificios, que marcó el paso del poder temporal del papado a uno exclusivamente espiritual; la definición del dogma de la infalibilidad papal en el Concilio Vaticano I (1869-1870), las letras pontificias expresan la preocupación por el proceso que se estaba viviendo en Europa y particularmente en México y en Italia en el segundo medio del siglo XIX; aquí las Leyes de Reforma de 1857, la Ley Juarez y la Ley Lerdo; allá el movimiento de unificación o “Risorgimiento”; ambas con el objetivo de formar estados liberales, laicos y “modernos” en un claro formato anticlerical.

MÉXICO, MEDIO SIGLO DE LEGISLACIÓN LIBERAL

En México, innumerables cofradías, auténticos cuerpos intermedios u organismos de la sociedad civil, y multitud de bienes comunales de propiedad indígena avalados con Cedulas Reales, algunos desde el siglo XVI, fueron despojados de sus bienes por la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos de 1859, quedando la Iglesia y las comunidades al margen de la educación de la juventud, de los procesos de la vida: el nacimiento, el matrimonio, la muerte; así como la extinción de órdenes y votos religiosos, todo ello sustentado en una legislación atentatoria de la propiedad y la libertad religiosa.

LOS PRINCIPIOS DE DOCTRINA

En noviembre de 1885, con la proclamación de la encíclica INMORTALE DEI el Papa León XIII, define la constitución de los estados y el origen divino de la autoridad, al afirmar que “el hombre está naturalmente ordenado a vivir en comunidad política… ya sea en la doméstica, ya en la civil, única capaz de proporcionarle lo que basta a la perfección de la vida.”

Además, proclama el principio de autoridad política como algo indispensable a toda sociedad para encaminarla hacia la consecución del Bien Común: “En lo civil y político, afirma, las leyes se enderezan al bien común y se dictan, no por la pasión y el criterio falaz de las muchedumbres, sino por la verdad y la justicia”.

El Papa afirmó “…se ha formado una costumbre y tendencia de quitar a la Iglesia o tenerla atada y sujeta al Estado. Las leyes, la administración pública, la enseñanza laica de la juventud, la incautación de los bienes… todo a fin de sofocar la libertad de la iglesia y triturar sus derechos”.

Llama, también, a la acción organizada de los católicos en la política: “interesa al bienestar público que los católicos cooperen con inteligencia en la administración municipal… abarcando en su acción al mismo Estado… no querer participar en la cosa pública sería tan reprensible y malo como el no aportar al bienestar comúnlos católicos están obligados a cumplir en conciencia e íntegramente con su deber”. Ya que “poseen justas razones para intervenir en la vida pública.

Con el triunfo de la ideología liberal y el desarrollo del sistema capitalista, tanto en Europa como en América se genera a finales del siglo XIX una clase social emergente, hasta ese momento inexistente: el proletariado. Una multitud de obreros y familias desheredadas y explotadas; a esta situación se le llamó: “la cuestión social”, entendida no solo como problema económico, sino también con evidentes connotaciones de orden moral.

León XIII alzó la voz en defensa de los obreros con un documento que será un parteaguas en la Doctrina Social de la Iglesia: la encíclica RERUM NOVARUM, de mayo de 1891. En ella se refiere al “angustioso presente y las causas del malestar”, “ha sucedido, dice, hallarse los obreros entregados, solos e indefensos a la inhumanidad de sus amos y la desenfrenada codicia… las obras y el comercio de todas las cosas están en manos de unos cuantos opulentos hombres riquísimos que han puesto sobre los hombros de la multitud innumerable de proletarios un yugo que difiere poco del de los esclavos”.

Al tiempo que denuncia la “doctrina socialista, que exita en los pobres el odio a los ricos y propugna por la supresión de la propiedad privada”. Llama a los patrones a “respetar la dignidad de la persona humana y a no abusar de los hombres como si no fuesen más que cosas”.

Exige el pago de salario justo y compartir los bienes con los semejantes. Invita a una reforma moral recordando que “lo que más eficazmente contribuye a la prosperidad de un pueblo, es la probidad de las costumbres, la rectitud y orden en la constitución de la familia” y llama a los que gobiernan a “aliviar la suerte de los proletarios”.

Deben proteger a la comunidad y a los individuos, ya que la protección o custodia del público bienestar es el fin único, la razón total de la soberanía que ejercen (los políticos), “porque la administración de la cosa pública es por su naturaleza ordenada, no a la utilidad de los que la ejercen, sino a la de aquellos sobre quienes se ejerce”.

Invoca, finalmente el derecho de los obreros de asociarse para la defensa de sus intereses y de la conformación de sindicatos.

A León XIII lo sucede el Papa (San) Pio X, quien continúa con las enseñanzas sociales en la línea de su predecesor. En junio de 1905 en la encíclica “IL FERMO PROPÓSITO” sobre la Acción Católica, afirma: “La Iglesia propaga el reino de Dios: ´Omnia Instaurare in Cristo´: Restaurarlo todo en Cristo, fue su lema, “no solo cuanto pertenece a la misión de la Iglesia… sino también la civilización cristiana, con todos y cada uno de los elementos que la constituyen”. introducir de nuevo a Jesucristo en la familia, en la escuela, en la sociedad y velar por los intereses del pueblo y de la clase obrera”.

Los laicos están “llamados a dirigir, han de ser católicos a toda prueba. La Acción Católica debe emprender obras morales y materiales de trascendencia socialadecuadas a las necesidades de la sociedad, conforme a los intereses morales y materiales especialmente del pueblo y de las clases desheredadas”. La Acción Católica deberá buscar la solución práctica, conforme a los principios cristianos, de la cuestión social… para este fin han de agruparse y solidarizarse todas las obras católicas.

Por último, el Papa llama a “…tener parte directa en la vida política del país por medio de la representación popular en las Cámaras legislativas… con la obligación de prepararse cuerda y seriamente para la vida política… en los empleos públicos desempeñándolos con el firme y constante propósito de promover, según su posibilidad, el bien social y económico de la patria y del pueblo”.

DE LA DOCTRINA A LA ACCIÓN CATÓLICA

El gobierno porfirista fue de tolerancia y para la Iglesia oportunidad de reconstrucción: se fundaron diocesis nuevas y no se aplicó la legislación persecutora de 1857. En el magnífico ensayo “El pensamiento político y social de los católicos mexicanos, 1867-1914”, del Dr. Jorge Adame Godard, afirma que 1892 fue un año coyuntural en México. Porfirio Díaz se reeligió por tercera vez, con una marcada participación en su gobierno de liberales denominados “los científicos”; “el Partido Conservador había muerto y se perfila una generación de jóvenes que “manifestaban ideas nuevas, principalmente, respecto a la llamada Cuestión Social”.

Esos jóvenes intelectuales, auténticos apologetas, defensores de las libertades se habían formado en centros educativos y seminarios en donde se estudiaban las encíclicas y los errores de “la filosofía moderna”, así como la Doctrina Social de la Iglesia. Anacleto González Flores, Efraín González Luna, Miguel Palomar y Vizcarra, Jesús Guisa y Acevedo y Trinidad Sánchez Santos, por citar solo algunos.

 “Los viejos conservadores, afirma Adame, habían abierto, después de su derrota militar y política, un nuevo camino: la acción social, en vez de la acción política”. En 1912 fundaron el Partido Católico Nacional, con la idea de promover reformas políticas, sociales y económicas “a fin de remediar las injusticias y desórdenes que habían producido 50 años de política liberal en México”.

Las encíclicas fueron ampliamente difundidas en los medios católicos, periódicos y revistas, y comentadas en círculos de estudio. De estos documentos, se “deducían los principios esenciales de la política cristiana”.

El mismo Anacleto González Flores, en su Semanario La Palabra, comenta y transcribe la Rerum Novarum, ya que “en ella, expresa Anacleto, se encuentran los principios luminosos que señalan el rumbo hacia donde han de caminar todas las clases sociales y el remedio de los dolores que padecen las sociedades modernas.”

Bajo estas enseñanzas, el naciente catolicismo social mexicano, tendrá posiciones más definidas y actitudes de mayor participación social y política, asumiendo una postura más clara y beligerante. En palabras de Mariano Cuevas S. J., “la Iglesia mexicana del primer decenio del siglo XXcreció en proporción geométrica: México llegó a sentirse de nuevo país católico”.

El 3 de mayo de 1911 se funda el Partido Católico Nacional, instrumento idóneo para la acción social y política de los católicos, orientados e inspirados por el jesuita Bernardo Bergüend en el “Proyecto de la Unión Político-Social de los Católicos Mexicanos” afirmaba: “emprender una acción social de tal naturaleza que disminuya las causas permanentes de miseria y de injusticias que aquejan a nuestro pueblo… pero como la acción social poco podría sin la legislación social y la legislación no se alcanza sin la acción política, nos lanzaremos sin miedo al campo de batalla político”.

Para el estudio, difusión y aplicación de los principios de doctrina social cristiana en la realidad mexicana, se recurrió a la realización de congresos católicos y semanas sociales. El primer Congreso Católico Mexicano, se realizó en Puebla, en 1903, el objetivo era “reunir a todos los dirigentes católicos del país, en una acción común para la protección y defensa de los intereses sociales religiosos e impulso de las obras católicas… dentro de los términos de la ley civil y en la esfera del apostolado laico”; los congresos Agrícolas para “procurar los medios prácticos de mejorar la situación moral y material de los obreros del campo”; la Primera Semana Católico Social, así como la Gran Jornada Social del Partido Católico Nacional en Jalisco en 1913.

Toda esta actividad llevó a la creación de uniones y sindicatos de obreros católicos, Confederación Nacional de Círculos de Obreros, asociaciones de damas católicas. La Unión Popular, la ACJM y los centros de estudio fundador por Anacleto en Jalisco, el Partido Católico, la Corporación de Estudiantes Universitarios, instituciones de beneficencia, mutualistas, fondos de ahorro, cooperativas, en fin, una multitud de organismos inspirados en la doctrina social cristiana, todos ellos con el fin de impregnar de valores a la sociedad, para que sea más justa, más humana y cristiana.

Lamentablemente, la violencia y destrucción de 1910 a 1929 generados por la Revolución Mexicana y la Cristiada, así como la Constitución de 1917, echaron por tierra buena parte de todo cuanto se había logrado.

“La Doctrina Social Católica, concluye Adame, fue la doctrina social que más contribuyó a formar en México, lo que ahora llamamos conciencia social”, tan es así, que, la influencia del catolicismo social y algunas de las conclusiones de los congresos católicos, obreros y agrarios, quedaron plasmadas en casi todas las fracciones del artículo 123 de la Constitución”, Esto hizo que, en materia laboral, la Constitución de 1917 fuese, en su momento, una de las más avanzadas del mundo.

Cita este artículo

Cravioto Lebrija, A., (2026, mayo 23). De la doctrina a la acción católica. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/de-la-doctrina-a-la-accion-catolica/

 

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