Enrique Ernesto Shaw: empresario visionario

«La empresa debe ser productiva, debe contribuir al uso racional de los bienes de la tierra: se aplica también a ella la parábola evangélica de los talentos. Todos los ‘talentos’ que colaboran en ella deben ser utilizados de tal manera que contribuyan al desarrollo y la armonía de la sociedad de la que forma parte; no sólo el dinero -talento peligroso pero poderoso- sino también el ser humano, que ofrece, incluso desde el punto de vista económico, la mayor capacidad de rendimiento, ya que contiene en su interior ¿Es una semilla espiritual de posibilidades casi ilimitadas?»

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