La Malinche

Jaime Aviña Zepeda

La Malinche
Una mujer notable en la historia es sin duda doña Marina, “Malintzin”, la Malinche, que pese a su legado ha sido vituperada como traidora; incluso el diccionario de la lengua española menciona "malinchismo" como adjetivo para señalar a quien muestra apego al extranjero con menosprecio de lo propio.

El 8 de marzo se celebra el día internacional de la mujer, proclamado por la ONU, en 1975, con el objeto de propiciar la igualdad de la mujer respecto al hombre, suponiendo la existencia oficial de superioridad masculina en todos los ámbitos, especialmente en lo político, pero sin dejar de mencionar el terreno laboral, la academia y múltiples campos cerrados para la mujer a lo largo de la historia. En México, la presidenta lo celebró en un recinto militar -el Campo Marte- rodeada mayormente de mujeres militares destacadas en las fuerzas armadas del país.

Es notorio que el actual gobierno mexicano está haciendo lo imposible por destacar algunas mujeres que compartieron con sus maridos parte de la historia de México; pero lo hace sin agregar el apellido del marido. Los casos más notables son el de Margarita Maza de Juárez, que ahora aparece como Margarita Maza Parada, y el Josefa Ortiz de Domínguez, que ahora es Josefa Ortiz Téllez-Girón. No sé a ustedes qué les parezca, pero creo que no le hace mucho bien a la memoria de tan distinguidas representantes de las mujeres de la Independencia y la Reforma.

Mucho hay que decir de personalidades como sor Juana Inés de la Cruz, Leona Vicario durante la guerra de Independencia; Rosario Castellanos, escritora y diplomática; Eulalia Guzmán, la primera mujer en el campo de la arqueología en México; Julieta Fierro, astrónoma y profesora universitaria; y -por ser médico como yo-, tengo que mencionar a la Dra. Matilde Montoya, primera mujer en México en recibirse como médico, abriendo paso a las que le siguieron, de tal manera que hoy en las escuelas de medicina predomina el sexo femenino.

Pero una mujer notable en México es sin duda doña Marina, “Malintzin”, la Malinche, que ha sido vituperada como traidora; incluso el diccionario de la lengua española menciona malinchismo como adjetivo para señalar a quien muestra apego al extranjero con menosprecio de lo propio.

Durante mucho tiempo se extendió este adjetivo, y la leyenda negra continua hasta nuestros días, lo que a mi juicio es una gran injusticia, para la madre del primer mestizo reconocido, Martin Cortes.

Si tenemos que definir al mexicano de hoy, tiene que ser como mestizo, independientemente de que haya algunos más blancos y otros más morenos (las denominaciones de castas usadas durante la Colonia no son válidas hoy en día).

La Leyenda negra sobre la Malinche -como traidora a su pueblo- no tiene base sólida. Si leemos a Bernal Díaz del Castillo, ubicaremos el nacimiento de doña Marina a finales del siglo XV, principios del siglo XVI -entre 1499 y 1501-. 

Hija de caciques en un pueblo llamado Painala o Copainalá -el historiador Gómez de Orozco la ubica como hija de una “señora de vasallos y estados”-, su nacimiento se ubica en una región fronteriza entre los territorios maya y náhuatl lo que explica el dominio posterior de ambas lenguas. 

A la muerte de su padre y el nuevo matrimonio de su madre, resultó incómoda para su padrastro, por lo que fue vendida a un grupo de traficantes de esclavos proveniente de Xicalango; y tras una guerra entre los mayas de Potonchán y los mexicas de Xicalango, Malintzin fue entregada como tributo al cacique maya de Tabasco.

El 14 de marzo de 1519, después de la batalla de Centla, 20 mujeres le fueron regaladas a Hernán Cortés, una de ellas era Malintzin, que después de ser bautizada (Marina) junto a sus compañeras, fue entregada por Cortés al capitán Alonso Hernández Portocarrero, uno de los más reconocidos compañeros del grupo de Cortés, que además pertenecía a la realeza, solo que después fue enviado a España como emisario ante Carlos I dejando a doña Marina como intérprete del idioma español frente a los mayas y los mexicas, pero también como faraute (mensajera), enlace diplomático y político, para dar a conocer a los españoles los usos y costumbres sociales y militares de los diferentes pueblos que se fueron asociando a Cortés para liberarse del vasallaje azteca y de los tributos humanos que les exigía para ser sacrificados a sus dioses; además de expoliar la riqueza de los pueblos sometidos a la primacía de los mexicas.

Se debe a doña Marina el convencimiento de los diferentes tributarios que se sumaron a Cortés en la epopeya de la conquista de Tenochtitlan (México aun no existía, pero sí el imperio mexica) que según Bernal Díaz del Castillo, no hubiera sido posible sin doña Marina entender las lenguas indígenas.

Se debe a doña Marina el escape de la emboscada de Cholula, en la que iban a ser masacrados los soldados de Cortés -no hay traición a los suyos, pues se trataba de librar el vasallaje-. El Historiador López de Gómara va más allá, menciona que Cortés quería a doña Marina como faraute y secretaria; que intervino en los diálogos con los indígenas para informar sobre las estructuras sociales, políticas y militares, conocimiento indispensable para los proyectos de Cortés.

En la quinta carta de relación, se refiere Cortés al viaje a las Hibueras señalando que doña Marina -la lengua, faraute y secretaria- es el intermediario dominante en el circuito de la información donde aconteció la conquista. La expresión de Cortés en dicha carta es “la lengua que yo tengo, una india de esta tierra”.

Tras la caída de Tenochtitlan y el nacimiento de su hijo Martin Cortés, doña Marina se instaló en Coyoacán en una casa que le construyó Cortés. Recibió también ricas encomiendas auríferas en Jilotepec; casada con Juan Jaramillo, tuvo una hija y su esposo fue alcalde de la ciudad, hasta 1529, año en que en una epidemia de viruela se contagió y murió.

El impacto histórico de doña Marina es motivo de discusión y critica hasta nuestros días, pero su impacto en la fundación de México es indiscutible, y hay que ubicarla en su tiempo y sociedad para un juicio más correcto y descartar el malinchismo.

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Aviña Zepeda, J., (2026, abril 25). La Malinche. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-malinche/

 

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