¡Habrá un santo de la frontera México-EE.UU!

Hector Zepeda H.

¡Habrá un santo de la frontera México-EE.UU!
Hasta el 11 de noviembre de 2025, muy poca gente había oído hablar del Padre Richard Thomas SJ. Ese día, en la reunión de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés) los obispos norteamericanos aprobaron, con una enorme mayoría de votos, que se continúe con el proceso de beatificación y eventualmente de canonización de este sacerdote.

El padre Thomas era poco conocido fuera de la frontera México-Americana, especialmente en Ciudad Juárez, Chihuahua, El Paso, Texas y Las Cruces, Nuevo México. Esta región es árida, bastante pobre, y habitada por gente abierta, honesta y de buen corazón. Desde antes de su muerte, esta comunidad había identificado al Padre Thomas como un hombre de Dios, entregado a ayudar a los desamparados y a los pobres, junto con un inquebrantable deseo de evitar que niños fueran abortados.

La narración que sigue se basa en los libros que se detallan abajo y en testimonios de algunos de sus colaboradores cercanos. La vida de Richard Thomas estuvo marcada por una serie de eventos poco usuales, algunos probablemente milagrosos.

Primero, su vocación no parece haber sido el resultado de un evento sobrenatural que lo hubiera “tirado del caballo”, sino que fue, en parte, el resultado de su educación en escuelas católicas en su natal Florida. Sin embargo, el factor principal de su decisión de entrar al seminario a los 16 años, fue el resultado de que estaba convencido de que, de alguna manera había oído de que Dios lo quería ahí.

El padre del futuro sacerdote no era católico, así que respondió a la decisión de su hijo, alejándose emocionalmente de Richard y causando un persistente dolor al joven Thomas, que duró por años. Otra fuente de frustración fue saber que no podría seguir la carrera que anhelaba: domador de caballos.

Ya dentro del seminario, Richard sirvió a comunidades afro-americanas en Alabama y aprendió de la injusticia causada por la discriminación en la que los ciudadanos de color vivían en los años 50s y 60s.

En 1964 se ordenó sacerdote jesuita y al poco tiempo fue asignado a trabajar en el Centro Juvenil de Nuestra Señora en El Paso, Texas (Our Lady’s Youth Center u OLYC). Tras algunos años de trabajo centrado en la promoción de justicia social, fue invitado a participar en el movimiento carismático.

Esa experiencia cambió su vida y decidió unir su trabajo pastoral con los marginados desde la perspectiva de la renovación en el Espíritu Santo. Así comenzó el trabajo que se extendió por el resto de su vida, iniciando con la formación de un grupo de intenso estudio bíblico.

En 1972, en una reunión del grupo bíblico, se leyó a San Lucas (14, 12-22) en el que Jesús le pide que al hacer una fiesta no inviten a sus parientes, amigos o vecinos ricos, sino a los que no les pueden pagar: a los pobres, a los lisiados, y a otros desamparados.

El grupo decidió seguir esta indicación evangélica y organizaron su fiesta navideña con los habitantes del basurero municipal de Ciudad Juárez. Había dos grupos antagónicos de recogedores de basura y no entendían que estaba pasando. Les explicaron que no les llevaban comida, sino que iban a compartir la cena de navidad de los voluntarios con ellos. No era darles limosna, sino compartir con espíritu cristiano. Resultó en que la asistencia a la celebración no fue de las 120 personas calculadas, sino de más de 300.

De alguna manera las bolsas de tamales tenían más de los que habían puesto, los galones de atole no se acababan, los niños se llevaros dulces a manos llenas. El jamón se cortaba y no se acababa y los burritos nunca se terminaron. Al final, la comida fue suficiente para los presentes, incluyendo los voluntarios de la OLYC y los que hicieron una segunda vuelta. De lo que sobró se pudo compartir la comida con tres orfanatorios de la ciudad.

Así como la comida se multiplicó, también se multiplicaron sus obras a favor de los pobres y los más desvalidos. Fundó un banco de comida, un programa de asistencia a los presos, un programa para los enfermos mentales, una clínica para atención médica, un rancho para retiros y atención a niños y jóvenes, y realizó muchas acciones para salvar la vida de muchos niños amenazados por el aborto, lo cual le causó tener que pisar la cárcel en varias ocasiones.

El milagro de la “multiplicación de los burritos” es solamente el episodio más famoso de la vida del Padre Thomas, pero está lejos de ser el único. Composturas inexplicables de autos descompuestos cuando tenía que llegar a una cita, pescas en días y horas que no eran propicias, libertad cuando lo juzgaban por evitar que se realizaran abortos, y muchos otros eventos salpicaron su vida diaria. Hay varios artículos publicados que narran algunos de esos pasajes.

Voy a concentrarme en mi limitada interacción con el Padre. Debo confesar que no he entendido bien al movimiento carismático, especialmente al que atrae mucha gente de esta frontera. Supe que el movimiento causó un cisma que involucró algunos miembros de la Iglesia Católica y afectó a familias con las que tuve amistad.

Cuando supe que el Padre Thomas era “muy carismático” me causó cierta duda acerca de su ortodoxia. Sin conocerlo directamente, me enteré que, no solamente era muy próvida, sino que había sido detenido por las autoridades de Texas por su labor en contra del aborto. Un amigo me platicó que el Padre estaba tratando, por varios medios legales, evitar que un conocido médico abortista pudiera seguir trabajando con tranquilidad. También me enteré que ese médico estaba constantemente en las oraciones del Jesuita.

Finalmente, al cabo de varias invitaciones para asistir a una de las reuniones que el Padre realizaba en un local en el centro de El Paso (Las Alas), asistí con bastantes dudas. El ambiente de oración carismático no era lo mío, y sin embargo reconocí que mucha gente sacaba provecho espiritual. Lo más significativo que saqué de asistir en esa ocasión fue mi convicción de que el sacerdote era completamente ortodoxo y que su interés por los pobres era genuino.

Honestamente reconozco que me comenzó a dar miedo acercarme más a él. Miedo de ser convencido y comprometerme más con los grupos de ayuda social que él había formado y que el tiempo que tenía para mis hijos pequeños chocara con las demandas del compromiso que podía adivinar el padrecito me pediría.

Seguí sabiendo de la fama del Padre y mantuve esa mezcla de temor y admiración. Asistí algunas veces a la misa que el Padre oficiaba en “El Rancho del Señor” y nuevamente me impactaban elementos que chocaban con mi preferencia por la solemnidad y las formas tradicionales. El inicio de la liturgia con la alegría que se traduce en cantos y una procesión danzada por todo el recinto, aunada a la presencia de mascotas que acompañaban a algunos asistentes, ocasionaban que no entendiera esas “desviaciones” de lo que yo suponía debía ser la misa.

Por otro lado, el compañerismo entre los asistentes y la profundidad de las homilías, que no eran ni breves ni superficiales, y que todo era dejado de lado al momento de la consagración. Había profunda adoración al Santísimo Sacramento. Mi respeto por Richard Thomas aumentaba al tiempo que seguía sin entender el movimiento que él encarnaba.

Cuando en mi vida profesional como médico se me presentó un dilema del que no sabía cómo responder, sentí que la única persona que realmente me podía ayudar era el famoso Padre Thomas. Asistí a una de las reuniones de Las Alas en las que daba tiempo para que las personas se confesaran o lo consultaran con sus problemas.

Esperé al final de todos los que hacían fila para hablar con él y le expuse mi dilema. Me escuchó con la paciencia de un hombre sabio y me prometió analizar mi cuestión. A los pocos días se comunicó conmigo para profundizar en el asunto que le había tratado. En esa segunda plática me animó saber que él haría lo que pudiera hacer para ayudar en la situación que le había planteado. Recuerdo que poco después me volvió a llamar para decir lo difícil que era encontrar una solución para mi asunto.

Pasados varios meses, de la nada, recibí otra llamada del Padre Thomas. Brevemente me comunicó lo que yo ya sabía: aquello por lo que lo consulté no tenía solución humana. Sus intentos por ayudar en el asunto no habían dado fruto. Antes de terminar la conversación me dijo algo relativo a mi compromiso con el movimiento próvida. Me halagó lo que dijo, aunque no lo entendí en ese momento. No tenía idea que se encontraba muy enfermo. Era la forma de despedirse de un casi desconocido.

Ahora comprendo que su interés por las personas, incluyendo los que tuvimos poco contacto con él, era genuino inspirado en un verdadero amor cristiano. Ahora, con gratitud, siento un verdadero compromiso por ayudar a que la gente lo conozca y ayudar a que un día llegue a los altares y se le conozca como “EL SANTO DE LA FRONTERA”.

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BIBLIOGRAFÍA:

Desciak, E, The ‘Lone Ranger’ Jesuit up for sainthood: Pre-Vatican II Catholic or radical in a Roman collar? https://www.americamagazine.org/faith/2025/11/24/jesuit-sainthood-rick-thomas-lords-ranch/

Dunstan, R, Un Sacerdote Pobre para los Pobres (The Lord’s Ranch Press, 2025)

Dunstan, R, The Bible on the Border: How Father Rick Thomas and his friends learned to serve the poor of Mexico by taking God at His Word (The Lord’s Ranch Press, 2018)

Unites States Concefernce of Catholic Bishops, U.S. Bishops Affirm Advancement of a Cause of Beatification and Canonization of Father Richard M. Thomas, SJ https://www.usccb.org/news/2025/us-bishops-affirm-advancement-cause-beatification-and-canonization-father-richard-m

 

Cita este artículo

Zepeda, H., (2026, 3 marzo). ¡Habrá un santo de la frontera México-EE.UU! Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/habra-un-santo-de-la-frontera-mexico-ee-uu/

 

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