Más allá de estas, que se venden en las campañas políticas de una u otra manera para ganar puestos de poder, el rol de los partidos es el de incentivar la participación ciudadana para que sea ella la que tome su responsabilidad de involucrarse en la vida pública de su comunidad.
La ciudadanía es la voz de las problemáticas del espacio público, por lo que las organizaciones políticas deben ser ese puente para llevar las demandas a los tomadores de decisión.
Desde finales del siglo XIX, los partidos políticos fueron ese instrumento -contrario a los caudillismos- que les dieron cauce a las candidaturas en tiempos electorales. Sin embargo, a lo largo del siglo XX los partidos se fueron perfeccionando, renovándose hasta darle más cabida a la participación ciudadana llegando a ser instituciones donde se preparaban a los militantes y simpatizantes en la técnica, además de crear programas de gobierno como propuesta cada cierto tiempo electoral, con base en sus doctrinas.
Hoy en día, ya entrado el siglo XXI, en distintos países de occidente, los partidos políticos han caído en un desprestigio derivado de varias causas, por ejemplo: por un lado los casos de corrupción en sus dirigencias o liderazgos; y por otro, en promesas incumplidas cada vez que hay elecciones. En el primero no es ninguna novedad, sobre casos de corrupción al interior de los partidos políticos se tiene registro desde el siglo XVIII, dentro de algunos grupos parlamentarios europeos (lugar donde más de un partido vio las raíces de su fundación).
[…] la corrupción tuvo un importante papel en el desarrollo de los grupos parlamentarios británicos. Durante mucho tiempo, los ministros ingleses se aseguraban sólidas mayorías comprando los votos, si no las conciencias de los diputados. Esto era casi oficial: existía en la Cámara misma una taquilla donde los parlamentarios iban a cobrar el precio de su voto en el momento del escrutinio. (Duverger, 1996, p. 18)
La segunda ya sea porque los políticos prometen cosas irrealizables, por lo menos en el corto y mediano plazo, o porque para cumplir ciertas promesas de campaña se requiere de un consenso o negociación con otras fuerzas o actores políticos, que al final no se logra. Y no sólo por arte de magia.
El desprestigio y crisis de legitimidad en el que han caído muchos partidos políticos es evidente, y como consecuencia de ello se han suscitado en los últimos años candidaturas independientes, es decir, opciones electorales sin el respaldo de alguna organización política formalmente estructurada bajo unas siglas.
Sin embargo, para lograr ser eso, los requisitos son sumamente engorrosos y requieren de una labor titánica que implica muchos recursos tanto económicos, como humanos. Por ejemplo, en Chile, en el presente año, para poder registrarte como candidato presidencial debes reunir más de treinta y cinco mil firmas, a través de una aplicación vía internet, las cuales al final deben ser certificadas, todas, ante un notario. Por la vía independiente sólo tres lograron registrarse. En el caso mexicano, el embrollo es similar.
Entonces surge la pregunta: los partidos políticos ¿aún son viables?. Si el problema es la corrupción y las promesas incumplidas por falta de voluntad política; por falta de consenso; o porque se hicieron desde un discurso populista, en donde la solución iba a ser muy sencilla.
Entonces mi respuesta sería: claro que son viables. La solución sería: Enseñar la ética en la política. Es decir, independientemente de la filosofía, doctrina e ideología de cada uno de los partidos políticos, el trabajo de estos es inculcar entre sus militantes y simpatizantes (de donde surgen sus candidatos) el discernir entre lo que afecta a sus representados y lo que no. Es enseñar el carácter de distinguir entre lo que aporta al bien común y lo que no. Capacitar entre lo que beneficia a una comunidad y lo que beneficia sólo a un particular o a un solo grupo de personas.
El trabajo de un partido político, además de participar cada determinado tiempo en elecciones populares, es el de construir ciudadanía. Convocar a personas que compartan valores, principios y causas, y plasmarlas colectivamente en acciones concretas, tanto dentro como fuera de su institución política.
Dejar de lado los apetitos personales o de grupo, que no hacen más que darse un balazo en el pie, restándole la vocación de servicio a la política. Como ciudadanos preocupados por nuestro entorno no sólo nacional, sino también desde lo local, ocupémonos del entorno. Involucrémonos en los asuntos públicos de la comunidad: desde las organizaciones políticas o sociales, llámense partidos, asociaciones civiles o de otra naturaleza jurídica, hasta juntas entre vecinos. No podemos quedar indiferentes porque: “La política es una de las formas más elevadas de la caridad, porque sirve al bien común”, Papa Francisco.
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Referencias bibliográficas:
- El País. (Consultado 24 de septiembre 2025) https://elpais.com/chile/2025-08-08/quienes-son-los-candidatos-independientes-que-juntan-firmas-para-las-elecciones-presidenciales-en-chile-de-2025.html
- Duverger, M. Los partidos políticos. FCE,
- Tenemos que hablar de Chile. (Consultado 24 de septiembre 2025) https://www.tenemosquehablardechile.cl/noticias/elecciones-presidenciales-chile-2025-candidatos-calendario-fechas
- López, A. Historia de los partidos políticos en Sinaloa (1909-1946). Siglo xxi editores, 2010





