La Virgen de Guadalupe es Madre de todos los hombres [1], y a todos los recibe en su casita sagrada para entregarles a Jesús, para escucharlos y remediar sus miserias.
Los bautizados, de manera especial, estamos llamados a santificar el Nombre de Dios, a establecer su Reino y a hacer su voluntad [2], yendo por todo el mundo a enseñar las verdades contenidas en la revelación divina, tanto para buscar la perfección personal, como para establecer el Orden Social Cristiano, que es el orden querido por Dios para la sociedad.
La Virgen escoge libremente a algunas personas, a quienes llama “mis servidores, mis mensajeros, a quienes encargo que lleven mi aliento, mi palabra, para que efectúen mi voluntad” [3].
Es el caso de San Juan Diego. La Virgen baja del Cielo para encontrarse con él y encomendarle una misión: convencer al Sr. Obispo que le construya una casita sagrada, por lo cual debe explicarle quién la quiere y para qué la quiere.
En la ejecución de su misión, Juan Diego encuentra dificultades, desde la incredulidad del Obispo, hasta la imposibilidad de ejecutar su encargo por atender otros asuntos aparentemente de mayor prioridad que el mandato de la Virgen.
La Virgen acompaña a Juan Diego durante su gestión: lo escucha, lo corrige, lo anima y le da los medios para cumplir lo prometido. Cuando Juan Diego mengua y quiere tirar la toalla, la Virgen le dice con firmeza: “te ruego y con rigor te mando”. Ella no deja que se achicopale, ni que se eche para atrás, ni que se distraiga, a pesar de que su embajada lo meta en problemas.
Juan Diego tenía enfrente a la mejor maestra. Recordemos que ella educó a Jesús en su infancia, fue su mejor discípulo durante su vida pública, y es la columna vertebral de la edificación de la Iglesia. Con entereza y fortaleza sin igual, estuvo al pie de la Cruz, acompañando a su Hijo a cumplir la Voluntad del Padre. Impulsó a los Apóstoles a predicar el Evangelio a pesar de que se exponían a ser perseguidos.
La Virgen no intercede por nosotros para que llevemos una vida egoísta, de comodidad y placeres. Por el contrario, la Virgen nos insta a hacer la voluntad de Dios, aunque esto nos pueda acarrear dificultades, -y hasta persecuciones-, porque sabe que esta vida es para ganarnos el Cielo, lugar donde ya no habrá más lágrimas, y donde podremos contemplar a Dios por toda la eternidad: el mayor Bien al que podamos aspirar.
Desvelando la riqueza del Acontecimiento Guadalupano
Podemos descubrir la belleza y profundidad de este suceso bebiendo de tres fuentes, y así enamorarnos de la santísima Virgen, pues nos ayudan a percibir la bondad, la sencillez y la grandeza de su alma y la majestuosidad de su compasiva y misericordiosa voluntad:
1) Guardando y meditando en nuestro corazón sus Palabras en las Apariciones.
2) Observando y ponderando los sensibles detalles con que adornó los hechos.
3) Contemplando su Imagen Divina.
Primera fuente: Las Palabras de la Virgen
Empecemos indagando el contenido del mensaje central de la Primera Aparición [4]
“Escucha, hijo mío, el más pequeño, Juanito, ¿a dónde te diriges?”
La Virgen inicia la conversación invitando a Juan Diego a escuchar lo que ella tiene que decirle. Lo llama “hijo mío”, o sea, se presenta como su madre. Lo llama “el más pequeño”, una forma coloquial y cariñosa de una madre para referirse a un hijo. Lo llama por su nombre.
Juan Diego, desconcertado, se pregunta: ¿Quién es esta Mujer vestida como una Reina que sale a mi encuentro en despoblado y que sabe mi nombre?
“Sábelo, ten por cierto, hijo mío, el más pequeño que Yo soy en verdad la perfecta siempre Virgen Santa María
La Virgen sabía que Juan Diego Cuauhtlatoatzin (1474–1548), era un humilde indito tolteca recién convertido al catolicismo y que asistía los sábados al catecismo en la iglesia de Tlatelolco. Por tanto, Juan Diego creía en la Santísima Virgen María.
La Mujer que interpela a Juan Diego lo urge a creer en lo que está por desvelar con una doble expresión: “sábelo”; “ten por cierto”. Inmediatamente le revela su nombre, pero le añade algunos de sus títulos para que él la reconozca. Juan Diego tendrá que echar mano de sus lecciones de catecismo en la iglesia de Tlatelolco para identificarla.
En este punto Juan Diego se pregunta: ¿Estaré acaso hablando con la Santísima Virgen María?
“que tengo el honor y la dicha de ser Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación, el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra”
Netzahualcóyotl, filósofo, literario, poeta y monarca de Texcoco, prohibió los sacrificios humanos en su reino y promovió la adoración de un solo dios verdadero, -a quien puso por nombre In Tloque In Nahuaque-, al que describe como “un dios superior a todos los dioses, el verdaderísimo dios por quien se vive, dueño del cielo y de la tierra, creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación” [5, 6]. Juan Diego, como el resto de los toltecas, conocía estas crónicas.
La Mujer le asegura ser la Madre de Dios, y, para abonar su confianza, se dirige en los términos con los que Juan Diego estaba familiarizado usando las mismas palabras que Netzahualcóyotl utilizó para describir al único dios verdadero.
En este momento Juan Diego ya no tiene dudas: ¡está hablando con la Virgen María, la Madre de Dios!
“Mucho quiero, mucho deseo, que aquí me levanten mi casita sagrada, en donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto, lo entregaré a las gentes en todo mi amor personal, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación.
El Acontecimiento Guadalupano es absolutamente Cristocéntrico: Ella lleva a Jesús en el Sagrario de su Vientre, y ahora explica que quiere una casita sagrada para dar culto a Dios de tres maneras: Mostrarlo a Él; ensalzarlo al ponerlo de manifiesto; y entregarlo a las gentes con todo su amor.
Porque, en verdad, yo me honro en ser tu madre compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra, y también de todas las demás variadas estirpes de hombres, los que me amen; los que me llamen, los que me busquen, los que confíen en mí.
La Virgen anuncia la otra parte central de su mensaje: ella es nuestra madre cercana. Pero no solo eso, sino que ella, la madre del Dios, la reina del cielo, la mujer más importante de la creación, se siente honrada de ser nuestra madre compasiva.
Para que no haya dudas, especifica, con lujo de detalle, quiénes son sus hijos:
- Es Madre de todos los hombres que viven en Hispanoamérica, con México a la cabeza (en estas tierras).
- Es Madre de todos los hombres del mundo sin importar su origen, país, raza, creencia, condición social o económica (de todas las demás variadas estirpes de hombres).
- Es Madre de todos los que la amen, la llamen, la busquen, los que confíen en Ella.
Porque ahí, en verdad, escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.
La Virgen revela ahora un segundo propósito para el que quiere que le construyan su casita sagrada: para estar cerquita de nosotros; para tener un lugar a donde Ella nos pueda invitar, nos pueda recibir, y la podamos visitar. Un lugar donde la podamos encontrar siempre al recurrir a ella y le contemos nuestras cuitas. Un lugar donde ella pueda estar al pendiente de sus hijos, esperándonos con un amor tierno y maternal.
Con este anuncio la Virgen abre su corazón a todos los hombres, principalmente a los pecadores, a los descartados, a los que sufren, a los que lloran, los tristes, los que tiene penas, miserias y dolores.
La Virgen, al igual que su Hijo, no vino por los sanos sino por los enfermos.
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BIBLIOGRAFÍA
Imagen: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9a/Nican-mopohua.jpg
[1] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, Nums. 29 a 31
[2] Biblia Latinoamericana, Editorial Verbo Divino, San Pablo, Edición revisada 2005, Mt 6:9-13
[3] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, Num. 58
[4] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, Nums. 23 -32
[5] 700 años del inicio de la opresión azteca, Alejandro Lebrija Cravioto. Revista FORJA, Año 5, Núm. 47. Pág. 37
[6] Conferencia Códice Guadalupano Irapuato, Monseñor Eduardo Chavez. Instituto Superior de Estudios Guadalupanos. https://morenita.tv/re





