Un día cualquiera, mientras me preparaba para entrar a dar mi clase, en el pasillo, he escuchado a mis alumnos opinar un tanto efusivos sobre la “Cancelación” que se le hizo a una de sus artistas favoritas. Uno de ellos me ha preguntado qué opino al respecto. Tratando de ser objetiva y tener elementos suficientes para opinar, hemos realizado un breve ejercicio para conocer un poco más sobre este fenómeno tan popular en las redes sociales.
La cultura de la cancelación es un fenómeno social que se desarrolla en las redes sociales -Internet-, por el que busca reprochar a aquellas personas que han asumido actitudes o comportamientos que son mal vistos, aun cuando dichas conductas no constituyen un delito. Esta cancelación consiste en criticar, expulsar, borrar del mapa digital a alguien que se considera ofensivo o que atenta contra la moral.
Este fenómeno ha tomado fuerza en la última década. Quienes la ejercen se sienten de alguna manera justicieros ejerciendo su poder en un clic. Sin duda puede constituir una forma de resistencia -como en el pasado-, y aun ahora se hace con los llamados al boicot comercial, las marchas, etc. La característica de este fenómeno de cancelación es la inmediatez y la poca inversión que requiere la acción.
A simple vista pudiera parecer una herramienta para exigir justicia o una forma de conciencia social que señala y castiga al que comete el error; pero de fondo se presentan una serie de dilemas ante estas acciones, pues existen casos en donde el exceso o los comentarios han sido sacados de contexto impactando en la vida de las personas, no solo celebridades. Todos los que usamos las redes sociales, estamos expuestos a esto.
Entonces ¿será realmente justicia social, o linchamiento?, si bien algunas “cancelaciones” han sido una forma de visibilizar la violencia o el abuso que durante mucho tiempo fueron ignoradas, también se presentan argumentos negativos, que van desde la falta de regulación en los medios digitales, hasta el abuso y la difamación de las personas, que dañan su reputación.
Al respecto el catecismo de la Iglesia Católica en el número 2477 menciona; “El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto”, bajo este planteamiento podríamos ser culpables de:
— Un juicio temerario el que, incluso tácitamente, se admite como verdadero un defecto moral en el prójimo, sin tener para ello fundamento suficiente;
— Maledicencia: el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran (cf Si 21, 28);
— Calumnia: el que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos.
Una vez que con mis alumnos hemos leído un poco del tema, caímos en la cuenta, de que esta práctica muchas veces ha sido adoptado en otros espacios más allá de la virtualidad. Ellos mismos ponían el ejemplo de que cuando no estaban de acuerdo con algún compañero lo aislaban o lo ignoraban, resultando doloroso para la persona; al mismo tiempo que se le cerraban las puertas al dialogo y a la rectificación.
¿Quién decide qué se cancela?
Otra arista de este tema es definir quién será la autoridad moral que defina qué está bien y que no. Es difícil tener reglas claras; el tribunal es la opinión pública, a veces guiada por sentimentalismos, modas o tendencias, mas allá de un análisis justo y razonado; además no a todos se les cancela por igual. Existe una dualidad, pues algunas figuras -a pesar de ser evidentemente dañinas: lenguaje vulgar, explotación sexual, denigran a las personas, etc.- siguen posicionados y beneficiándose de las prerrogativas que les brindas los medios digitales.
Es importante aclarar que no se trata de romantizar el error, ni justificar a quienes hacen daño, pues en justicia -a cada quien lo que le corresponde-, será importante apostar al aprendizaje y al dialogo, abriendo espacio para la reflexión, el cambio, la corrección y la disculpa sincera.
¿Censura o responsabilidad social?
Desde mi punto de vista, y dando respuesta a mis alumnos que me han pedido opinión, esto de la cancelación puede ser ambas cosas, por una parte un acto de justicia cuando se tienen elementos para “señalar” pero desde la responsabilidad; así mismo puede ser una herramienta peligrosa que fomente una cultura del descarte en donde se vierta de manera desproporcional una descarga de rabia sin argumentos.
Desde un punto de vista particular le apuesto a la crítica con argumentos, al diálogo y a la oportunidad de defensa de las personas, porque al final el castigo no puede transformar por sí solo, sino no va acompañado de conversación y conciencia del daño que se hace.





