Nuevamente, se repite la historia por parte del presidente Donald Trump. En mis artículos anteriores hablé del Destino Manifiesto, la doctrina Monroe, como de la aplicación de aranceles, según la ley de 1890, por el congresista McKinley, héroe histórico favorito de Trump -el “Napoleón del proteccionismo»- quien sería elegido presidente, en 1897 y asesinado en 1891. Su sucesor, Theodore Roosevelt, autor de la política del“ big stick”, a principios del siglo XX, también parecen inspirar al actual presidente.
En esta historia de aranceles, en 1922 se aprobó la Ley Fordney-McCumber que impuso elevados gravámenes a las importaciones, provocando represalias -como ahora sucede con China-.
Otro ejemplo de imposición arancelaria que antecede a Trump, es el del presidente Herbert Hoover, que el 17 de junio de 1930 firmó la ley Smoot –Hawley, presentada ante el Congreso, en mayo de 1929, por el senador Redd Smott y el diputado Willis Hawley. Esta Ley, presentada como salvadora de la Gran Depresión iniciada el mismo año con la caída de la Bolsa de Valores de Nueva York. La ley decretaba el cobro de aranceles -entre 40 y 60%- a más de 850 productos, con el fin de proteger a los productores locales, pero el efecto real, fue que cayeron las importaciones y las exportaciones en más del 40% las exportaciones bajaron de 7 mil millones de dólares, en 1929, a solo 2,500, en 1932, por la respuesta de las economías europeas, asiáticas y americanas, que también impusieron aranceles a los productos de USA.
Es notorio que no se resolvió el problema de la recesión. Por el contrario, ésta se agravó, algunos bancos colapsaron, el intercambio global disminuyó un 65% y la economía mundial entró en una grave crisis que -para algunos historiadores y analistas- propició la llegada de Hitler al poder, en 1933.
El presidente Hoover, era empresario, con título de ingeniero minero. En su discurso inaugural, declaró: “todo el mundo no solo puede ser rico, sino que debería ser rico”. Cualquier semejanza con el MAGA de Trump no es simple coincidencia, es copia del pasado; pero en lugar de hacer a todos ricos, empobreció a la población de los Estados Unidos, como ahora lo está haciendo Trump, conscientemente, o sin saberlo.
Hay una anécdota respecto a Hoover:, muchos economistas muy competentes le advirtieron de las graves consecuencias que ocasionaría la ley Smoot-Hawley, pero no les hizo caso: Igualmente lo está haciendo Trump en las actuales condiciones, haciendo a un lado las opiniones de los académicos y expertos en el tema.
Las consecuencias desastrosas de 1930 pueden repetirse en 2025, por la insistencia de Trump de hacer su voluntad en contra de la opinión de la mayoría de los expertos, agraviando, de paso, a sus aliados, socios y vecinos.
El hundimiento de la economía en los Estados Unidos duró hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, y esto por el triunfo de los aliados.
Al final de la guerra, surgieron acuerdos mundiales que propiciaron la libertad económica, favoreciendo el comercio mundial, a pesar de la Guerra Fría -la confrontación Este-Oeste-, hasta la caída del Muro de Berlín, que propició la consolidación de la Unión Europea y el anuncio del “Fin de la historia”, por Francis Fukuyama; seguido del “Choque de civilizaciones”, de Samuel P. Huntington; e hizo surgir a China como potencia mundial y competencia contra la primacía de los Estados Unidos. Esto es lo que provoca la guerra económica desatada por Trump, cuyo resultado apunta al triunfo de China, que diversificó su comercio, y no se pelea con su clientela, además de invertir cada vez más fuera de sus fronteras para generar empleos en el exterior.
El suspenso entre retirar una amenaza, mientras prepara la siguiente, no augura nada bueno, pero solo el tiempo dará el juicio cercano a la verdad.
Esperemos que prevalezca la razón y triunfe el bien común.





