Hace algún tiempo alguien propuso representar el enorme volumen que ocuparía la deuda de Estados Unidos -9 trillones de dólares- si esta se apilara en fajos de billetes de 100 dólares. Lo interesante es que una parte considerable de esa deuda está en manos de China y el resto se reparte entre los muchos países que comercian con esa nación hegemónica. La nota que acompañaba a la imagen decía que eso era una bomba de tiempo.
Ciertamente, es un inconveniente para las pretensiones hegemónicas de los Estados Unidos vivir con ese grado de endeudamiento, máxime que el retador por la hegemonía mundial, China, es propietaria de una importante parte de ella.
Debería llegar el momento de enfrentar el tema: “No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”.
La segunda administración de Trump parece estar decidida a confrontar el problema. Cabe señalar que una porción significativa de los bonos deberá ser objeto de renegociación en el futuro cercano, y cuanto más reducidas estén las tasas, más beneficioso será para Estados Unidos, que tiene cuentas pendientes con aproximadamente 60 naciones.
Las decisiones en materia fiscal que ha tomado la administración -los aranceles que se imponen y se re programan-, es poco probable que sean ocurrencias o caprichos del presidente Trump. No en balde está asesorado por personas que a todas luces han sabido manejar sus capitales, que entienden de finanzas; además de los experimentados integrantes del “establishment”. Todos ellos son conscientes del riesgo que implica un conflicto político, económico, militar, comercial o una Guerra Fría tecnológica con China, cuando acaba de lanzar el G6, lo que le da un enorme poder en el tema de Internet de las cosas y de las telecomunicaciones.
Los aranceles los usan no solamente como herramienta económica, sino también como “gran garrote” -que parecía pasado de moda-, para predisponer al “socio” a una conveniente negociación.
Si bien son muchas las cuentas abiertas, muchos países, ciertamente podemos identificar unos seis interlocutores con los que una buena negociación ayudaría, siguiendo el principio de Pareto.
Lo inusitado de las decisiones, sin duda, ha provocado turbulencias en los mercados, que los avezados saben aprovechar: negociar bonos con tasa más baja, reducir la deuda del endeudado.
A reserva de mejor opinión, negociaciones que parecen claves serían, para empezar, con los socios del TMEC: México y Canadá; por supuesto, la Unión Europea de la que varios países son además miembros de la OTAN, tema crucial. Japón y Taiwán en el extremo Oriente y, no faltaba más, China.
Hasta el momento de escribir estas líneas, tal parce que las negociaciones del TMEC están en vías de negociación, ya para definir si continúan como bloque, o si establecen acuerdos bilaterales; otro tanto con europeos y los asiáticos insulares, Japón y Taiwán. El tema duro es precisamente con China.
Aquí se suman dos factores: las finanzas y la pugna geopolítica.
Se vuelve a la noción tantas veces citada en estos renglones y en otros artículos de análisis geopolítico: toda nación hegemónica alcanza su cenit y decrece. ¿En qué, punto se encuentra Estados Unidos; ya inició el descenso?
Algunas naciones hegemónicas han tardado mil años en empezar a declinar, otras mucho menos, todo depende de la tenacidad de sus ciudadanos y de la habilidad de sus gobernantes, porque ciertamente los ciudadanos de Roma, de España, Portugal y del Reino Unido, han sido orgullo de sus países, han sido el “material” conque sus gobernantes han trabajado para mantener una posición hegemónica.
Una nación hegemónica necesita fuerte presencia en tres campos del poder, los tres valiosos y complementarios: poder económico, poder militar y el ahora llamado poder blando, el poder cultural.
Este último comprende: lengua, ideas, mitología, modas, estilo de vida en general. Hoy por hoy, ya se habla de la importancia de saber el idioma chino mandarín, el más conocido de los varios que se hablan en ese país, aunque para viajar por el mundo todavía es más útil el inglés. Ciertamente Kun Fu Panda lleva tres capítulos, pero, aún en Shanghái hay un DisneyWorld con su estrella Mickey Mouse. Aún con disgusto tenemos que reconocer la penetración del estilo de vida norteamericano y los migrantes no tratan de entrar a China, sino a Estados Unidos. Por cierto, no hay muro que los detenga.
El reto sigue en pie. Veremos de qué están hechos los norteamericanos y los chinos o al revés, los chinos y los norteamericanos.
Mientras, sin ningún tipo de agresión, la India, país democrático, sigue creciendo no solamente en población, también en importancia regional.





