Cuando se escucha la frase de que el fin del Estado es ante todo “el bien común”, la idea que nos viene a la cabeza es que este concepto implica que se debe buscar el bienestar y/o beneficio de la sociedad, pero aún más, se debe procurar por encima de los deseos o las aspiraciones individuales.
Si revisamos la historia con esta idea, muchos procesos políticos desastrosos se han puesto en marcha por la supuesta búsqueda del bien común, incluso guerras que han causado millones de muertes.
Sólo para mencionar algunos ejemplos
En los Estados Unidos de Norteamérica en el Siglo XIX, se generó la idea del destino manifiesto, basada en la supremacía del hombre blanco, que combina religión protestante, la libertad y el deber patriótico de difundir el republicanismo democrático. En resumen, su supuesto orden en la vida política y social que otros países no poseían, los obligaban, por mandato divino, a intervenir en sus territorios para llevarlos por el camino correcto; así se justificó la idea expansionista en la que México perdió más de la mitad de su territorio.
Un factor que detonó la Segunda Guerra Mundial, desde la visión del Partido Nacional Socialista y concretamente su caudillo, Adolfo Hitler, con la idea del “espacio vital”, que Alemania necesitaba para el desarrollo del pueblo; y la sociedad alemana compró el argumento. Mucho ayudó la circunstancia tan desfavorable que habían provocado los tratados de Versalles firmados cuando Alemania se rindió para dar fin a la I Guerra Mundial. En ella murieron millones de personas.
Los gobiernos populistas disfrazan sus fines con el argumento de que buscan el bien común. El caso de nuestro país es ejemplo claro… porque otros gobiernos fracasaron en lograrlo y son culpables de atraso social, político y económico y ahora el nuevo régimen llega para ofrecer al pueblo una mejor calidad de vida. Y así han destruido instituciones y estamos en peores condiciones en salud, seguridad y educación.
Este breve análisis nos obliga a repensar que la búsqueda del bien común debe tener también una fuerte base moral. El catecismo de la Iglesia Católica, en cuanto se refiere a la participación de la vida social, concretamente a la misión de la autoridad, es que ésta debe responder al orden fijado por Dios …la determinación del régimen y la designación de los gobernantes, han de dejarse a la libre voluntad de los ciudadanos.
Luego, la diversidad de regímenes políticos es moralmente admisible, la única condición es que promuevan el bien legítimo de la comunidad. Lo que no se debe admitir son los regímenes contrarios a la ley natural, al orden público y a los derechos fundamentales de las personas.
Esta debe ser la base moral, que le concede a la autoridad su legitimidad: la persona humana como centro y el respeto a sus derechos fundamentales. La autoridad no debe comportarse despóticamente, debe actuar para el bien común, de tal forma que sea una fuerza moral.
La fuerza moral podemos traducirla como el poder moral que es reconocido por la ciudadanía, de tal forma que cuando el gobierno demande el apoyo civil para enfrentar situaciones de emergencia, encuentre en la sociedad organizada el sustento para apoyar políticas públicas y las estrategias pertinentes para superar cualquier problema.
La autoridad solo se ejerce legítimamente, cuando busca el bien común y para alcanzarlo emplea medios moralmente lícitos. Cuando los dirigentes proclamen leyes injustas o contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia.
Ahora se viven en México leyes, como el aborto autorizado, que atentan contra el derecho natural primario que es la vida; o normas que distorsionan la ley natural como las políticas LGBT, que en conciencia no estamos obligados a aceptarlas y sí a combatirlas,a pesar de la voluntad arbitraria de los dirigentes políticos.
La iglesia católica define el bien común como:
“El conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros, conseguir más plena y fácilmente su plena perfección” .
El bien común que debe perseguir todo gobierno es facilitar las condiciones para que la persona humana y el conjunto social disfruten de una verdadera justicia social.
Por último, está la idea de un ciclo deseable para todo buen gobierno, si a éste la sociedad le reconoce “poder moral”, éste podrá detonar y demandar la práctica de una moral ciudadana.
En las actuales circunstancias una parte importante de la sociedad, no le reconoce poder moral al gobierno en turno: la seguridad y los sistemas de salud y educativo están fracturados; la corrupción es evidente. Ante esta situación el objetivo PODER MORAL-MORAL CIUDADANA, no es posible.
En el corto plazo, superar este dilema implica la necesaria construcción de un movimiento social que demande al gobierno en turno las acciones para corregir el rumbo; debemos pensar en un ejercicio inverso: empoderar a la sociedad con un vigoroso ímpetu para demandar la reconstrucción del tejido social, y la recuperación de instituciones para detener la centralización del poder que lleva a cabo MORENA; y, demandar el respeto a la separación de poderes. En pocas palabras: más sociedad y contención del gobierno autoritario y faccioso.
En nombre del bien común, no obstante, se han emprendido muchos procesos políticos desastrosos, o se han cometido no pocos desmanes, paradójicamente.
Referencias:





