La Buena Semilla edificó en el pasado un Orden Social Cristiano con un tejido social sano y fuerte. ¿Cómo se explica que hoy vemos la desintegración acelerada de la sociedad, harta de maldad, esclavitud, injusticia e impiedad, con constituciones y leyes anticristianas, proclives al crimen y a la inmoralidad?
La Parábola de la cizaña -la verdad Revelada -, nos permite entender las características de la embestida que la cizaña ha emprendido contra la sociedad con la intención de expulsar a Dios de la vida pública y social.
La Buena Semilla es la única que puede restaurar el Orden Social Cristiano y el Tejido Social, para lo cual debe convertirse a Dios para ser mejor persona y edificar una mejor sociedad con el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.
El amor vence siempre. La cizaña ya perdió, pues la verdad prevalece siempre sobre el error, el bien sobre el mal, y en la Cruz triunfó el amor.
Los ciudadanos edificarán la Ciudad del amor siempre que amen con el mismo amor con que Amó Jesús en la Cruz.
La cizaña destruye lo que la Buena Semilla construye
¿De dónde proviene tanta maldad en el mundo que tiene un impacto devastador para la persona y para la sociedad?
Esclavitud, mentira, injusticia, impiedad, crueldad, desorden, muerte, dolor, sufrimiento, inmoralidad, perversión, corrupción, depravación y vicio.
Para responder adecuadamente recurrimos a la verdad Revelada profundizando en la parábola de la cizaña [1]
El campo –el mundo- ha sido creado por Dios, quién ha sembrado la Buena Semilla para que dé fruto bueno: el trigo. El enemigo –el maligno-, ha venido de noche para sembrar cizaña con el objetivo de destruir lo que la Buena Semilla ha construido. El dueño del campo ha decidido dejarlos crecer juntos para evitar confundir al trigo con la cizaña, de manera que, al tiempo de la siega, los ángeles recojan la cizaña para quemarla –en el Infierno-, y después recojan el trigo para guardarlo en el granero –el cielo–
Al crecer juntos se traba una feroz acometida de la cizaña contra el orden establecido por Dios, mientras la Buena Semilla defiende, restaura y reconstruye la devastación.
Por un lado, la Buena Semilla trabaja para [2]:
- Predicar y establecer el Reino de Dios en las realidades temporal y espiritual.
- Que el Santo Nombre de Dios sea conocido, honrado y santificado en todas partes y por todos.
- Que se haga su Santa Voluntad, -que es buena y perfecta -, en todo tiempo y lugar.
Sus seguidores son los hijos de la Luz, y tienen por su Señor a Dios, que Es el que Es; que es amor, bien, verdad, y Belleza Absolutos.
Por otro lado, la cizaña ataca y hace la guerra, siempre injusta, para:
- Desterrar a Dios de la vida social y cívico-política; así como para destruir el orden establecido por Dios en sus dos dimensiones: temporal y espiritual;
- Que el Santo Nombre de Dios sea desacreditado, deshonrado y profanado en todas partes y por todos;
- Que se haga la voluntad del hombre-sin-Dios, que será siempre la del más cruel, fuerte y malvado, que se impone a los más débiles e indefensos por la fuerza, injusticia y engaño.
Sus seguidores son los hijos de las tinieblas y tienen por jefe supremo al Maligno, en el que hay total ausencia de amor, bien, verdad y belleza. Esto es, en el Maligno solo “hay” odio, mal, mentira y fealdad.
El Maligno es denominado el “Príncipe de este mundo” [3], o sea, el que se cree dueño del mundo, no por derecho, sino por usurpación, por robo, fraude y trampa, pues se quiere apoderar de lo que no es suyo, ya que todo le pertenece a Dios creador.
El Maligno ofrece los bienes del mundo: dinero, poder, fama, y placeres deshonestos e inmorales, sin límite, para atraer a los hombres y esclavizarlos a su servicio.
El Maligno quiere expulsar a Dios de lo social y de lo cívico-político
Mientras los hijos de la Luz construyen el Orden Social con los principios y los valores de la Doctrina Social de la Iglesia para que haya bien común, vida digna y en abundancia para todos los hombres, la cizaña no descansa de desordenar a la sociedad para destruirla y para destruir al hombre, causando sufrimiento y muerte.
Dios construye con el bien; el Maligno destruye con el mal.
Cuando la Buena Semilla actúa, hay libertad, verdad, justicia, misericordia, orden, vida, bondad, consuelo, alegría, moralidad, integridad, honestidad, rectitud, virtud.
El impacto social de la acción de la Buena Semilla es siempre benéfico.
Cuando la cizaña actúa, hay esclavitud, mentira, injusticia, impiedad, crueldad, desorden, muerte, maldad, dolor, sufrimiento, inmoralidad, perversión, corrupción, depravación y vicio en el mundo.
El impacto social de la acción de la cizaña siempre es nocivo.
Características de la cizaña y de sus partidarios
La cizaña actúa con sus armas convencionales: la mentira, la maldad, y el odio [4].
Listamos algunos rasgos que la cizaña pretende engendrar en sus seguidores, en mayor o menor medida:
- El amor desordenado a sí mismos para hacer sus caprichos, hasta el extremo de odiar a Dios creador y a todo aquel que les estorba a sus planes.
- Ser inspirados por el egoísmo, la envidia, la soberbia, la avaricia y la ira contra el ser humano; y los domina la lujuria, gula y la pereza.
- Sembrar el error en la inteligencia, el mal en la voluntad y el odio en el corazón.
- Tener un amor desordenado al dinero, el cual se convierte en su “señor”.
- Usar a las personas para sus egoístas fines personales o de los de su grupo.
- No escuchar sino imponer su voluntad por la fuerza, la mentira, y el engaño para destruir, desunir, dividir, enfrentar.
- Acomodar las cosas a su conveniencia con una mentalidad relativista y soberbia.
- No dedicar tiempo para aliviar el dolor de otros; solo trabajar por sus propios intereses egoístas.
- Aborrecer a la creación y al hombre, que es la creatura predilecta Dios, y buscar herirlo, mutilarlo, degradarlo, deshonrarlo, infamarlo, envilecerlo, despreciarlo, humillarlo, destruirlo con errores contra la verdad, el bien y el amor, como, por ejemplo, la cultura de la muerte y la ideología de género.
- Buscar que la envidia, el egoísmo y el odio abunden en su corazón, lo cual los lleva a buscar la venganza con sus enemigos, a hacer el mal a todos los que se les oponen o les estorban en sus planes.
- Buscar destruir el tejido social al infundir odio en contra del orden y las instituciones naturales, humanas y sobrenaturales creadas por Dios, como son el matrimonio entre hombre y mujer, la fecundidad, la familia, el trabajo que dignifica el hombre, la libre empresa, la propiedad privada, la economía humana.
- Buscar destruir el Orden Social Cristiano (OSC) con lo cual “edifican” la civilización del egoísmo y del odio, cuyos frutos podridos son: desorden, barbarie, esclavitud, opresión, mentira, dolor, muerte, injusticia, impiedad, tiranía, inclemencia.
- No ayudar a los más pobres, a los descartados, a los enfermos a tener una vida digna, sino, por el contrario, utilizarlos como bandera para confundir, engañar y atraer a incautos a sus empresas.
- Sus principales enemigos son los hijos de la luz, los que construyen la Ciudad del amor.
- Se caracterizan por “ser más astutos” que los Hijos de la Luz.
Características de la Buena Semilla y sus seguidores
La Buena Semilla actúa siempre con sus armas convencionales: la verdad, el bien, el amor.
Listamos algunos atributos que Dios infunde en la inteligencia, voluntad y en el corazón de sus seguidores, en mayor o menor medida;
- El amor a Dios por encima de todas las cosas y el amor al prójimo como Dios nos ama, hasta el extremo de confiar absolutamente en Él para hacer la voluntad de Dios y no la suya propia.
- Sus obras están inspiradas por la caridad, la humildad, la generosidad, la castidad, la paciencia, la templanza y la diligencia.
- Ha sembrado la verdad en su inteligencia, el bien en su voluntad y el amor en su corazón.
- Usa del dinero y de los bienes materiales con templanza para el bien personal y para el bien común.
- Limita la propiedad privada de acuerdo con el principio del Destino Universal de los bienes, por lo que comparten magnánima y generosamente con los más necesitados de acuerdo con los principios de Solidaridad y Subsidiariedad.
- Ama a las personas; nunca las usan para sus fines personales.
- Siempre tiene tiempo para los demás. Escucha con atención y paciencia al prójimo buscando su bien y la unidad.
- Predica con respeto –propone, nunca impone- la Fe y el Evangelio con prudencia.
- Es congruente y coherente con sus pensamientos, palabras y obras. Su sí es sí y su no es no.
- Busca construir el Orden Social Cristiano y la Civilización del amor con empeño, dedicación, diligencia, entrega y asertividad.
- Se rige por los valores atemporales y universales de la libertad, verdad, justicia y caridad.
- Ama la creación de Dios, la Casa Común con todas sus criaturas, especialmente al hombre, -el centro de la creación-, para cuidarlo, dignificarlo, apreciarlo, defenderlo, para respetarlo y honrarlo como el ser más excelso salido de las manos de Dios Creador.
- Ama a sus enemigos; hace el bien a quienes lo odian; bendice a quienes los maldicen y reza por los que los tratan mal.
- Construye el tejido social con las instituciones naturales, humanas y sobrenaturales creadas por Dios, como son el matrimonio entre hombre y mujer, la fecundidad, la familia, el trabajo, la economía moral y solidaria.
- Construye, defiende y nutre el Orden Social Cristiano y el tejido social con sus pensamientos, palabras y obras en todos los ambientes sociales donde se mueve.
- Tiene un amor preferencial por los más pobres, los más débiles, los enfermos de cuerpo y alma, los que sufren y están solos y tristes, los que le “estorban” a este mundo, para llevarles vida, alegría y consuelo. Son un dulce bálsamo que trae alivio a los que lloran.
- Da testimonio de la cultura de la vida y del amor.
- Los más pobres y vulnerables ocupan un lugar especial en su corazón para hacerles el mayor bien. Practica las obras de misericordia para atender a los que sufren, para ayudar a remediar los males corporales y los males espirituales de sus hermanos. Ora por todos, y también por los enemigos de Dios y de la Iglesia, pidiendo con devoción y confianza que alcancen la gracia de la conversión y salven sus almas para toda la eternidad.
- Busca ser sencillo como las palomas y astuto como las serpientes.
Si Dios es amor, ¿por qué permite el mal?
Para responder debemos partir, como siempre, de la verdad revelada. El hombre no tiene la capacidad de conocer por sí mismo los misterios de la creación, pues se la pasaría elaborando innumerables hipótesis con respuestas posiblemente equívocas que terminarán en una mayor confusión.
Recurriremos a algunos fundamentos que se encuentran en la revelación acerca de Dios, del hombre y de la creación:
Dios, que es Bondad Infinita, crea al hombre para el Cielo
Dios, creador del hombre y de todo lo que existe, crea al hombre a su imagen y semejanza, con inteligencia capaz de conocer la verdad, con voluntad capaz de hacer el bien y con un corazón capaz de Amar.
Dios nos ha revelado la verdad sobre Él, sobre el Orden Natural, el Orden Humano y el Orden Sobrenatural. Por la Divina Revelación el hombre tiene a su alcance el conocimiento de la verdad, del bien y del amor.
Como Creador del hombre y de la sociedad, también es Legislador Supremo que establece las leyes sociales para que el hombre pueda convivir en paz, para tener una vida digna, y aspire al verdadero progreso. Estas leyes sociales están inscritas en la naturaleza y compendiadas en la Doctrina Social de la Iglesia.
Al ser Dios el Único Ser Necesario, es imprescindible entender que de él venimos y hacia él vamos, por lo que nuestra vida personal como social, económica, laboral, y la cívico-política son caminos en los que podemos servirle, en la caridad, al tiempo vías para llegar a la perfección humana: personal y social.
Dios NO le dio al hombre la inteligencia para vivir en el error, ni voluntad para hacer el mal, ni un corazón para odiar.
Dios permite la acción del Maligno en el mundo
El Maligno existe. Su esencia es la mentira, el odio y la envidia. [4
- Es el responsable de sembrar cizaña para tratar de destruir lo que la Buena Semilla construye.
Dios permite la acción de la cizaña en la tierra hasta el tiempo de la cosecha.
- Esto es un Misterio de la Fe católica, conocido como el Misterio de la Iniquidad. [5]
- Para los católicos es dogma de fe creer que lo que Dios permite es siempre para obtener un bien mayor, sea temporal o espiritual, sea en esta vida o en la eterna.
El mundo es el campo de lucha
Dios crea al hombre con Libre Albedrío para merecer el Cielo o el Infierno
Dios le da al hombre el enorme regalo del libre albedrío por el cual el hombre puede elegir el bien o el mal, con sus correspondientes y graves consecuencias temporales y eternas.
Dios creó al hombre para el Cielo; pero el hombre debe decidir libremente si lo quiere o lo rechaza.
El hombre puede decidirse libremente por el bien, la verdad y el amor para construir la Ciudad de Dios.
La consecuencia de esta elección es la bienaventuranza eterna, o sea, el cielo, para gozar de la presencia de Dios.
El hombre puede libremente rechazar a Dios para construir la Ciudad Terrena, donde impera el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios [6].
La consecuencia de esta elección es el Infierno o Castigo Eterno, en donde no podrán gozar de la Presencia de Dios, pues en ese lugar está “ausente”.
El peor de los males personales y sociales es el pecado
El dolor y sufrimiento en el mundo son consecuencia del pecado, del error, del mal y del odio, los cuales tienen un tremendo impacto y consecuencias negativas en la persona y en la sociedad.
El remedio del dolor y del sufrimiento personal y social es al amor a Dios por encima de todas las cosas, y el amor al prójimo como Dios nos ama. Este amor tiene un tremendo impacto benéfico y real en la persona y en la sociedad.
Si queremos la Paz, debemos poner a Dios en el Centro de todo: de la vida personal, social, cívica y política.
Análisis de conciencia para nuestra conversión personal y social
Todos los seres humanos que quieren construir la Ciudad del Amor poseen seguramente varias características de la Buena Semilla consignadas más arriba.
Sin embargo, es posible que aún la Buena Semilla haya sufrido alguna contaminación con el error, el mal o el odio sembrados por la cizaña, -a nivel personal o social-, pues el Maligno, que es el padre de la mentira y el engaño, se suele disfrazar de ángel de luz.
Por ello conviene hacer un análisis profundo de lo que hay en nuestra inteligencia, en nuestra moral y costumbres, y lo que abunda en nuestro corazón, para discernir: qué debemos cambiar, qué debemos eliminar, y qué debemos adquirir, como un ejercicio para nuestra propia conversión a Dios, tanto para ser mejores personas, como para ser una mejor sociedad.
Conversión personal
La única forma de ser buena Semilla es empapar la inteligencia, la voluntad y el corazón con la verdad, la bondad y el amor del Evangelio, y tener una relación interior profunda y personal con Dios Creador, con Jesús redentor y con el Espíritu dador de vida.
Conversión social
La única forma de construir la Ciudad del Amor, de restaurar el Orden Social Cristiano y el tejido social es con un conocimiento profundo de la Doctrina Social de la Iglesia para poder así actuar acorde.
La Ciudad del amor solo se construye con Buena Semilla
La Ciudad del amor es el único Orden Social viable para procurar y facilitar al ser humano las condiciones adecuadas para su realización y desarrollo temporal y trascendente para todo tiempo, lugar y circunstancia por las que atreviese la sociedad. [7]
- Con equidad y justicia.
- Con plenitud de una vida digna, donde pueda desarrollar al máximo de sus capacidades y talentos.
- Con una convivencia en Paz, que alcance a todos los hombres.
- Donde se respeten los derechos y deberes del hombre.
- Donde se practiquen la libertad, la justicia, la verdad y la caridad.
- Donde haya un cuidado y amor especial a los más pobres, los descartados, desvalidos y los vulnerables.
Para la reconstrucción del Orden Social Cristiano, que es una labor social y cívico-política, se requiere de la participación estrecha y colaborativa de las dos sociedades perfectas: La Iglesia y el Estado, cada cual en su campo de acción:
La Iglesia:
- Su labor es Evangelizar para el advenimiento del Reino del amor en la tierra. Esta labor tiene un impacto social muy positivo al buscar ser y formar mejores ciudadanos, lo cual facilita enormemente el bien Común y el desarrollo con justicia y Paz.
El Estado:
- Para restaurar el Tejido Social y el OSC se necesita que el Estado tenga los principios y los valores universales y atemporales de la Doctrina Social de la Iglesia y colabore con ésta para construir conjuntamente una sociedad que procure el bien común, la paz y el verdadero progreso.
Salir al encuentro del hermano
Muchas personas del mundo occidental, otrora profundamente cristiano, se encuentran enfermos del alma, pues su inteligencia ha sido contaminada con el error, su voluntad con el mal, y el corazón con odio.
Por fortuna todavía hay muchas personas que gozan de una maravillosa salud espiritual, y dan testimonio de fe cabal, moral inquebrantable y un amor incondicional a Dios y al prójimo. Gracias a ellos el mundo occidental no ha caído más bajo, pues llevan sobre sus hombros las labores propias del Orden Social Cristiano, con amor, con oración y con buenas obras, sosteniendo el tejido social, viviendo los valores sociales de libertad, verdad, caridad y justicia en las comunidades en donde participan, y defendiendo los derechos y deberes humanos en todos los ámbitos, de manera importante en el cívico-político.
Todos los seres humanos somos hermanos, tenemos la misma dignidad y los mismos derechos. Cada uno es igual de valioso e importante. En el plan de Dios, el amor nos debe unir de tal manera que cuando uno sufre, todos sufren; y cuando uno se alegra, todos se alegran. [8]
La distancia que media entre el desorden social actual y la salud espiritual de la sociedad occidental es la Conversión interior a Dios.
La Conversión se ilustra claramente con la poderosa frase del miércoles de ceniza: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” [9]
La construcción de la Ciudad del Amor requiere de un enorme esfuerzo y trabajo para llevar el Evangelio a todos, principalmente a los enfermos del espíritu, buscando que se renueven para ser personas de bien, con una inteligencia plena de verdad, una voluntad anclada en el bien y un corazón lleno de amor.
El amor Vence Siempre
A muchos les desconcierta la gravedad de la situación actual y quizás han llegado a pensar que la cizaña la tiene ganada, ya que ésta cuenta con enormes recursos económicos y materiales; que sus armas son “invencibles”, como son el soborno, la mentira, el engaño, la amenaza, el asesinato; que tiene con numerosos adeptos y que puede comprar la voluntad de todas las personas que desee adquirir pues posee suficiente dinero, poder y placeres deshonestos e inmorales sin límites.
La realidad es todo lo contrario: la cizaña la tiene perdida.
La verdad siempre prevalece sobre el error. El bien siempre prevalece sobre el mal. El amor vence siempre.
Dios nos da la Paz, pero no como la da el mundo. Dios siempre triunfa, pero no como triunfan los reyes de la tierra.
El Maligno creyó ganarle a Jesús cuando lo apresa, lo flagela, lo humilla, lo desprestigia, lo corona de espinas, lo martiriza y le da muerte clavándolo en la Cruz.
Pero en la Cruz triunfó el amor. triunfó con el abundante bálsamo de amor y de ternura que salían de sus labios, de sus ojos, de su mente y de su corazón con el que perdonó todo, aún en medio de los más crueles castigos, dolores y sufrimientos.
Los ciudadanos edifican la Ciudad del amor siempre que amen con el mismo amor con que amó Jesús en la Cruz.
La victoria temporal de la Ciudad del Amor, el momento en que los enemigos de Dios sean aniquilados y puestos bajo sus pies [5], ese tiempo, le compete a Dios. A nosotros nos corresponde trabajar para construir la Civilización del amor y restaurar todo en Cristo.
La Esperanza de los ciudadanos que construyen la Ciudad del amor, aún en medio de las dificultades y tribulaciones, está fundada en la palabra. Ya lo dijo la Santísima Virgen en Fátima el 13 de julio de 1917 al mundo entero:
Al final, Mi Inmaculado Corazón Triunfará. [10]
Referencias:
[1] La Parábola de la cizaña. Biblia Latinoamericana (1995). Editorial Verbo Divino. Mateo 13: 24 – 48
[2] El Padre Nuestro. Biblia Latinoamericana (1995). Editorial Verbo Divino. Lucas 11: 1 – 4; Mateo 6: 9-13
[3] El Príncipe de este mundo. Biblia Latinoamericana (1995). Editorial Verbo Divino. Juan 14: 30
[4] El diablo, padre de la mentira. Biblia Latinoamericana (1995). Editorial Verbo Divino. Juan 8: 44
[5] El Misterio de Iniquidad. Biblia Latinoamericana (1995). Editorial Verbo Divino. 2 Tesalonicenses 2: 7 – 12
[6] La Ciudad de Dios. Agustín de Hipona. Editorial (Independently Published 29 Julio 2022), ISBN-13 (979-8843071561). Vendido por Amazon Estados Unidos.
[7] Pontificio Consejo Justicia y Paz, (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana.
[8] Fratelli Tutti, Carta Encíclica del Santo Padre Francisco (2020). Ediciones Paulinas SA de CV. Capítulo I, Pags 11 – 41
[9] Arrepentíos y creed en el Evangelio. Biblia Latinoamericana (1995). Editorial Verbo Divino. Marcos 1: 15
[10] La verdadera historia de Fátima. John de Marchi, LMC. Capítulos 3 a 10. https://fatima.org/wp-content/uploads/2018/02/True-Story-of-Fatima-Span.pdf





