Populismo y gobiernos populistas

Gerardo Antonio López Hernández

Populismo y gobiernos populistas
El fenómeno del populismo y los gobiernos populistas, son tendencias que han tomado relevancia en la segunda parte del siglo XX y en lo que va del siglo XXI.

El fenómeno del populismo y los gobiernos populistas, son tendencias que han tomado relevancia en la segunda parte del S. XX y en lo que va del S. XXI. En diversas partes del mundo, se encuentran ejemplos; su incidencia debe ser motivo de análisis para descubrir los resortes que impulsan su aparición, logran aceptación en países democráticos y, por la vía electoral, acceden al poder gobiernos legalmente constituidos.

Por un lado, países con alto desarrollo económico y social, aceptables sistemas democráticos, y otros con grados de desarrollo más limitados, con democracias incipientes, forman parte de estos fenómenos.

¿Son buenos o malos estos sistemas políticos? ¿ofrecen a la sociedad los medios para una sana convivencia? ¿contribuyen al logro del bien común?

Trataremos de dilucidar, mediante un análisis de la realidad objetiva, si estas tendencias ofrecen respuestas aceptables para el desarrollo social y económico justo y haremos énfasis especial en México.

Definición necesaria:

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define al populismo como:

Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares.

(Advierte que es más usado el término en un sentido despectivo).

La definición de la RAE se complementa con la raíz etimológica que proviene del ruso trasliterado como narodnichestvo que, traducido al español, resulta en la palabra populismo. El significado etimológico más próximo a dicho término podría ser el lema ruso del cual deriva: ir hacia el pueblo. [1]

Podemos entender como populismo: al conjunto de prácticas políticas, sociales y económicas que ejerce el populista, un líder político que ostenta un cargo dentro del estado, usualmente la jefatura de Estado/presidente, o bien que pretende ostentarlo.

El populismo es una doctrina política que se construye necesariamente alrededor de la figura de un líder político: el populista, cuyo discurso se caracteriza por la construcción de una falsa dicotomía, una necesaria polarización social: el pueblo versus el antipueblo.

Una vez el populista divide en dos a la población: pueblo y no pueblo; este procede a convertirse en la voz de uno de los bandos, en este caso el pueblo, y a culpar de cuanto mal exista o pueda existir en la nación al bando contario, el antipueblo.

En pocas palabras, el líder populista adopta la supuesta dignidad de héroe. reforzada la mayoría de las veces por un cargo político, logrado por un proceso democrático, y con un carisma inigualable, le permite hacer lo siguiente:

  • Decretar qué es verdad y qué no lo es.
  • Responsabilizar a sus detractores de cuanta desgracia ocurra en el país, incluso de aquellas que han sido provocadas por él mismo.
  • Por supuesto, acumular cada vez más y más poder político, pues él es la voz del pueblo y, por tanto, es su deber y su derecho asegurarse de que el sector a quien él representa esté seguro.

Y agregaría otra conducta:

  • La maniquea: por la que se declara qué persona, física o moral, es buena, honesta, eficiente, y cuál no.

Hay otra consideración de importancia: El populismo, como doctrina política, no se encuentra relacionada, en estricto sentido, a una ideología política, pero es más común en sectores afines a la izquierda (centro-izquierda, socialdemocracia, socialismo, o en gobiernos plenamente autoritarios).[2]

El abogado y analista político chileno Axel Kaiser y la politóloga y escritora guatemalteca Gloria Álvarez en su libro en conjunto: “El engaño populista”, publicado en 2016, añade otras características del populismo y señalan que existen al menos, cinco desviaciones que configuran la mentalidad populista […]:[3]

  1. El odio a la libertad y la idolatría hacia el estado

Es difícil distinguir, en el populismo, gobiernos de derecha o izquierda; en ambos casos se manifiesta un aparato estatal muy grande, intervencionista, burocrático y que ejerce una fuerte presión fiscal.

La persona populista muestra al estado como la esperanza del pueblo, obviamente el maneja el poder ejecutivo o es el jefe de estado, el populista es el defensor del pueblo que es constantemente afligido por el antipueblo.

A cambio de esta defensa y protección el pueblo debe estar dispuesto a ceder sus libertades a su líder, héroe y salvador; porque el populista tiene que responder de inmediato para satisfacer las demandas del pueblo, sin importar las normas que pudiesen obstaculizar la respuesta expedita.

Adicionalmente, si alguna persona cuestiona las acciones supuestamente negativas del denominado antipueblo, ésta corre el riesgo de convertirse, de inmediato, en parte de esa facción con la sola declaración del populista.

  1. El complejo de víctimas

Es el resultado de la polarización que construye el carismático populista, con la fuerza de un discurso pleno de energía, el pueblo maltratado se asume con un complejo de víctima.

Los males que aquejan al país no son responsabilidad ni del pueblo ni del populista. Esta actitud los exime de responsabilidad, incluso si el pueblo atentase contra la ley, porque bajo esta visión la ley si la consideran injusta, no habría porque respetarla.

  1. La paranoia antineoliberal (o anticomunista)

El populismo se alimenta del enfrentamiento constante; el antipueblo se identifica con cualquier aspecto que se le oponga; en el aspecto económico, para el populismo de izquierda, su opositor favorito son los neoliberales.

Alexander Rüstow, economista y sociólogo alemán acuñó el término para designar el conjunto de prácticas políticas económicas, conocidas actualmente como economía social de mercado.

Los neoliberales son los causantes de el empobrecimiento del pueblo, porque persiguen el lucro ante todo, no contribuyen al bienestar social.

En el populismo de derecha se da otro aspecto; solo recordar la llegada de Donald Trump al gobierno de los Estados Unidos. La circunstancia se derivó de una serie de guerras intervencionistas en el S. XX que generó un gasto público enorme, servicio militar obligatorio, crecimiento de la industria bélica, la Guerra fría; en este caso el antipueblo fue el comunismo; en la actualidad, uno de los adversarios favoritos son los migrantes, los que les quitan el trabajo a los americanos, los migrantes que son malvivientes, bandidos que invaden suelo americano. El ideal es: volver a América grande otra vez.

  1. La pretensión democrática

Para el populista, la democracia representativa se ha agotado, el pueblo no está verdaderamente representado, el voluntarismo del líder reclama que las políticas sociales y las leyes que demanda que se aprueban es porque el pueblo así lo quiere., es la voluntad del pueblo y el pueblo siempre tiene la razón. En México el pueblo bueno y sabio siempre sabe lo que quiere.

  1. La obsesión igualitarista

En el discurso de enfrentar al pueblo con el antipueblo, es importante introducir que en este último sector están los oligarcas, los dueños del capital; en México el presidente ha llegado a decir que las clases medias aspiracionistas, los que tienen estudios profesionales, o han estudiado en el extranjero, se oponen a su proyecto transformador. Especialmente los representantes del capital son los que han llevado al pueblo a la pobreza, lo han explotado siempre y quieren seguir haciéndolo.

Para la visión del populista y del populismo, no existe situación más negativa que la desigualdad social, por tal motivo, se debe erradicar de inmediato, con todos los medios al alcance. El uso indiscriminado de los impuestos, en establecer políticas de corte asistencialista, son una prioridad; deben ser parte de la constitución, como en México; el populista apuesta a que será difícil quitarles, no importa el hueco fiscal que herede, no será ya su problema; si los sucede la alternancia, será problema de ellos eliminar estas políticas u obtener los recursos para seguirlas manteniendo.

A los populistas no les importa mucho como generar riqueza, su ocupación principal será como confiscarla.

Ejemplos de gobiernos populistas

El siglo XX, famoso por sus numerosas guerras también tuvo sus propios líderes y gobiernos populistas, dentro de los que destacan cuatro de manera especial:

  • Benito Mussolini, en Italia.
  • Adolf Hitler, en Alemania.
  • Mao Zedong, en China.
  • Fidel Castro, en Cuba.

En América latina, también en el S. XX, destacan los siguientes gobiernos populistas:

  • Juan Domingo Perón y otros representantes del peronismo (Argentina): 4 de junio de 1946-12 de septiembre de 1955; 12 de octubre de 1973-1 de julio de 1974.
  • Hugo Chávez (Venezuela): 14 de abril de 2002 5 de marzo de 2013.
  • Nicolás Maduro (Venezuela): 5 de marzo-19 de abril 2013; 19 de abril 2013-actualidad.
  • Salvador Allende (Chile): 3 de noviembre de 1970-11 de septiembre de 1973.
  • Michelle Bachelet (Chile): 11 de marzo de 2014-10 de marzo de 2018.
  • Cristina Fernández de Kirchner (Argentina): 10 de diciembre de 2007-9 de diciembre de 2015.
  • Alberto Fernández (Argentina): 10 de diciembre de 2019-2023
  • Rafael Correa (ecuador): 15 de enero de 2007-24 de mayo 2017.
  • Daniel Ortega (Nicaragua): 10 de enero 2007- actualidad.
  • Evo Morales (Bolivia)22 de enero 2006-10 de noviembre de 2019.
  • Donald Trump (Estados Unidos): 20 de enero de 2017-19 de enero de 2021.
  • Lázaro Cárdenas del Rio (México): 1 de diciembre de 1934- noviembre de 1940.
  • Luis Echeverría Álvarez (México): 1 de diciembre 1970-30 noviembre de 1976.
  • Andrés Manuel López Obrador (México):1 de diciembre de 1918- actualidad.[4]

Conclusiones

Los cuestionamientos iniciales que planteamos:

¿Son buenos o malos estos sistemas políticos? ¿ofrecen a la sociedad los medios para una sana convivencia? ¿contribuyen al logro del bien común?

Después de revisar las características de lo que significan los líderes y gobiernos populistas, y en especial los hechos históricos en que participaron, en términos generales, no registran buenos resultados de gestión de gobierno. Para empezar los liderazgos relacionados con los grandes conflictos de la historia contemporánea: Hitler, Mussolini y Mao Zedong, muestran que su visión política generó guerras, muerte y destrucción; sembró la división en sus países y hoy día, su herencia, es anatema, vergüenza internacional.

Los líderes de corte populista son maestros en la manipulación de las clases más desprotegidas, tienen la sensibilidad para identificar las afrentas y rencores sociales; deciden quienes son los enemigos de su bienestar y desarrollo, personal y colectivo. Esta actitud, en esencia, es la más perniciosa, porque dividen y enfrentan al pueblo. En esa dicotomía se basa su visión de la política y muchas veces con espíritu mesiánico, se consideran que son los héroes que salvarán a las clases oprimidas y por eso, en muchos casos, justifican su perpetuación en el poder.

En esta breve revisión histórica, apreciamos que la economía resulta muy afectada con esta visión, porque los impuestos son empleados para aplicarlos en políticas asistencialistas que los mantengan en el poder o bien, en proyectos que, según estos líderes, están encaminados a reconstruir el orgullo nacional, o bien a corregir las decisiones de lo gobiernos neoliberales.

Los ciudadanos que identificamos a este tipo de líderes y gobiernos derivados, tenemos el deber de oponernos, en forma decidida, porque nos destruirán como sociedad.

 


Referencias:

[1] Suárez, Luis Miguel, portal Mucha Historia: https://muchahistoria.com/populismo/; (revisada 5 de abril 2024).

[2] Ibid.

[3] Kaiser, Axel y Álvarez, Gloria, El engaño Populista, 2016, Ed. Ariel, pp 119.

[4] https://muchahistoria.com/populismo/

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