En este complejo entramado de nuestro tiempo, donde la realidad social nos interpela con urgencia, emerge la resonancia del Evangelio, una voz que no nos permite la huida. El Papa Francisco, con su clarividencia habitual, no nos invita a la inacción, a la pasividad complaciente, sino que nos lanza una interpelación directa, un desafío radical: abandonar la cómoda butaca del “hincha” para descender al ruedo de la vida, al diálogo, al compromiso tangible y a la acción transformadora. Es el eco de una ciudadanía viva que se niega a ser mero espectador mientras otros deciden su destino.
La hora del amor
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