Cito esta canción porque me parece un himno que refleja la turbulencia que vivimos y nos provoca un vértigo de realidad, el tema de la paz se vuelve cada vez más urgente.
Es común escuchar en las pláticas cotidianas, en los discursos políticos, en los medios de comunicación, sobre el sentimiento de incertidumbre y de violencia que se vive en el mundo, y de la necesidad se emprendan acciones concretas que nos permitan construir espacios seguros y en paz.
En 1981, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 21 de septiembre como día internacional de la Paz. En 2001 se designó este día Jornada de No Violencia y Alto al Fuego. Pero esto sin una traducción en acciones concretas que transformen la cultura de poco servirá.
Generalmente, estamos a la espera de que alguien más tome acción y resuelva aquello que nos correspondo a todos. Si bien la autoridad desde la posición que ocupa puede hacer un bien mayor, los ciudadanos de a pie podemos hacer mucho para construir una cultura de la paz.
Esta paz no se trata solo de ausencia de guerra, sino tener la posibilidad de dormir tranquilo, de tener una conversación empática, o resolver algún conflicto sin llegar a la violencia física o verbal. En este punto será valioso e importante que nos cuestionemos qué estamos haciendo en lo personal y cómo es nuestro actuar en la convivencia social.
La paz se vuelve una elección diaria, que se va construyendo con nuestras acciones: escuchar sin interrumpir, ceder el paso, aprender a pedir perdón, hacer lo que me corresponde, reconocer los logros de otros, no gritar, respectar las cosas ajenas, son pequeñas acciones que todos podemos realizar para provocar entornos favorables, pero el mundo nos grita una cultura contraria que bien se puede reflejar en dichos como “el que agandalla no batalla”; “más vale ser temido que amado”; “pena robar y que te cachen”. No estamos dispuestos a ceder para lograr un bien común.
A propósito de este tema ahora en septiembre también se recuerda a la madre Teresa de Calcuta, quien en 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz. En su valiente discurso, abordo el tema de la defensa de la vida, señalando con gran precisión el drama de los no nacidos, de aquellos “que han apagado su voz”.
Otro de los puntos en los que hace énfasis, para lograr la paz, es la familia pues le tocó conocer miles de historias de ancianos abandonados; de jóvenes a merced de las drogas; de moribundos solitarios; de enfermos rechazados, porque no había nadie en su familia que viera por ellos. Así el mundo se va volviendo mas frío.
Siguiendo su recomendación -“servir es la paz”-, podemos mirar al otro con amor y misericordia. Pero cuando solo nos centramos en nuestras propias necesidades, perdemos el sentido de comunidad y solidaridad.
Todos hablamos de paz, pero, ¿qué tan dispuestos estamos a construirla más allá del discurso?
En una sociedad donde no hay justicia, pero sí represión y exclusión, será sumamente complicado vivir la paz. Hagamos un llamado a quienes ocupan puestos de poder y autoridad a asumir un compromiso sólido y real. Y, puesto que se les ha dado el voto de confianza, vigilemos que trabajarán por el bien común; exijamos honestidad y el destierro de malas prácticas, que han normalizado, la corrupción, y el oportunismo, haciendo de la política el espacio para posicionamientos ideológicos, de intereses personales y de grupo, más allá de un verdadero espíritu de servicio y de caridad.
Igual de importante es el papel de la educación, teniendo la oportunidad desde el aula, la cancha de futbol o los pasillos de la escuela para forjar las almas de las nuevas generaciones. Eduquemos y formemos no solo en habilidades técnicas, más allá de las matemáticas, el español o la historia eduquemos para la convivencia, la empatía y la no violencia.
Finalmente, hablar de paz en estos tiempos puede parecer ingenuo, incluso utópico.
Vivimos rodeados de noticias sobre guerras, violencia doméstica, polarización política y discursos de odio que inundan las redes sociales. Sin embargo, es una necesidad para la sobrevivencia colectiva, compartamos la responsabilidad, tengamos un proyecto de vida y un compromiso diario con nosotros mismos y con lo demás comenzando por nuestra familia, los compañeros de trabajo, los vecinos a quienes tenemos más próximos a nosotros y con lo que podemos comenzar a construir esa paz que tanto anhelamos.
Yo canto para los que no tienen pan
Yo canto para que respetes la flor
Yo canto porque el mundo sea feliz
Yo canto para no escuchar el cañón…





