La visión del Papa sobre el trabajo
En la encíclica Magnifica Humanitas, León XIV retoma la tradición de la Doctrina social iniciada con Rerum novarum y subraya que el trabajo es «la clave esencial» para comprender la cuestión social. No es un simple medio para obtener ingresos, sino una necesidad inherente a la condición humana: expresa y acrecienta la dignidad de la vida, permite el desarrollo de las capacidades, sostiene a las familias y construye el bien común mediante la cooperación.
El Papa recuerda la intuición de san Benito —ora et labora— y afirma que, creados a imagen del Creador, mediante el trabajo prolongamos su obra.
Por ello, las ayudas económicas a los pobres son necesarias en emergencias, pero no pueden convertirse en la única respuesta: el objetivo es ofrecer a cada persona las condiciones para vivir dignamente a través de su propio trabajo.
En la transición digital, la automatización y la IA no deben relegar a los trabajadores a tareas rígidas ni desespecializarlos; los sistemas deben diseñarse centrados en la persona.
El desempleo masivo se considera una calamidad social. La norma debe ser la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona. El acceso al empleo para todos permanece como objetivo prioritario de las políticas públicas, porque una sociedad que garantizara trabajo sólo a una minoría generaría inactividad forzada, empobrecimiento humano y regresión antropológica.
Las expectativas de Musk y Diamandis
En el nicho de negocios y tecnología de la Inteligencia Artificial, resaltan entre otros un par de actores. Elon Musk sostiene reiteradamente que la inteligencia artificial y la robótica harán que el trabajo se vuelva opcional, comparable a cultivar un huerto por placer. En su visión, posiblemente bien intencionada, la productividad será tan elevada que bienes y servicios se aproximarán a la gratuidad, permitiendo una renta universal alta financiada por la abundancia generada. Según su visión, todos podrían disfrutar de un nivel de vida elevado y el dinero podría volverse irrelevante.
Peter Diamandis, autor de Abundance, desde hace más de una década, comparte un optimismo similar: las tecnologías convergentes producirán una abundancia que desmonte las estructuras de escasez. Anticipa que la IA provocará desempleo significativo y que los gobiernos responderán con transferencias similares a cheques de emergencia, mientras los precios de bienes esenciales se derrumban. Ambos pensadores coinciden en que la transición traerá disrupción, pero confían en que la abundancia material resolverá gran parte del problema económico, dejando abierta la cuestión del sentido o propósito humano.
Coincidencias y divergencias esenciales
Existen puntos de encuentro. Tanto el Papa como estos actores reconocen la magnitud de la transformación tecnológica y el riesgo real de pérdida masiva de empleos. Coinciden en que la tecnología puede liberar a las personas de tareas pesadas, repetitivas o peligrosas, y en la necesidad de respuestas sociales ante la disrupción.
También comparten la intuición de que una economía de abundancia es técnicamente posible si se orienta correctamente. Este último punto es muy importante destacarlo pues desde ahí se puede construir mucho.
Los contrates, sin embargo, son profundos. Para León XIV, el trabajo no es un hobby opcional ni un residuo de la escasez, sino una dimensión constitutiva de la persona: espacio de expresión, relaciones, contribución a la comunidad y respuesta a la vocación. Reducir la solución a una renta universal, por elevada que sea, implica aceptar una inactividad forzada que erosiona la dignidad y genera empobrecimiento cultural. El Magisterio prioriza políticas activas de empleo, recualificación continua, participación de los trabajadores en el diseño de la innovación y una economía que valore la creación de puestos dignos como indicador de éxito empresarial.
Mientras Musk y Diamandis confían en la redistribución de la abundancia generada por las máquinas, el Papa insiste en que la justicia debe orientarse desde el origen de los procesos productivos: transparencia algorítmica, inclusión en el acceso a las competencias digitales y corresponsabilidad entre Estados, empresas y sociedad civil. La libertad económica no es absoluta; se debe medir por el bien común y la dignidad de cada persona.
Hacia una transición humanizante
La propuesta de la Doctrina social no niega el potencial liberador de la IA, sino que exige gobernarlo. Se necesitan criterios sociales para toda introducción de automatización: medidas verificables de protección del empleo, formación permanente accesible y responsabilidad empresarial que incorpore la dignidad del trabajo entre sus indicadores. El Estado debe fomentar el empleo donde escasea y defenderlo en crisis, situando a la familia y a los jóvenes en el centro de las políticas.
En definitiva, la magnífica humanidad que Dios ha creado no se realiza en la pasividad de una renta, sino en el trabajo compartido que edifica la ciudad de la fraternidad.
Mientras algunos, incluso benévolamente, pudieran soñar con una Babel de abundancia sin esfuerzo, el camino de Nehemías —reconstruir juntos, cada uno su tramo de muralla— permanece como el modelo cristiano: tecnología al servicio de la persona, no persona al servicio de la tecnología. Solo así el progreso técnico se convertirá en desarrollo humano integral.
Referencias:
León XIV. (2026). Magnifica Humanitas. Carta encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.
Diamandis, P. H., & Kotler, S. (2012). Abundance: The future is better than you think. Free Press.
Musk, E. (2026, abril). Publicaciones en X sobre universal high income y el futuro del trabajo. https://x.com/elonmusk
Cita este artículo
Von Raesfeld, B., (2026, octubre 13). Inteligencia artificial, trabajo y dignidad humana. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/inteligencia-artificial-trabajo-y-dignidad-humana/
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