Especialmente, en el caso del equipo francés, éste solo tiene tres jugadores de padres franceses; los demás tienen padres de origen fuera de Francia; vimos a una mayoría de afro-franceses, tres de Mali, Ousmane Dembele, Ibrahima Konate, N`Golo Kante, dos de Martinica, uno del Congo, uno con padres de Nigeria y madre Argelia, nacido en Inglaterra, Michel Olise, Brice Samba del Congo, Kylian Mbappe y Aurelien Tchovameni de Camerún, Malo Gusto y Warren Zaire Emery de Martinica, Dayot Uapamacono y William Saliba de Guinea, Marcos Thuran, nacido en Italia, Lucas Theo Hernández en España y Mike Maigan en la Guyana francesa.
Se reportan 289 jugadores que no juegan con su país de origen, por haberse nacionalizado, o decidido jugar por otra camiseta, destaca el inglés Herling Haaland que juega profesionalmente fuera de su país, pero encabeza a la delegación noruega.
En algunas selecciones como la de Curazao, 25 de sus jugadores no nacieron en el pais, igual sucede con 20 de la república del Congo, 19 de Marruecos, 17 de Bosnia, 16 de Haití y Argelia, 15 de Tunez, 14 de Cabo Verde y Qatar, 12 de Senegal, 10 de Turquía, 9 de Costa de Marfil e Irán, 8 de Australia, Croacia, Nueva Zelanda y Ghana, 7 de Canadá y Escocia, 6 de Estados Unidos, 5 de México y Paraguay, (de México hay 2 norteamericanos, un colombiano, un argentino y un español nacionalizados), Francia, Ecuador, Jordania y Suiza, tienen 3 cada selección, Argentina, Portugal, Noruega y Uruguay 2 cada uno, y al final con solo uno están Corea del sur, España , Inglaterra, Alemania, Uzbekistán, Japón, Países Bajos y Bélgica; lo que demuestra la gran importancia de jugadores extranjeros en las diversas representaciones ante el evento Mundialista.
También nos habla de la importancia de la inmigración en el mundo moderno, sin olvidar que a 250 años de la Independencia de la nación hegemónica -por el momento-, los Estados Unidos de América (USA), el gobierno de Trump se olvida de los que la inmigración aportó para la nación, poniendo enormes dificultades a quienes desean ingresar a su país en busca de una vida mejor; además de amenazar a quienes tienen una vida hecha con esfuerzo y en condiciones de desigualdad frente a los WASP -que se suman al proyecto MAGA de su presidente, para reforzar la supremacía blanca- en un entorno de gran movilidad para los inmigrantes de todo el mundo.
El problema no es ajeno a Europa. El santo padre León XIV insiste en cada oportunidad en recordarnos la importancia de la dignidad de la persona humana, sin distingos de color de piel u origen.
No podemos hacer a un lado la realidad, Alemania tiene 18 millones de inmigrantes acogidos durante los últimos 50 años, España tiene 9.5 millones, solo que sin ellos estos países se encontrarían en un declive poblacional que los haría inviables.
En el pasado reciente, Europa no veía muchas personas de otras nacionalidades incorporadas en vivencia diaria -en 1989, con la caída del Muro de Berlín-, pero apenas desde hace dos años, es notable la presencia de latinos y africanos sin menospreciar a los árabes y asiáticos que se notan en cada ciudad de la comunidad europea. En contraste, algunos movimientos políticos como el de Marine Le Pen, la Agrupación Nacional, y Alternativa para Alemania, enarbolan la bandera contra los migrantes y se alinean con los enemigos de la integración.
Las dificultades para ingresar al sueño americano han generado en México la presencia de inmigrantes de Centro y Sudamérica que encuentran facilidades para instalarse y progresar aquí, aportando parte de su cultura, no es raro ver argentinos y venezolanos en negocios diversos, la inmigración peruana nos aporta ceviches y recetas de pescado que compiten ampliamente con la cocina mexicana por lo menos como experiencia gustativa para las clases medias, pero coreanos y chinos también aportan cultura variada y pluralidad; nos deja recordar a Vasconcelos en su visión de la raza cósmica que debe ser leída por todo mexicano culto, sin olvidar Grandeza mexicana de Bernardo de Balbuena, para contrastar con el bodrio “Grandeza” de López Obrador.
Ahora que se reclama al gobierno de USA, por la supuesta intervención en la entrega del Mayo Zambada a la justicia en los Estados Unidos, tenemos que recordar que, en los últimos 30 años, casi medio millón de mexicanos se ubicaron en Nueva York, al grado que desplazaron la inmigración de Puerto Rico y República Dominicana. Estos mexicanos no se fueron por gusto, sino más bien porque en su país, no hubo las condiciones para un crecimiento del capital social, y en cambo cada día es evidente el estancamiento económico, la falta de oportunidades, la sociedad de autoridades con el crimen organizado, el retroceso en la educación, lo que propicia que muchos ciudadanos tengan la tentación de convertirse en inmigrantes buscando mejorar sus condiciones de vida, ya que las actuales no satisfacen a la mayoría de ciudadanos.
Tanto el socialismo como el capitalismo han fracasado en la encomienda de justicia social y reparto equitativo de la riqueza; la iglesia no para de hacer notar la gran injusticia de las grandes fortunas frente a la miseria de una inmensa mayoría de la humanidad.
Los estados modernos tienen la obligación de buscar el camino para la justicia social, hay riqueza para terminar con la miseria, pero el mundial de futbol nos ha enseñado; entre otras cosas que a la mayoría de los ciudadanos nunca les alcanzara para comprar boletos, porque no les alcanza para terminar la quincena.
La inmigración continuará, porque hay hambre y sed de justicia. Por eso algunos dejan sus países para jugar futbol donde pueden prosperar como personas, pero ingresan a la élite de los millonarios y se olvidan de su origen.
Cita este artículo
Aviña Zepeda, J., (2026, septiembre 4). Inmigración y fútbol. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/inmigracion-y-futbol/
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