En el marco de un aniversario más del fin de la lucha de la independencia de México, queda de manifiesto nuevamente la necesidad de entender el verdadero Patriotismo, el compromiso del mexicano con su país.
“Pobres mexicanos que cada 15 de septiembre gritan por espacio de una hora, para callar el resto del año.” (Octavio Paz)[1]
De corazón queremos que Viva México, pero más que gritarlo hay que sentirlo y vivirlo, el amor por la patria no debería limitarse a un grito efímero, sino manifestarse en acciones concretas que construyan un país más justo y digno.
El primer «¡Viva México!» que debemos sentir y exigir es el respeto a la vida: cuántos muertos todos los días a causa de la inseguridad y la violencia descontrolada en todo el país, cuántos desaparecidos y, peor aún, cuántas muertes intencionadas de niños en el vientre materno.
Es necesario que México viva en los niños, que tengan un sano desarrollo y vida digna, que con su familia cuenten con una buena alimentación, educación y formación integral; que en las familias se vivan valores, entre ellos respeto y amor, pero sobre todo puedan estar libres de violencia y sean constructoras de paz y armonía.
Para alcanzar un patriotismo auténtico, es fundamental invertir en la educación, la cual debe ir más allá de la mera instrucción y convertirse en una formación integral. Esto implica educar a niños y jóvenes con valores cívicos y patrios que fortalezcan el tejido social.
Que “Viva la Educación” laica, obligatoria y gratuita que define la constitución; una educación libre de ideologías y teorías raras; una educación que forme a los niños y adolescentes en los valores patrios: que defienda la libertad, patria y religión como se definen los colores de la bandera: en el Plan de Iguala, Iturbide llevaba la bandera trigarante (verde, blanca y rojo), en franjas diagonales. Los colores de la bandera garantizaban algunos derechos: el blanco representaba la religión católica; el verde la independencia de México ante España y el rojo la igualdad y la unión de los mexicanos con los españoles y las castas.
Una educación que retome los valores cívicos; cada vez se pierde más la costumbre de la formalidad en los honores a la bandera, pocos niños se saben ya el himno nacional o el juramento a la bandera, esa promesa solemne de lealtad y fidelidad a la bandera nacional, que es símbolo de la patria y de sus principios de libertad y justicia.
En definitiva, celebrar la independencia es un llamado a la acción. Es un compromiso para que el «¡Viva México!» resuene no solo en nuestras gargantas, sino en la paz de nuestras calles, en la integridad de nuestras familias y en la formación de las próximas generaciones.
Retomando la frase tan atinada de Octavio Paz, debemos ser mexicanos comprometidos con nuestra patria de tiempo completo; gritar y denunciar las injusticias y abusos diarios, la violencia, la corrupción; pero también trabajar todos los días de manera responsable, íntegra y solidaria sobre todo con los menos que menos tienen, saben o pueden, así es como se construye y fortalece nuestra nación mexicana y entonces gritemos con fuerza y mucho orgullo: “ Que viva México” un México vivo que se traduce en una nación en la que el patriotismo se vive en la acción cotidiana.
Es un compromiso silencioso y constante que se manifiesta en cada decisión, desde la honestidad en el trabajo hasta la empatía en la comunidad. Es la suma de millones de voluntades que, más allá de los gritos de una noche, construyen un futuro próspero y digno.
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[1] Plaz, Octavio, Laberinto de la soledad, Capítulo III Todos Santos. Día de muertos, Octavio Paz, 1950.





