Se han agregado a la discusión mediática, diversos grupos que empujan a los congresistas, para que, bajo ninguna circunstancia, se legisle contra la via humana, primer derecho humano.
Algunas notas periodísticas destacan el incremento el número de entidades que ya aprobaron el aborto y se emplea la estadística, como argumento central por el que Guanajuato, México, todavía pintado de azul y con no pocos matices al interior, dé un nuevo rumbo a su doctrina humanista de siempre. El tema no es costumbista ni ideológicamente coyuntural. Es de fondo y de largo alcance.
La validación del aborto es un tema tan delicado que no puede dejarse a los políticos, ni limitarse a mesas de debate ideológico, porque justamente, las ideologías, acaban convirtiéndose en dictaduras de cualquier color.
Y no se trata de trepar lo que un grupo piensa sobre lo que piensan grupos de diferente pensamiento, porque así es como se construyen las monarquías absolutistas y se revienta la democrcia, castrando la particiáción de los ciudadanos y las organizaciones intermedias de la sociedad.
Tampoco es un conversatorio en el que se impone la opinión personal y se obliga a todos a “respetar mi opinión” porque hubo a lguien que así lo dijo. Precisando: Todas las personas son respetables… las opiniones, no. Las opiniones tienen que ganarse el respeto. Un sujeto no puede pedir y exigir que “se respete” su opinión de que las mujeres no tienen necesidad de estudiar, porque basta con que un hombre las mantenga. Demandar ”respeto” a esa opinión, resulta idiota, lo diga quien lo diga.
QUE SE DISCUTA, PERO NO EN LO OSCURO
Que se hable del aborto y que se debatan todos los temas desde todas las disciplinas, es elemental. La polémica es tan delicada que deben ser escuchadas todas las voces, de todas las ramas de la ciencia y todas las condiciones socioculturales.
Así como en la educación y todos los temas que rodean ese ámbito –padres de familia, eclesiásticos, docentes, especialistas en pedagogía, tecnología e inteligencia emocional y social- deben ocupar un sitio apropiado, el tema del aborto debe estar abierto para un debate en principo democrático, pero no ideologizado por algún grupo con poder político, social o económico.
Así es la democracia. No se puede lograr el ejercicio de gobierno desde ella, para que, en nombre de la misma democracia se dinamite en la sociedad.
ALGUNAS VERTIENTES
- De entrada, al debatir conceptos como el aborto o la eutanasia -desde un enfoque de democracia participativa- las orientaciones sobre ello requieren ser claras y profundas, no mesas de chantaje y presión ideológica -bajo la amenaza de movilizaciones y vandalismo-, para obligar un pronunciamiento sobre las rodillas. La ciudadanía no lo merece y la democracia lo impide.
- Desde luego, es fundamental comprehender que se privilegian principios de valor intrínseco como la dignidad de la persona humana. También es prudente considerar el derecho primigenio a la vida como derecho humano más básico y sustantivo -desde la concepción hasta la muerte natural-.
- Las definiciones políticas y el marco legislativo per sé, deben buscar, procurar y potenciar el bien común, en particular, de aquellos que son los más vulnerables por cualesquiera razones.
- Importa, y mucho, que la legislación proteja la vida humana en todas sus etapas; que haya un modelo de educación que promueva principios y valores básicos como el respeto a la vida, la paz, la solidaridad y el cuidado de los más débiles y en estado de indefensión.
Y poner especial énfasis en el respaldo subsidiario a las familias y a las mujeres embarazadas, garantizando apoyos psicológicos, económicos, laborales, de salud y demás derechos sociales adecuados a sus circunstancias.
Tampoco será válido recurrir a la “muerte dulce” conforme al más refinado modelo nazi-fascista que, aún hoy, sigue negando el misterio del dolor humano.
- El diálogo requiere dar -de inicio a final- testimonio público de profundo respeto. La autoridad, en pleno ejercicio del gobierno, también está llamada a presentar argumentaciones éticas, jurídicas y axiológicas racionales.
EN UN GOBIERNO HUMANISTA
En lugares de raigambre cristiana -católica o de otras denominaciones-, con la misma visión de democracia, bien común solidario y trascendente, los gobernantes deben ser claros en la necesidad y riqueza de la diversidad de opiniones en temas administrativos, técnicos o estratégicos, así como en la unidad en principios y valores comúnes como la vida y la defensa del derecho de los no nacidos, bajo cualquier circunstancia. En ningún caso existe la llamada «muerte dulce”.
Los gobernantes y políticos humanistas están llamados a ser congruentes con sus principios y dar testimonio público de ellos en su vida cotidiana y en el intercambio de ideas, presentando argumentos jurídicos, científicos -no solo desde la propia fe-, con toda la fundamentación necesaria.
Por la misma razón, los gobernantes y los políticos humanistas, precisan impulsar políticas públicas que brinden el acceso universal a apoyos sociales, a cuidados paliativos, a educación y a formación en valores humanos.
Evidentemente, todas las opiniones deben ser escuchadas como eso, como opiniones. La primacía de los principios y valores en la vida pública no debe expresarse ni vivirse como la imposición de una moral religiosa ni la instauración de un gobierno confesional.
Es proponer y hacer valer el Estado de derecho y proteger con eficacia a los más indefensos y vulnerables, porque la autoridad, el gobierno y el Estado, no pueden ser indiferentes ante la injusticia, no importa que la víctima sea un no nato.
Proteger la vida, garantizar la paz, el orden, la seguridad y trabajar por el bien común, son obligaciones éticas de la autoridad y del gobierno, no exigencias religiosas.





