Cómo hablar con quienes piensan diferente

René Mondragón

Como hablar con quienes piensan diferente
Con frecuencia, resulta frustrante en extremo, conversar con algunas personas que piensan diferente a nuestro sistema de creencias ideológicas, políticas, religiosas o sociales.

Con frecuencia, resulta frustrante en extremo, conversar con algunas personas que piensan distinto a nuestro sistema de creencias ideológicas, políticas, religiosas o sociales.  

Menos aún, cuando se trata de sostener un debate como herramienta didáctica para lograr consensos. Sin duda, no es fácil, pero, vale la pena intentarlo.

CONSIDERANDOS PREVIOS 

La académica Guadalupe Noguez, doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires, pone el marco apropiado para esta entrega, cuando señala algunos de los obstáculos recurrentes cuando se trata de conversar con quienes sostienen puntos de vista distintos, opiniones arraigadas o concepciones ideológicas intensas. 

En un primer plano, aparece una decepción inicial: aun cuando se presente un gran listado de evidencias de todo tipo, simplemente, nunca serán suficientes para quien disiente de nuestros argumentos.  

En adición, las “explicaciones”, por más abundantes, motivadas y fundamentadas, usualmente, tampoco generan buenos resultados para un acercamiento al consenso que se traduce, como caminar en el mismo sentido o, cuando menos, apuntar la vista de los debatientes en la misma dirección. 

Como resultados de una mal llamada “cultura de la posverdad”, tener una buena educación y formación o un buen grado académico, tampoco alcanza ante la cerrazón usualmente ideológica.  

Idéntico suceso con el tratamiento a la información. Aunque los datos estén, a pesar de tener el soporte técnico apropiado, los datos se dejan de lado y se descalifican porque quien no sabe comunicar, siempre tendrá “otros datos” y, entonces, al diálogo intentado deja el espacio al descontrol de las emociones y/o a un sistema de creencias maniqueo en donde quien carece de habilidad para dialogar se percibe como el ser virtuoso y bueno, que estará siempre en lucha constante con quienes piensan diferente.  

Por ello, no es extraño en el marco del modelo populista de comunicación –dice Enrique Krauze- siempre salga a flote un enemigo externo. 

CONSECUENCIAS INICIALES 

Se gesta un clima de dogmatismos absurdos y modelos únicos de conversación en los que solo tiene el uso de la palabra quien ostenta y detenta la autoridad, excluyendo a quienes se insubordinan. 

De esta forma, quienes en nuestro país son incapaces de ver la semejanza con el modelo de salud danés, es porque “no entienden los beneficios alcanzados para “el pueblo”. Por ello, los seres educados en el liberalismo, jamás entenderán que ya existe una línea aérea “para el pueblo”; un fetiche de farmacia que “surte medicamentos para el pueblo”; un tren y un aeropuerto que se presentan como los avances tecnológicos maravilla del planeta, aunque son inoperables, desde todos los vértices de la administración exitosa. La ventaja es “que son del pueblo” Es obvio, el diálogo resulta imposible. 

PROBLEMA EN PARALELO:  

Nuestras opiniones NO SON PROVISORIAS NI PUENTES PARA FAVORECER LA COMUNICACIÓN, sino frecuentemente, TEMAS INAMOVIBLES, porque se convierten en una zanja que separa entre nosotros y quienes piensan diferente.  

Por ello, el acuerdo y el consenso resultan imposibles y todo se vuelve una combinación explosiva de agresión y desconfianza, prevaleciendo un clima en condiciones de tribalismo. Esto es: NO PENSAMOS ALGO, SOMOS “ESE ALGO” que también va construyendo silencios. 

Este silencio no significa temor, tibieza o miedo a debatir. Se generan por el clima de agresión en contra de varios comunicadores que al expresar su desacuerdo, son colocados en un patíbulo matutino para ser llevados como víctimas de una penalización social. Entonces también, se abandona la conversación y el diálogo para dar paso a lo que la maestra Noguez denomina como el “Silencio Ruidoso”. 

Por ello mismo, no es de extrañar que el número de voces disminuya, haciendo creer al gran público que ese silencio significa asentimiento o concordancia, porque “el que calla, otorga”. Esto es una ilusión de consenso, porque solo queda una sola opinión y aquellas que son disonantes, deben ser eliminadas, porque el poder de censura viene de lo alto, “desde arriba”, como con frecuencia, algunos analistas puntualizan la situación y condiciones actuales de la Suprema Corte de Justicia en MÉXICO. 

Para romper ese paradigma populista, es prudente entender que al guardar silencio, se entrega el control a quienes deciden hablar. La clave está en que es viable tener y asumir posturas intensas, fuertes y sustentadas, sin necesidad de subirnos a la dinámica de la comunicación intolerante u obcecada. Ayuda mucho comprender en qué creemos y “Cómo lo creemos”, porque el diálogo se vuelve algo posible y se abren espacios para alcanzar consensos. 

Y alcanzar consensos equivale a construir acuerdos a pesar de nuestras diferencias y por encima de nuestras divergencias. 

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