El gobierno de México sigue sin entender que hay que abrir la política energética a la generación de electricidad con renovables y a una amplia participación de la iniciativa privada en generación y distribución.
La verdadera soberanía energética no está en el porcentaje superior de participación para el gobierno, sino en garantizar que llegue a toda la población y todos los sectores para lograr bienestar, crecimiento económico y mayor desarrollo.
Actualmente, el 80% de producción de petróleo en México es petróleo pesado. Por esta razón, las refinerías mexicanas producen en promedio 25% de gasolinas y 31% de combustóleo. La refinería de Salina Cruz llega hasta 42%.
Como referencia, refinerías en EUA, Europa y países de Asia, producen solo el 5% de combustóleo.
Para la procesar este tipo de petróleos y obtener combustibles de buena calidad, se requieren refinerías altamente tecnificadas, adaptadas con plantas coquizadoras eficientes, que permitan convertir combustóleo en gasolinas, diesel y otros hidrocarburos.
Actualmente solo dos de las seis refinerías cuentan con plantas coquizadoras, Cadereyta y Madero. En el caso de la refinería de Tula, sigue en el proceso sempiterno de construcción.
Por esta razón, en los próximos años y mientras no se hagan las reformas tecnológicas a las refinerías, la producción de combustóleo se mantendrá en promedio en 31%, cifra muy superior a la producción de gasolinas.
Además de la alta producción de combustóleo, debido a la condición geológica de los mantos petrolíferos y a la pésima eficiencia de nuestras refinerías, el contenido de azufre en el combustóleo nacional es de 3.5% a 6%. Para reducir los altos contenidos de azufre se requiere un proceso de alta eficiencia denominado “hidrodesulfuración” y, lamentablemente, en las seis refinerías, o se encuentran en malas condiciones, o de plano, están fuera de operación.
Por esta razón, nuestro combustóleo ha perdido mercados internacionales y se ha convertido en el cuello de botella de la producción de combustibles que, al no tener salida, satura los almacenamientos y frena la producción.
Gran parte del combustóleo mexicano se destinaba al transporte naval sin embargo, las especificaciones de calidad y ambientales obligan actualmente a usar combustóleo de bajo azufre, condición que PEMEX no puede cumplir.
De aquí, la decisión aberrante de la SENER, de quemar la mayor cantidad de combustóleo en las viejas termoeléctricas de la CFE. Esta fué la verdadera razón, oculta, de la iniciativa de reforma del gobierno federal en la pasada administración.
Por cierto, toda la información relacionada con los volúmenes de combustóleo empleados ahora por la CFE, siguen en el ostracismo. Nunca se pudo obtener la información a través del portal de transparencia: ni PEMEX ni CFE dan las cifras.
Esta situación está generando un incremento alarmante de las emisiones de dióxido de azufre (SO2) y partículas a la atmósfera PM10 y PM2.5, afectando a todas las comunidades aledañas a las termoeléctricas que queman combustóleo.
Las consecuencias para la población serán muy graves, pues se incrementarán las muertes por enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer.
Un estudio reciente (2021) sobre la contaminación generada por el uso de combustóleo en la termoeléctrica de Tula, demostró que se están violando todas las normas ambientales y de salud y que es responsable del 80% de las emisiones de SO2, NOx (oxidos de nitrógeno) y partículas PM2.5.
La concentración media anual de SO2 en una zona de 18 Km2, es de 226 Mg/m3, cuando la norma establece como máximo 66 Mg/m3, Pero la concentración promedio en 8 horas, en la zona de operación de la termoeléctrica, es de 2,000 y en las 19 localidades aledañas, de 1,000.
Se demostró también que la afectación de la nube contaminante, llega hasta la Ciudad de México. Esta información la tiene el gobierno federal y por esta razón insisto: mantener esta política energética es criminal.
El mismo estudio presentó un análisis sobre los impactos a la salud de la población, basado en el modelo BenMAP (Environmental benefits maping, & análisis program) llegando a la cifra estimada de 14,256 muertes anuales prematuras por esta causa, con un costo de externalidades por la afectación a la salud, de 67.4 Millones de USD anuales. Como todo mundo sabe, el gobierno de López Obrador por el contrario, redujo drásticamente el presupuesto para la Secretaría de Salud.
Estas condiciones de contaminación atmosférica y afectación a la salud, se replican en todas las termoeléctricas que ahora están usando combustóleo y por cierto, los trabajadores de la CFE son los más afectados por esta política. Es inconcebible que la defensa de las reformas en materia energética hace seis años, hayan estado a cargo de funcionarios de la CFE, cuando es su propio personal operativo el más afectado. En todo caso, la defensa debió haber estado en manos de los funcionarios de PEMEX, o los responsables de la SENER, que al final fueron los verdaderos promoventes.
El gobierno federal anunció a principios de este año (enero de 2025), que ordenará la operación de la refinería de Tula con gas natural en lugar de combustóleo. La decisión es correcta y muy buena. Pero lo que no dijeron es que ya operaba con gas natural desde hacía diez años por lo menos, de acuerdo al permiso de la ahora desaparecida Comisión Reguladora de Energía (CRE): E/17067gen72015.
También se les olvidó decir que fue por orden directa del presidente López Obrador quien obligó a la CFE a utilizar el combustóleo sucio de PEMEX, responsable de la grave contaminación en Tula y Ciudad de México.
La SENER debe buscar otros mercados internacionales para el combustóleo, volver a la transición y eficiencia energéticas, a las energías renovables y abrir a la iniciativa privada la generación de energía eléctrica.





