Desde hace siglos, la sabiduría popular ha proclamado con pícara exactitud que «a río revuelto, ganancias de pescadores». Cuando las certezas se tambalean, las rutas sociales se desdibujan y las reglas del juego dejan de ser “las de siempre”.
Entonces, quienes hasta ese momento tenían el control, porque dominaban el juego previo, repentinamente ven amenazadas sus posiciones, obligados a adaptarse o morir; mientras tanto, los protagonistas emergentes aprovechan su anterior desventaja de ser «forasteros» sin tanto que perder, para adelantarse en el nuevo juego, superar y eventualmente reemplazar a sus rivales más tradicionales.
Para no confundir términos con la malhadada “transformación” que el actual gobierno mexicano ha convertido en el eje de su propaganda, les propongo referirnos a estos momentos de cambio como “giros” y analizar los 2 giros que han ocurrido en México durante los últimos cien años, a los que ahora debemos sumar uno más; el “tercer giro” en la vida moderna del país, cuyos ganadores y perdedores dibujarán las próximas décadas.
Veamos:
- El primer “giro” ocurrió durante la primera mitad del siglo XX, específicamente entre 1915 y 1945, e implicó el colapso del orden productivo basado en las haciendas.
Desde los primeros días de la Nueva España, y todavía durante el primer siglo del México independiente, los sectores minero y agropecuario eran la gran base de la economía, y estos esfuerzos se organizaban principalmente a través de las haciendas: enormes extensiones de tierra, heredadas o adquiridas por empresarios cuya posesión de propietarios los colocaba en una posición relativamente similar a la de la antigua nobleza.
Las haciendas fueron un fósil viviente de la edad media, con sus círculos sociales cerrados, sus bodas entre primos y la relación indispensable entre tierra y poder.
Llegada la revolución mexicana, el primer giro destruyó casi por completo el orden de las haciendas, a través de varios procesos simultáneos, incluyendo: la violencia de la soldadesca, que provocó la emigración de cientos de miles de mexicanos; la “reforma agraria”, que destruyó parejo las antiguas haciendas y los latifundios artificiales del porfirismo; y la apuesta por la modernización y la urbanización, que movió a la población a las ciudades y logró que las fábricas y las oficinas de gobierno reemplazaran a las haciendas como fuente de empleos y de riqueza.
Los nuevos millonarios ya no habitaban el campo, sino las grandes capitales. Algunos de los viejos hacendados supieron convertirse en empresarios de ciudad, muchos otros, se aferraron al campo, sufrieron la expropiación de sus tierras y/o se deslizaron a la clase media urbana, encarnando aquella otra certera frase de la sabiduría popular: “polvos de aquellos lodos”.
- El segundo giro llegó casi medio siglo después. Aunque su punto clave fue la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (el 1 de enero de 1994), podemos identificarlo entre 1985 y 2005.
Este nuevo cambio, marcado por la apertura política del sistema mexicano a la democracia y la transparencia, acompañada de la apertura económica a los mercados internacionales, implicó la caída de buena parte de los empresarios que habían surgido 50 años antes al amparo del régimen revolucionario, los aranceles a las importaciones y las políticas de urbanización.
Junto con ellos, se desplazaron hacia abajo muchos círculos sociales que habían construido su riqueza al amparo de los privilegios del “viejo PRI”: desde familias de burócratas, hasta comerciantes con monopolio.
Ante las nuevas reglas del juego, algunas empresas mexicanas (Bimbo, Cemex, Organización Ramírez), supieron dar el salto y consolidarse como gigantes mundiales, con presencia en decenas de países, pero muchas otras cayeron en la obscuridad y el olvido.
De manera semejante, algunos de los burócratas y profesionistas exitosos del ancien régime, supieron reinventarse como la vanguardia de la casta tecnocrática a cargo del proceso de transición política, pero muchos otros se sumieron en el fracaso y el resentimiento.
Por cierto, López Obrador manipuló ese coraje y sentido de revancha de los perdedores del segundo giro, para convertirlos en parte de su alianza política. El éxito electoral de Morena tiene como uno de sus pilares indispensables a esos millones de “damnificados” de la transición, cosa que la alianza opositora debería tener en cuenta.
- El tercer giro, que apenas está comenzando a mediados de esta década de los 2020s, significa un cambio radical de las condiciones económicas y políticas.
En términos económicos, implica la consolidación de los superparetos sectoriales, donde un numero cada vez menor de empresas/protagonistas tienen cada vez más “mano” sobre sus respectos ámbitos comerciales; piense, por ejemplo, en cómo las plataformas de streaming han capturado miles de millones de horas que la audiencia antes habría dedicado, no solo al canal 2 de Televisa, sino también a las televisoras, periódicos y radiodifusoras locales.
Significa también la consolidación de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático como herramientas transversales para la economía, de forma similar al tsunami de las computadoras personales que vivimos hace 30 años.
Además, encarna el cambio de una economía “de jóvenes”, basada en el paradigma del aumento incesante de la población con cada vez más niños y adolescentes, a una economía “de viejos”, con una población cada vez más adulta, que en algunos lugares del país ya se está reduciendo, y que a nivel nacional decrecerá a partir del 2035-2040, llevándose consigo certezas como las de que “las casas son la mejor inversión, porque siempre suben de precio”.
En términos políticos, todavía no queda claro cuál será el rumbo que tomará este nuevo giro, pero es probable que sea el de un sistema más autoritario/intervencionista, que no llegue a los extremos del chavismo sudamericano, pero que sí entre en un conflicto constante y amargo con la iniciativa privada.
¿Quiénes saldrán ganando en este nuevo giro? Es imposible saberlo con certeza, pero el sentido común nos indica que la ventaja la tendrán quienes sepan aprovechar la tecnología, quienes sepan trabajar con y venderle a las personas de 50 años en adelante, quienes encuentren el equilibrio para no cederle todo al régimen, sin caer en caprichos viscerales, quienes entiendan que las viejas certezas se están desdibujando y habrá que navegar en la incertidumbre, para bien y para mal.





