El Grito de Independencia de México de 2025 nos regaló un catálogo completo de frivolidades: el morado del vestido presidencial, la escolta femenina perfectamente coreografiada, las menciones calculadas de apellidos de soltera y los vivas a personajes anónimos que nadie recordará mañana. Mientras tanto, la comentocracia nacional —esa fauna que vive de analizar tonalidades y bordados— celebró cada detalle como si fuera un acontecimiento histórico.
Infantilización de la política: cuando los símbolos reemplazan a las soluciones
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