La salud cardiometabólica de las madres no depende únicamente de decisiones personales. El tiempo disponible, las responsabilidades de cuidado, las condiciones laborales, el acceso a servicios y la seguridad de los entornos pueden facilitar o impedir hábitos saludables. Mirar este problema desde el bien común exige pasar del consejo individual a una responsabilidad compartida entre familias, comunidades, instituciones, empleadores y gobiernos, de modo que cuidar la salud sea una posibilidad real y no solo una recomendación.
Un riesgo que rebasa el consultorio
En México, muchas mujeres atraviesan años en los que coinciden la maternidad, el trabajo remunerado y el cuidado cotidiano del hogar. En ese periodo también pueden acumularse factores de riesgo como obesidad abdominal, presión arterial elevada, hiperglucemia y dislipidemias. Su presencia sostenida puede favorecer el desarrollo de enfermedades crónicas y deteriorar la salud cardiovascular a lo largo de la vida.
La evidencia nacional muestra que la obesidad y otros factores asociados continúan representando un reto importante entre las personas adultas en México. La ENSANUT 2022 confirma que estas condiciones no pueden considerarse problemas aislados del consultorio, expresan patrones de riesgo que se construyen durante años y que requieren prevención antes de que aparezcan complicaciones o pérdida de calidad de vida (Campos-Nonato et al., 2023).
La salud cardiometabólica no se explica únicamente por decisiones individuales. También está determinada por las condiciones en las que las mujeres trabajan, cuidan, comen, descansan y acceden a servicios.
El costo invisible de cuidar
La maternidad no debe entenderse por sí misma como un factor de riesgo. El problema aparece cuando se vive con redes insuficientes, horarios laborales rígidos, poco tiempo para el descanso y una distribución desigual de las tareas domésticas. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 confirma que las mujeres continúan dedicando más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (INEGI, 2025).
En ese contexto, recomendaciones como coma mejor, haga ejercicio o duerma suficiente pueden ser correctas desde la clínica, pero incompletas desde la salud pública. Una alimentación de mejor calidad requiere tiempo, recursos y disponibilidad de alimentos. La actividad física exige espacios seguros y horarios posibles, y el descanso depende, en gran medida, de que las responsabilidades de cuidado puedan compartirse.
El estrés persistente también puede contribuir al deterioro cardiometabólico mediante respuestas neuroendocrinas y hormonales, además de relacionarse con conductas relevantes para la salud cardiovascular, como la alimentación, la actividad física y el tabaquismo (Ajibewa et al., 2024; Ogunmoroti et al., 2024). Por ello, prevenir no significa responsabilizar a las mujeres por enfermar, sino reconocer que la capacidad de cuidarse se construye dentro de un entorno social concreto.
La prevención cardiometabólica no puede reducirse a educación individual; necesita políticas de tiempo, cuidado, trabajo digno y acceso efectivo a servicios preventivos.
Prevenir también es construir condiciones
Una estrategia preventiva debería comenzar antes de que aparezcan complicaciones. En la atención primaria, la valoración de presión arterial, glucosa, lípidos y circunferencia de cintura puede acompañarse de preguntas sobre sueño, salud mental, violencia, carga de cuidados y estilos de vida. El embarazo y el posparto son momentos especialmente valiosos para identificar riesgos y mantener seguimiento más allá de la atención obstétrica inmediata.
Sin embargo, el sistema de salud no puede actuar solo. Las intervenciones serán más realistas si consideran horarios flexibles, seguimiento comunitario, orientación alimentaria compatible con el presupuesto familiar, espacios seguros para moverse y apoyo durante la lactancia y el posparto. La corresponsabilidad incluye a parejas, familias, empleadores, escuelas, organizaciones sociales y comunidades, porque todos influyen en el tiempo y las oportunidades disponibles para cuidarse.
El bien común se construye cerca
Los gobiernos estatales y municipales -o sus equivalentes- pueden convertir esta visión en acciones cercanas a la vida cotidiana. Parques, deportivos, centros comunitarios, casas de cultura y otros espacios públicos pueden albergar actividades físicas, culturales y educativas dirigidas a mujeres y familias, junto con orientación sobre alimentación, salud mental, lactancia, crianza y prevención de enfermedades crónicas. La cercanía territorial permite reducir barreras de tiempo, traslado y costo.
Estas acciones tendrían mayor impacto si se coordinan con centros de salud, escuelas, universidades, organizaciones de la sociedad civil y redes comunitarias. El objetivo no sería acumular actividades aisladas, sino construir rutas de apoyo capaces de informar, detectar necesidades, orientar y canalizar oportunamente. También podrían promover horarios compatibles con las tareas de cuidado y espacios donde madres, niñas, niños y otros cuidadores puedan participar juntos.
Las actividades culturales y educativas también pueden fortalecer la prevención al crear redes, recuperar espacios comunitarios y ofrecer información útil sin separar la salud del resto de la vida cotidiana. Un taller, una actividad deportiva o un servicio de orientación adquieren mayor sentido cuando forman parte de una estrategia continua, accesible y vinculada con las necesidades reales de las familias.
Los gobiernos subnacionales y locales pueden hacer cotidiana la prevención cuando acercan actividades, orientación y servicios a los lugares donde las mujeres viven, trabajan y cuidan.
Cuidar la salud cardiometabólica de las madres beneficia a toda la sociedad. Una mujer que dispone de tiempo, redes, servicios y entornos seguros tiene mayores posibilidades de sostener sus proyectos personales, familiares y laborales. Desde una perspectiva humanista, cuidar a quienes cuidan es una expresión concreta del bien común, supone compartir responsabilidades y crear condiciones para que el bienestar individual pueda convertirse también en bienestar familiar y comunitario.
Referencias:
Ajibewa, T. A., Kershaw, K. N., Carr, J. J., Terry, J. G., Gabriel, K. P., Carnethon, M. R., Wong, M., & Allen, N. B. (2024). Chronic stress and cardiovascular events: Findings from the CARDIA Study. American Journal of Preventive Medicine, 67(1), 24–31. https://doi.org/10.1016/j.amepre.2023.12.015
Campos-Nonato, I., Galván-Valencia, Ó., Hernández-Barrera, L., Oviedo-Solís, C., & Barquera, S. (2023). Prevalencia de obesidad y factores de riesgo asociados en adultos mexicanos: resultados de la Ensanut 2022. Salud Pública de México, 65(Supl. 1), S238-S247. https://doi.org/10.21149/14809
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024. https://www.inegi.org.mx/programas/enut/2024/
Ogunmoroti, O., Osibogun, O., Allen, N. B., Okunrintemi, V., Commodore-Mensah, Y., Shah, A. J., & Michos, E. D. (2024). Work-related stress is associated with unfavorable cardiovascular health: The Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis. Journal of the American Heart Association, 13(22), e035824. https://doi.org/10.1161/JAHA.124.035824
Cita este artículo
García Aguilar, T. C., (2026, octubre 21). Cuidar a quienes cuidan. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/cuidar-a-quienes-cuidan/
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