El famoso, temido y sanguinario pirata Jean Lafitte creyó poder conseguir el perdón por sus fechorías al unirse a la Guerra de Independencia de Estados Unidos; sin embargo fue demasiado optimista; acabó sus días huyendo de la ley. El contrabando es y ha sido intolerable en cualquier lugar y época porque impide la forma más sencilla de recaudación de impuestos: los aranceles.

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