La presidenta Claudia Sheinbaum miente al afirmar que la reforma electoral es una exigencia del pueblo. Nadie lo pidió.
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La presidenta Claudia Sheinbaum miente al afirmar que la reforma electoral es una exigencia del pueblo. Nadie lo pidió.
Parece que hoy el pulso de nuestra sociedad se mide por la cantidad de «nuevos derechos» que logramos acumular en el catálogo legal cada semana. Existe una narrativa colectiva, una suerte de vox populi moderna, que se ha convencido de que la realidad se transforma simplemente cambiando la redacción de una ley.
La reforma electoral que propone el gobierno de la 4T representa una terrible incongruencia, no solo por la regresión autoritaria que impulsa, sino también porque los autores -en su mayoría-, fueron actores relevantes en las reformas electorales anteriores que dieron paso a una representación proporcional más equitativa.
La libertad religiosa se encuentra conculcada en el mundo de hoy de diversas maneras, a veces totalmente impedida en regímenes totalitarios, otras veces perseguida sangrientamente y otras ignorada o subordinada al Poder Civil, y el autor muestra ejemplos de la violación sistemática de este humano derecho, con el fin de suscitar un ardor en el laicado en la defensa de su Fe.