Los abruptos cambios políticos en América, surgmiento de regímenes nuevos algunos de corte autoritario o tros de corte populista, nos obligan a profundizar en el pensamiento de quienes los enarbolan porque ningún cambio es mera coincidencia. Hoy de nuevo las ideologías toman fuerza y su lucha por el poder tiene consecuencias en toda la sociedad.
Comparte con tu red
Todas las ediciones de la revista son gratuitas, no requieres suscripciones para descargar ni compartir
Al poner al alcance indiscriminado el poder de la comunicación en quienes la manejan por capricho, intereses, irresponsabilidades o con el afán de dominio y sometimiento de aquellos a quienes los medios sin fronteras puedan alcanzar, ha generado despreocupación o indiferencia respecto de la búsqueda de la verdad. Esto ha llevado a que se afirme, con toda tranquilidad, que vivimos en la era de la posverdad.
A la institucionalización de la posverdad contribuyen quienes desde el inicio de la educación hasta los más altos niveles universitarios, han hecho del subjetivismo y el relativismo su herramienta más frecuente.
El pensamiento humanista cristiano tiene la capacidad de responder a los enormes desafíos de la actualidad e igualmente para dialogar y encontrar coincidencias con otras formas de pensamiento. No se trata meramente de ceder posiciones, sino de encontrar el bien mayor posible.
Vivimos la vorágine de batallas ideológicas que multiplican sus trincheras: tribunales, plazas, espacios de poder, escuelas, medios digitales y lo más trascendente, la cultura. Es ahí donde realmente se decide el rumbo
de la humanidad. Es ahí donde está la confrontación de nuestra era.
El nuevo entorno abre una oportunidad para asumir el compromiso de los cristianos en la política. De cómo asumirlo nos habla en un texto en exclusiva el Nuncio en Estados Unidos Christophe Pierre.