En un mundo capaz de producir alimentos para toda la humanidad, el hambre persiste como una de las expresiones más dramáticas de la desigualdad global. Esta contradicción llevó al Papa León XIV a formular una de las críticas geopolíticas más profundas de su pontificado durante su visita al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas: el hambre no es principalmente una crisis de producción, sino una crisis de prioridades.
El hambre como fracaso moral del sistema internacional
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