Imaginemos el 6 de junio de 2027. Laura sale de casa para votar. Antes de cruzar la puerta revisa el teléfono: un mensaje le asegura que la elección ya está decidida; otro afirma que el Instituto Nacional Electoral está sometido; un tercero dice exactamente lo contrario. En el chat familiar alguien escribe que no vale la pena votar porque “todos son iguales”. Laura no sabe cuál mensaje creer, pero tiene una certeza incómoda: durante meses ha recibido más opiniones que información.
México todavía no está decidido
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