Cuando la persecución religiosa se recrudeció en México, encontró un laicado que sabía organizarse, formar, comunicar y actuar. Aquellas capacidades no habían surgido de la noche a la mañana. Detrás había décadas de vida apostólica y un largo proceso de formación, alentado por una Iglesia que supo leer los signos de los tiempos.
Cristeros: preparados para la tormenta
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