Desde 1900, no ha existido un solo año sin guerras. Los conflictos, como los de Rusia-Ucrania o Israel-Palestina, nos recuerdan que la paz sigue siendo un sueño frágil. Disputas territoriales, resentimientos históricos, choques ideológicos y religiosos, así como intereses económicos o militares, alimentan una espiral interminable de violencia global.
EDITORIAL – Reflexiones sobre la fragilidad de la paz
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