Históricamente, la telenovela mexicana ha operado como un espejo y, a la vez, como un molde de la idiosincrasia nacional. Durante décadas, el monopolio televisivo cimentó una relación simbiótica con el régimen en turno, inmortalizada en la célebre y polémica frase de Emilio Azcárraga Milmo: «Yo soy soldado del PRI y del presidente».
Del «soldado del PRI» al humanismo de pantalla
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