Ante la violencia, la pobreza, la corrupción, la polarización y la desesperanza, el antiguo relato de Jericó adquiere una renovada actualidad. La oración cristiana no invita a esperar pasivamente que caigan los muros, sino a transformar primero el corazón para después comprometerse con la realidad. Con base en la experiencia de la visita de Juan Pablo II a Polonia, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y del magisterio reciente de León XIV, el Sitio de Jericó puede entenderse como una llamada a convertir la fe en esperanza, la esperanza en acción y la caridad en justicia y fraternidad.
Cuando la oración derriba muros
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